boris pasternak
a un amigo¿Acaso yo no sé que hundida en las tinieblas, / jamás a la luz llegaría, la ignorancia, / y que soy un monstruo, y que la dicha de cien mil / no me toca más que la falsa felicidad de cien? / ¿Y acaso yo n
definición de la labor creadoraAbierto el cuello de la camisa, / peludo como el torso de Beethoven, / recubre con su mano, / cual tablero de damas, / el sueño, la conciencia, / la noche y el amor. / Y una dama negra / -como loca de dolor- / pr
distracciones con la amadaPor cimbreante ramita aromada, / absorbiendo en tinieblas su néctar, / de un cáliz a otro corría / la humedad de alocada tormenta. / Deslizándose de uno a otro cáliz, / dejó en ellos, muy nítida, / una gota,
epílogoVamos a soltar las palabras / como un jardín, cuál ámbar y monda: / con distracción y generosamente, / apenas, apenas, apenas. / No hay que mencionar / porqué con tanta ceremonia / la rubia y el limón / han sal
epílogo iiNo, no soy yo quien le ha hecho estar triste. / Yo no merecía el olvido de mi patria. / Era el sol el que ardía en las gotas de tinta, / como en racimos de grosella polvorienta. / Y en la sangre de mis ca
festinesBebo la amargura de los nardos, / la amargura de cielos otoñales, / y en ellos el chorro ardiente de tus traiciones. / Bebo la amargura de las tardes, las noches, / y las multitudes, / la estrofa llorosa de
fin¿Fue todo realidad? ¿Es hora de paseos? / Es mejor dormir eternamente, dormir, dormir, / y no ver sueño alguno. / Otra vez la calle. Otra vez la cortina de tul. / Otra vez, cada noche, la estepa, el almia
fragmentos del poema(dos fragmentos) / I / Yo he amado también, y el aliento / del insomnio, temprano, temprano, / desde el parque bajaba al barranco, / y en tinieblas, / salía en volandas hacia un archipiélago / de calveros cubie
hay que vivir sin imposturasHay que vivir sin imposturas / Vivir de modo que con el tiempo / Nos lleguemos a ganar el amor del espacio, / y oigamos la voz del futuro. / Hay que dejar blancos / En el destino y no en el papel / y en los m
inviernoOprimo la mejilla contra el embudo / del invierno, enroscado cual caracol. / «¡A sus sitios! ¡Quien no quiera, / que se aparte!» / Murmullos, ruidos, el trueno de una barahúnda. / «Es decir, ¿en «El mar est
la poesíaPoesía, te voy a jurar / y termino, estoy ronco: / tú no eres el habla melosa, / tú eres el estío en tercera clase, / tú eres arrabal, y no estribillo. / Tú eres asfixiante como mayo, Yámskaya,* / un reducto
la primaveraPrimavera. Vengo de la calle / donde el álamo esta maravillado, / donde se asusta la lejanía, / donde la casa tiene miedo a caer, / donde el aire es azul / como el envoltorio de la ropa blanca / del que ha si
la rupturaI / ¡Oh, ángel mentiroso, enseguida, enseguida / tendrías que haberlo dicho todo, / y yo te habría dado de beber pura tristeza! / Pero así, no me atrevo; así, ¡ojo por ojo! / ¡Oh, aflicción, que infectó la
la suplenteVivo con tu retrato, / el que ríe a carcajadas, / ese en que los tendones de las muñecas / crujen, / el que rompe los dedos / sin quererlos soltar, / el que uno mira y mira / y se siente muy triste. / El que del