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Libros de blas de otero

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blas de otero

a la inmensa mayoría
Aquí tenéis, en canto y alma, al hombre / aquel que amó, vivió, murió por dentro / y un buen día bajó a la calle: entonces / comprendió: y rompió todos su versos. / Así es, así fue. Salió una noche / echand
basta
Imaginé mi horror por un momento / que Dios, el solo vivo, no existiera, / o que, existiendo, sólo consistiera / en tierra, en agua, en fuego, en sombra, en viento. / Y que la muerte, oh estremecimiento, /
canción cinco
Por los puentes de Zamora, / sola y lenta, iba mi alma. / No por el puente de hierro, / el de piedra es el que amaba. / A ratos miraba al cielo, / a ratos miraba al agua. / Por los puentes de Zamora, / sola y l
cuerpo de mujer
Cuerpo de la mujer, río de oro / donde, hundidos los brazos, recibimos / un relámpago azul, unos racimos / de luz rasgada en un frondor de oro. / Cuerpo de la mujer o mar de oro / donde, amando las manos, n
digo vivir
Porque vivir se ha puesto al rojo vivo. / (Siempre la sangre, oh Dios, fue colorada.) / Digo vivir, vivir como si nada / hubiese de quedar de lo que escribo. / Porque escribir es viento fugitivo, / y public
en castellano
Aquí tenéis mi voz / alzada contra el cielo de los dioses absurdos, / mi voz apedreando las puertas de la muerte / con cantos que son duras verdades como puños. / Él ha muerto hace tiempo, antes de ayer.
en el principio
Si he perdido la vida, el tiempo, todo / lo que tiré, como un anillo, al agua, / si he perdido la voz en la maleza, / me queda la palabra. / Si he sufrido la sed, el hambre, todo / lo que era mío y resultó
en nombre de muchos
Para el hombre hambreante y sepultado / en sed -salobre son de sombra fría-, / en nombre de la fe que he conquistado: / alegría. / Para el mundo inundado / de sangre, engangrenado a sangre fría, / en nombre d
hija de yago
Aquí, proa de Europa preñadamente en punta; / aquí, talón sangrante del bárbaro Occidente; / áspid en piedra viva, que el mar dispersa y junta; / pánica Iberia, silo del sol, haza crujiente. / Tremor de m
hombre
Luchando, cuerpo a cuerpo, con la muerte, / al borde del abismo, estoy clamando / a Dios. Y su silencio, retumbando, / ahoga mi voz en el vacío inerte. / Oh Dios. Si he de morir, quiero tenerte / despierto.
la tierra
Un mundo como un árbol desgajado. / Una generación desarraigada. / Unos hombres sin más destino que / apuntalar las ruinas. / Romper el mar / en el mar, como un himen inmenso, / mecen los árboles el silencio
mademoiselle isabel, rubia y francesa…
Mademoiselle Isabel, rubia y francesa, / con un mirlo debajo de la piel, / no sé si aquel o esta, oh mademoiselle / Isabel, canta en él o si él en esa. / Princesa de mi infancia; tú, princesa / promesa, con
música tuya
¿Es verdad que te gusta verte hundida / en el mar de la música; dejarte / llevar por esas alas, abismarte / en esa luz tan honda y escondida? / Si no es así, no ames más; dame tu vida, / que ella es la esen
pido la paz y la palabra
Escribo / en defensa del reino / del hombre y su justicia. Pido / la paz / y la palabra. He dicho / «silencio», / «sombra», / «vacío» / etcétera. / Digo / «del hombre y su justicia», / «océano pacífico», / lo que me deja