PAIS POEMA

Libros de baldomero fernández moreno

Autores

baldomero fernández moreno

a césar, de diez años
De veras que no sé qué hacer contigo, / oh César, hasta ayer blanda pelusa. / Llena de rebelión está tu blusa, / y aunque no quieras ya eres mi enemigo. / Alzo la voz, levanto el dedo y digo / esto y lo otr
a la recién venida
Hijita: con tu venida / este verano feliz, / has agregado un matiz / maravilloso a mi vida. / Que te vea yo crecida / y no quiero más riqueza: / entre la tuya que empieza / y la de ella al terminar / veré mis año
a mi hija clara
Última flor de mi áspero camino, / mejor que última flor, flor de las flores, / resumen de lo humano y lo divino, / escapas, huyes por los corredores. / Sólo veo tus rizos saltarines / y de tus dulces codos
a mi hija dalmira
Pienso a veces con algo de tristeza / que pudiste elegir para tu viaje / —claro de luna y temblador follaje— / la cuna de marfil de la riqueza. / Perdona mi poética pobreza / y el combativo hogar al que te
a mi mesa
Desnuda como un yunque, mesa mía, / no admites ni una flor para tu adorno, / nada se aquieta en ti ni permanece: / el torrente infantil lo barre todo / Negro tintero, blando cartapacio, / búcaro de cristal
a un señor muy rico para que nos regale una casa
Jamás he visto a nadie, señor, en sus ventanas, / siempre el gris antipático de herméticas persianas. / El hermoso jardín se muere flor a flor, / inútilmente eleva su chorro el surtidor. / Como no hay cri
a una amiga desaparecida hace tiempo
Llegaste un día hasta mi casa, / hasta mi puerta doctoral; / de un alamillo eras la sombra, / frío, sin hojas, otoñal. / Con tu presencia ya decías / más que pudieras hablar, / y me dijiste lo preciso / que no
a una mujer que me evocaba el mar
Estás hecha, mujer, para evocada / contra el nocturno ébano bruñido: / eres como un jazmín humedecido, / eres como una valva nacarada. / Incitante frescor de agua salada / engólfase en tu nuca, estremecido;
acabo de pasar, amor, por el correo
Acabo de pasar, amor, por el correo, / -chisporrotea el lacre, oscila la balanza- / es como un girasol de oro mi deseo / y como una ramita de espliego mi esperanza. / Aquí estoy con tu carta, al sesgo, en
adiós
Adiós la casa blanca que albergó un año entero / entre sus cuatro muros el amor verdadero. / Adiós campos extensos, polvorientos caminos. / Adiós los pobres ranchos de los pobres vecinos. / Adiós los trig
al caminar parece que crujieran
Al caminar parece que crujieran / las hojas de la noche y sus cristales. / Es tu hombro, tu pecho, tus rodillas / deshaciendo, esponjando, tu impermeable. / Tu impermeable te ciñe totalmente, / si llevas al
al hueso esfenoides
Esfenoides, huesito misterioso, / calado, aéreo: / ¿para qué quieres tus cuatro alas / inmóviles en medio del cerebro? / Pajarito, pajarito, / llevarás mi alma al cielo.
alba
Embadurna de luz el alba mi postigo, / y a perfilarse empiezan mis pobres muebles viejos… / Los primeros en despertar son los espejos. / Pende la luz eléctrica del techo, como un higo. / Tienen mis pobres
anoche había barras de luz en tu persiana
Anoche había barras de luz en tu persiana / y alcé hacia ti los ojos en actitud de ruego, / como diciendo: Abre, señora castellana… / Y me perdí en la calle, triste y oblicuo, luego. / En esa luz naufraga
anteojos
¿Qué seré para ti, ante tus ojos? / Sólo una mancha gris y unos anteojos.
ariel
I / Te has traído, hijo mío, / cierto aspecto de viejo: / la carita arrugada, / las manos con pellejos. / Envuelto en tus pañales / y abrigados pañuelos, / apenas se te ven / cuatro pelitos negros. / Un envoltorio
aromas
Cuando regreso a casa no me lavo las manos / si es que he estado contigo un instante no más, / el aroma retengo que tú dejas en ellas / como una joya vaga o una flor ideal. / Por aquí huelo a rosas y por
ausencia
Es menester que vengas, / mi vida, con tu ausencia, se ha deshecho, / y torno a ser el hombre abandonado / que antaño fui, mujer, y tengo miedo. / ¡Qué sabia dirección la de tus manos! / ¡Qué alta luz la de
bolilla xviii
Darío, Silva, Nervo, B. Fernández Moreno… / Delante de mis ojos tengo el programa abierto. / Capuchón de la lluvia, arbusto de sol lleno, / yo soy el que te ama, pero mírame muerto.
breve elegía
Era la sombra del amor, / la sombra del amor: no pudo ser. / Ya pasó por mi vida otro dolor, / ya pasó otra mujer. / No era su pecho mi cabezal, / no eran sus manos las guiadoras / por el camino triste y fata
bueno, ¿y qué?
Aunque tuvieras, poeta, / un castillo en una cumbre, / un salón lleno de lumbre / y un gran sillón de vaqueta; / al llegar la noche quieta, / sobre mi hastío de pie, / me diría: bueno, ¿y qué? / y componiéndome
canción de la aljaba
Debajo de la aljaba / no te dejaba, / por si alguna saeta / se disparaba.
canción de luna
En el aro ligero de la luna / canta para mí solo un ruiseñor. / A cada golpe de oro de su pico / brota en el aire una constelación. / Canta el pájaro pardo dulcemente / y se eriza de plumas y palor. / Cuando
canillita muerto
Te veo de plantón en esta esquina / desde hace muchos años, diez cabales, / capeando en el invierno temporales, / desgarrado de pelo y de chalina. / Ojo avizor y palabrita fina / en torno a los clientes hab
carlos de soussen
No habíamos hablado dos veces en la vida. / La noche que supimos la muerte de Darío / te encontré en el café de Perú y Avenida, / y esa noche rodó tu llanto con el mío. / Y caminamos juntos por la ciudad
carne con cuero
Vaquillona con cuero y un vinillo, / de Mendoza, notable. / —¡A la criolla, amigo! el dueño de la estancia. / —¡A la criolla, Señor! la esposa, en sus percales. / —¡A la criolla, Don! un peón malicioso. / U
casi égloga
Con las primeras luces de la aurora / viene el lechero a la contigua casa. / Se acercan tintineando las esquilas / de un par de vacas con sus ternerillos / y un ruido seco, familiar, menudo, / hacen contra
cena
Tranquilamente la comida observo: / son cuatro hombres y una mujer vieja. / Ellos están caídos sobre el plato, / comen con rapidez y silenciosos. / Con cada cucharada me parece / que se tragan también un pe
cocinerita
¡Vengo de la cocina, vengo de la cocina! / Traía en grandes manchas en el traje, la harina. / En las pálidas manos, entre los dedos finos, / olor agudo a especias, canelas y cominos. / Al fondo de los ojo
como sobre una tapia se adormece una rosa
Como sobre una tapia se adormece una rosa / yo quisiera tu grave cabecita en mi hombro, / espontánea, caída, comprensiva, mimosa, / sin un soplo de miedo, ni una brizna de asombro. / Y contemplarte luego
contemplación del beso
Debe el beso venir desde la hondura / de una cabeza baja y atraída / en la penumbra gris desvanecida / mientras un viento vuele de frescura. / Boca entreabierta, elástica, madura, / que en el atardecer se h
cuaderno
Cuaderno, / cuaderno en que la amada / copia mis versos y dibuja flores. / Eres como una rueca torneada / donde se fuera hilando, poco a poco, / toda la buena seda de mi alma. / ¿En qué oculto cajón / de quién
cuarto
Contento estoy con este cuarto humilde / de ventana a la calle y puerta al patio. / Acabo de almorzar, en él me encierro / Y en su cama me tiro largo a largo. / El campo duerme y hay silencio en casa, / tal
cuerpo
¿Qué del paisaje de marfil me queda / éstos de soledad, días transidos? / El movedizo juego de tus pechos, / balanceo de rosas, de palomas, / menos aún, dos grandes gotas de agua / rodando en el espacio vac
dalmira
Tu nombre es terso, claro, deslumbrante, / como la hoja desnuda de una espada. / En el aire se aguza como el aire / y en el agua se estría como el agua. / Para ser suspirado entre palmeras, / al fondo del h
décima
¿Desde cuándo, desde cuándo, / hombre del hierro y la piedra, / no agito un gajo de hiedra / tras la lluvia goteando? / ¿Ni por el medio cruzando / voy de un robledal sombrío? / ¿Ni hundo mi cuerpo en un río,
décimas. a la vida
Acúsome de haber hecho / por mi vida y por mi arte / poca cosa de mi parte / y que no estoy satisfecho. / Porque si ardía en mi pecho / hoguera de inspiración, / ansia de dominación, / no debí darme vagar… / La c
departamento
Éste es, amigos, mi departamento: / tres piezas, dependencias y pileta. / Tendremos que vivir a la jineta / yo, la mujer y el hijo turbulento. / Casi no se ve el sol, no se oye el viento, / no hay donde cul
duermes
La madre ha logrado / dormir a su hijito. / Una obra maestra / de pequeños suspiros, / de menudas palabras, / de amenazas, de mimos, / de dulces cancioncillas, / de voluntad, de instinto… / No respiremos casi. / El
dulce amor de pasillos, dulce amor de rincones
Dulce amor de pasillos, dulce amor de rincones, / cuando ya es una bruma el aliento deshecho. / Sentir sobre mi pecho la amplitud de tu pecho / y como dos deditos pequeños tus pezones. / Y bajar la escale
el parque lezama
He ido a ver el parque de Lezama / en el atardecer de un día cualquiera, / y me he encontrado uno diferente / al que por tantos años conociera. / Era aquél un jardín ya carcomido / por lloviznas y líquenes
el poeta
La tempestad podrá en olas deshechas / fingir pluma en el aire de un navío, / dejando entre la sombra y el vacío / erizadas las tablas más derechas. / El fuego podrá en llamas como flechas / hacer cenizas d
el poeta y la calle
Madre, no me digas: / —Hijo, quédate…, / cena con nosotros / y duerme después… / Cuando eras pequeño / daba gusto ver / tu cara redonda, / tu rosada tez… / Yo a Dios le rogaba / una y otra vez: / que nunca se enferme
el segador
El segador mete la hoja / de su guadaña entre la hierba / y todo cae ante su filo / con un rumor suave de seda. / El segador es un vaivén, / el sol lo baña, el sol lo llena. / El segador se yergue airoso, / de
ella dice
—Esta noche no sales, te secuestro, / aquí está tu sillón, aquí tu lámpara, / tu pluma, tu tintero, tus cuartillas, / escribe, o lee, o sueña, o no hagas nada. / Esta noche no sales, te secuestro, / con mis
en el jardín
Ya que todo está en flor, y más que nada / tú en tu mantilla azul, Marcela mía, / abriré como pueda mi poesía / que es hoy una ventana clausurada. / Tras un instante quedará cerrada, / ciego postigo en la m
en la avenida costanera
Solo, alegre, sano, fuerte, / vestido el cielo de blanco, / sentado estoy en un banco / orgulloso de mi suerte. / Lejos del mal y la muerte / sopeso mi poderío; / y a mí mismo me sonrío / dueño de mi pensamient
epitafio a dalmira
Caminante: en el mundo me llamaron Dalmira. / Un poeta deshizo en cantarme su lira. / Bajo esta piedra blanca dulcemente sonrío. / Eso sí, caminante: tengo un poco de frío.
epitafio a horacio quiroga
He aquí las cenizas, oh Salto, de tu hijo. / De ti salió y es justo y es natural que vuelva. / El corazón de un árbol ya es su eterno cobijo: / el silencio, la sombra y el pavor de la selva.
fotos
Rueda la media luna, feliz, sobre el Congreso, / todo su blanco mármol aparece espectral, / y yo estoy sonrosado y tibio por tu beso. / Nocturno, resplandezco, por su influjo, auroral. / Es noche veranieg
fraternidad
Al ruso Pipkin y al judío Levy, / al lusitano Pintos, a Goñi el español / y al que escribe, hijo audaz de Buenos Aires, / vednos en fraternal conversación. / Máscara de oro nos ha puesto a todos, / sobre la
galope
Sobre el cristal de agua de los campos llovidos, / bajo la renovada dulzura de los cielos, / iban nuestros briosos caballos paralelos… / Y eran un punto rojo nuestros labios unidos.
grados
—Fernández Moreno, Marcela. / —Presente. —Levántate y vuela.
infancia
Tenía aquel huerto / muy altas las tapias / muy llenas de broza / y escajos las bardas, / y todos sabíamos / que detrás estaba / mi abuelo, el Civil, / como lo llamaban, / las trentes al hombro, / ceñuda la cara, / e
inicial de oro
Nací, hermanos, en esta dulce tierra argentina, / pero el primer recuerdo nítido de mi infancia / es éste: una mañana de oro y de neblina, / un camino muy blanco Y una calesa rancia. / Luego un portal osc
invitación al hogar
Estoy solo en mi casa, / ya lo sabes, y triste como siempre, / Me canso de leer y de escribir, / y necesito verte. / Ayer pasaste con tus hermanitas / por mi puerta; tú, seria, ellas alegres. / Irías a compra
la calle
La calle, amigo mío, es vestida sirena / que tiene luz, perfume, ondulación y canto. / Vagando por las calles uno olvida su pena, / yo te lo digo que he vagado tanto. / Te deslizas por ellas entre el mar
la cuna
Hoy no pudimos más, y envueltos / del crepúsculo azul en la penumbra, / nos fuimos por el pueblo lentamente / a comprar una cuna. / Y compramos de intento la más pobre, / mimbre trenzado a la manera rústica
la horquilla abandonada
Hecha una fierecilla deliciosa / se arrojó de la cama en un momento. / Vibró un instante la cadera de oro, / rodaron por la espalda los cabellos, / sonaron unos pasos por la alfombra, / se abrió una puerta
la rita
La Rita tiene que tiene / tal meneo cuando anda, / que arriba mueve los senos / y que abajo las enaguas. / La nariz tiene picuda / y la mejilla picada, / y una melena cortita / de greñas tristes y lacias / en que
la torre más alta
—«La torre, madre, más alta / es la torre de aquel pueblo, / la torre de aquella iglesia / hunde su cruz en el cielo. / »Dime, madre, ¿hay otra torre / más alta en el mundo entero?» / —«Esa torre sólo es alta
la vaca muerta
Lentamente venía la vaca bermeja, / por el campo verde, todo lleno de agua; / lentamente venía, los ojos muy tristes, / la cabeza baja, / y colgando del morro brillante / un hilo de baba. / Enferma venía la b
lamberto
Se llamaba Lamberto, se llamaba Lamberto, / un nombre medieval como un guante de hierro. / Vivía en una casa carcomida del pueblo, / sobre la puerta escudo, sobre el escudo yelmo. / El siempre por el mont
los amantes
Ved en sombras el cuarto, y en el lecho / desnudos, sonrosados, rozagantes, / el nudo vivo de los dos amantes / boca con boca y pecho contra pecho. / Se hace más apretado el nudo estrecho, / bailotean los d
luján
No quiero no, no quiero serranías, / ni la ola marina y su jactancia, / ni el fondo verde y oro de una estancia… / Quiero pasar, verano, aquí mis días. / Cerca de aquí y de tus niñerías / y de tu lealtad y
matinal soneto de amor
No ha de apagar su lámpara el poeta, / aunque el fino pincel de la mañana / el desnudo cristal de la ventana / pinte con el azul de su paleta, / sin tejer otra lírica violeta / en la ideal corona que engala
mudable como el tiempo es tu mejilla
Mudable como el tiempo es tu mejilla, / o arde como una tarde del estío / o hiela, o poco menos, si hace frío; / pero ardiente o helada es maravilla. / Deja que acerque mi cansada arcilla / al pétalo de amo
nocturno
La luna estaba blanca, / el cielo estaba gris. / Eran dos sombras negras / y era un beso sin fin. / La rueda del molino / dio media vuelta y empezó a gruñir.
paisaje
Ocre y abierto en huellas, el camino / Separa opacamente los sembrados… / Lejos, la margarita de un molino.
palabras
Me borré el doctor / hace mucho tiempo. / Borré la inicial / de mi nombre feo. / No quiero ser nada / ni malo ni bueno. / Un pájaro pardo / perdido en el viento.
palabras a mis alumnos
Nunca debí dejaros dispersar a los vientos, / discípulos queridos que me brindó el azar. / Yo debí cada curso separar unos cuantos, / llevarlos de la mano y atarlos en un haz. / Cada año regalome cuatro o
pastor de versos
Caminando hacia el suburbio / con mi rebaño de versos, / para todos invisible, / para mí ruidoso y crespo, / pasó adrede por mi banda / casi afeitándome el cuerpo, / un automóvil cuchillo, / largo, afilado y es
penumbra
Nunca podrás ver nada claramente: / todo es zarzal, espinas y maraña. / En vano gastarás toda tu maña / contra el dorado pájaro latente. / Errado el tiro, vuelves bruscamente / el arma hacia otro lado, mas
perfil
A punto está de deshacerse el negro / nudo de tus cabellos sobre el hombro. / Se desharía bajo un largo beso, / con un suspiro demasiado hondo. / Baña la dulce lámpara de seda / tu cara en lluvia de reflejo
poco a poco se hace la luz en tu vestido
V / Poco a poco se hace la luz en tu vestido, / la noche de tu traje se disuelve en la aurora. / La primavera próxima te regala su flora, / su ligereza el aire y el agua su latido. / LXX / Profunda, ardiente,
poemas de la almohada
Creo a veces que estás a mi lado tendida, / sobre mi brazo izquierdo la cabeza dormida. / Realidad me parece mi amorosa locura, / me sonrío a mí mismo con inmensa dulzura / y silenciosamente para no despe
poeta
Un hombre que camina por el campo / y ve extendido entre dos troncos verdes / un hilillo de araña blanquecino / balanceándose un poco al aire leve. / Y levanta el bastón para romperlo, / y ya lo va a romper
por una hormiguita
Las hojas verdes, las baldosas rojas, / templado el sol y lánguida la brisa, / bajo la parra familiar del patio, / en los maternos brazos sonreías. / Yo pensaba, feliz, al contemplarte: / ¡dulce es el mundo
presencia
Cómo duermes, pequeña, en tu cunita, / cerca del fuego que te abriga y dora. / Te contemplo un minuto, media hora, / y tú sigues dormida, dormidita. / Un carro pasa, un leño azul crepita, / sube una voz del
presentación
Ésta que viene aquí toda vestida / de un traje blanco y un negro sombrero / tiene la obligación de mi sendero / y las rosas y espinas de mi vida. / Porque una noche el ánima afligida, / mustia de soledad, d
presentación a las estrellas
Alzo en la noche tu rollizo cuerpo, / altos mis brazos sobre mi cabeza. / Rosada fruta es tu desnuda carne, / mis manos se abren como dos bandejas. / Y coronado de tu gracia pura, / los pies hundidos en la
primera nieta
No te he visto, Marcela, en todo el santo día, / pero sé que has estado en una escribanía. / Buen lugar para estar los dos un rato solos / y arrojar al azur todos los protocolos.
ranchos y parvas
¿Quién podría distinguir / en el campo, a la distancia / si aquel pobre montoncito / es un rancho o una parva? / El mismo color de tierra, / la misma forma aplastada, / el mismo aspecto de abrigo / de pequeñez
regreso
Hoy fuimos lentamente / a la laguna, amigas. / Vuestros vestidos claros / festonearon la orilla. / Violeta estaba el agua, / blanca la luna arriba. / Al regresar hablábais: / Tengo las manos frías… / Tengo las tr
resumen
Si el destino te dio mujer virtuosa, / hijos innumerables y lozanos, / piensa, mortal, que tienes en las manos / la parte de la vida más sabrosa. / Trabaja, vuelve a trabajar, reposa, / para ti será el sol
risa
Bajo el árbol redondo de hojas nuevas, / en el rústico banco del idilio, / ella estalló de pronto en carcajadas / como fuente que brota a borbotones. / Y estremecido el olvidado banco, / como si todo el júb
romance del reloj de piedra
Orillas del Uruguay / una piedra encontré hoy / aplastada, redondita, / y de encendido color: / pequeña obra maestra / de agua, de viento —y de sol. / Y decidí recogerla / y usarla como reloj. / El mismo peso me
seguidilla
Déjame que te llame / mi chiquitita, / aunque sepa de sobra / que es gran mentira. / El chiquitito / soy yo, señora mía, / y el pobrecillo.
sesenta años
Sol en el jardincillo de noviembre. / Un día de éstos cumplo los sesenta. / Tiende el oído como yo y escucha / el abejeo de las madreselvas.
setenta balcones y ninguna flor
Setenta balcones hay en esta casa, / setenta balcones y ninguna flor. / ¿A sus habitantes, Señor, qué les pasa? / ¿Odian el perfume, odian el color? / La piedra desnuda de tristeza agobia, / ¡Dan una triste
soneto
Esto que escribo ahora es el postrero / son de mi pobre lira fatigada, / la mano de escribir está cansada / y el corazón me dice que me muero. / Canto de cisne moribundo, quiero / te ilumine como una llamar
soneto (ya ves que no te suelto, que me ato)
Ya ves que no te suelto, que me ato / a tu recuerdo rubio y vaporoso, / fugitivo en la calle y silencioso, / yo, que era poderío y arrebato. / Me estiro lo que puedo; dudo y trato / de asir tu traje, por se
soneto de tus vísceras
Harto ya de alabar tu piel dorada, / tus externas y muchas perfecciones, / canto al jardín azul de tus pulmones / y a tu tráquea elegante y anillada. / Canto a tu masa intestinal rosada, / al bazo, al páncr
tal vez haya soñado con un beso instantáneo
Tal vez haya soñado con un beso instantáneo, / dos estrellas fundidas augustamente en una. / Un temblor en el cuerpo y un mareo en el cráneo / y un ponerse la sangre del color de la luna. / No, jamás me h
tiranía
Tienes sangre de tiranos / en tus venas, novia mía; / lo sé por la tiranía / dulcísima de tus manos. / Hay instintos inhumanos / en tu fiero corazón, / en tus ojos de traición / acecha don Juan Manuel, / y es tu
tormenta
Jamás he visto más revuelto el cielo, / más lóbrego, más bajo, más vibrado / de rápido relámpago azufrado, / víbora sobre torvo terciopelo. / Nunca cargué tamaño desconsuelo / ni nunca me sentí tan amargado
tormenta (cuando el agua esperábamos ansiosos)
Cuando el agua esperábamos ansiosos, / una nube de polvo cubrió el cielo. / Fue Inútil cerrar puertas y ventanas: / nos invadió los hondos aposentos, / cubrió maderas, apagó cristales, / cayó sobre mis libr
tráfago
Me he detenido enfrente del Congreso, / y en medio del urbano torbellino, / he soñado en un rústico camino / y me he sentido el corazón opreso. / Una tranquera floja, un monte espeso, / el girar perezoso de
travelling
El olorcillo a incienso, el rumor de los fieles / te rodea, te embebe, te eleva y te transfigura. / Torbellino de cirios y de místicas mieles / a mí también me arrastra y me sube a la altura. / Amor crepu
tropa
De pronto, en el silencio de la noche, / se alzó un rumor lejano y temeroso / y el camino que corre frente a casa / sonó de viento y se encrespó de ola. / Era una larga tropa de ganado, / cientos de vacas,
últimas
Yo me lancé a la vida, / audaz, desnudo, / apretada una rosa / en cada puño. / Y no he hecho nada, / aquí estoy sentadito / a la ventana. / He sido siempre el hombre / de última hora, / el que pierde ocasiones / y el
últimas décimas de la costanera
¡Qué serena va la quilla / por el río de león! / Suavidad y decisión, / parece mano y cuchilla. / Se pinta en tinta amarilla / un pespunte luminoso, / ya recto, ya tortuoso, / de camarotes y puentes, / y se adivi
últimas décimas de la costanera ii
Pedazo de verde banco / que ocupo ahora otra vez… / Pienso en la ola y el pez / y el faro tuerto y blanco. / Yo tuve un día a mi flanco / otro río de calor, / alguna cintura en flor, / hasta en este propio asie
un aplazado
De pronto, como un breve latigazo, / mi nombre, Friedt, estalló en el aula. / Yo me puse de pie, y un poco trémulo / avancé hacia la mesa, entre las bancas. / Era el examen último del curso / y al que tenía
una estrella (fue preciso que el sol)
Fue preciso que el sol se ocultara sangriento, / que se fueran las nubes, que se calmara el viento. / que se pusiese el cielo tranquilo como un raso / para que aquella gota de luz se abriese paso. / Era a
una estrella (sobre la espuma)
Sobre la espuma, / sobre la piedra, / sobre el asfalto, / sobre la hierba, / sobre los cardos, / sobre las tejas, / brilla una estrella, / brilla mi estrella. / Lleva una malla / de oro y de seda. / Tiene desnudos / br
vacas
¿Habrá en el mundo vacas más benignas que éstas? / Se anuncian con un claro cencerro matinal, / y en las ruidosas puertas de hoteles y pensiones, / al pie de las crías flacas, se dejan ordeñar. / Viven en
viaje
Todos duermen en el tren, / todos duermen menos yo. / Por la abierta ventanilla / mirando, mirando voy / el campo negro, que argenta / la luna con su esplendor. / Todos duermen en el tren, / todos duermen menos
viejo café tortoni
A pesar de la lluvia yo he salido / a tomar un café. Estoy sentado / bajo el toldo tirante y empapado / de este viejo Tortoni conocido. / ¡Cuántas veces, oh padre, habrás venido / de tu graves negocios fati
yo sueño con un sueño de pastores
Yo sueño con un sueño de pastores / en una choza ríspida y perdida, / la majada muy cerca recogida / en un seto de espinos y de flores. / Con un alba de aromas y colores, / de oculto brezo y nieve derretida