País Poema - Autores

baldomero fernández moreno

a césar, de diez años
De veras que no sé qué hacer contigo, / oh César, hasta ayer blanda pelusa. / Llena de rebelión está tu blusa, / y aunque no quieras ya eres mi enemigo. / Alzo la v
a la recién venida
Hijita: con tu venida / este verano feliz, / has agregado un matiz / maravilloso a mi vida. / Que te vea yo crecida / y no quiero más riqueza: / entre la tuya que empie
a mi hija clara
Última flor de mi áspero camino, / mejor que última flor, flor de las flores, / resumen de lo humano y lo divino, / escapas, huyes por los corredores. / Sólo veo tu
a mi hija dalmira
Pienso a veces con algo de tristeza / que pudiste elegir para tu viaje / —claro de luna y temblador follaje— / la cuna de marfil de la riqueza. / Perdona mi poética
a mi mesa
Desnuda como un yunque, mesa mía, / no admites ni una flor para tu adorno, / nada se aquieta en ti ni permanece: / el torrente infantil lo barre todo / Negro tinter
a un señor muy rico para que nos regale una casa
Jamás he visto a nadie, señor, en sus ventanas, / siempre el gris antipático de herméticas persianas. / El hermoso jardín se muere flor a flor, / inútilmente elev
a una amiga desaparecida hace tiempo
Llegaste un día hasta mi casa, / hasta mi puerta doctoral; / de un alamillo eras la sombra, / frío, sin hojas, otoñal. / Con tu presencia ya decías / más que pudieras
a una mujer que me evocaba el mar
Estás hecha, mujer, para evocada / contra el nocturno ébano bruñido: / eres como un jazmín humedecido, / eres como una valva nacarada. / Incitante frescor de agua s
acabo de pasar, amor, por el correo
Acabo de pasar, amor, por el correo, / -chisporrotea el lacre, oscila la balanza- / es como un girasol de oro mi deseo / y como una ramita de espliego mi esperanz
adiós
Adiós la casa blanca que albergó un año entero / entre sus cuatro muros el amor verdadero. / Adiós campos extensos, polvorientos caminos. / Adiós los pobres ranch
al caminar parece que crujieran
Al caminar parece que crujieran / las hojas de la noche y sus cristales. / Es tu hombro, tu pecho, tus rodillas / deshaciendo, esponjando, tu impermeable. / Tu impe
al hueso esfenoides
Esfenoides, huesito misterioso, / calado, aéreo: / ¿para qué quieres tus cuatro alas / inmóviles en medio del cerebro? / Pajarito, pajarito, / llevarás mi alma al cie
alba
Embadurna de luz el alba mi postigo, / y a perfilarse empiezan mis pobres muebles viejos… / Los primeros en despertar son los espejos. / Pende la luz eléctrica de
anoche había barras de luz en tu persiana
Anoche había barras de luz en tu persiana / y alcé hacia ti los ojos en actitud de ruego, / como diciendo: Abre, señora castellana… / Y me perdí en la calle, tris
anteojos
¿Qué seré para ti, ante tus ojos? / Sólo una mancha gris y unos anteojos.
ariel
I / Te has traído, hijo mío, / cierto aspecto de viejo: / la carita arrugada, / las manos con pellejos. / Envuelto en tus pañales / y abrigados pañuelos, / apenas se te v
aromas
Cuando regreso a casa no me lavo las manos / si es que he estado contigo un instante no más, / el aroma retengo que tú dejas en ellas / como una joya vaga o una f
ausencia
Es menester que vengas, / mi vida, con tu ausencia, se ha deshecho, / y torno a ser el hombre abandonado / que antaño fui, mujer, y tengo miedo. / ¡Qué sabia direcc
bolilla xviii
Darío, Silva, Nervo, B. Fernández Moreno… / Delante de mis ojos tengo el programa abierto. / Capuchón de la lluvia, arbusto de sol lleno, / yo soy el que te ama,
breve elegía
Era la sombra del amor, / la sombra del amor: no pudo ser. / Ya pasó por mi vida otro dolor, / ya pasó otra mujer. / No era su pecho mi cabezal, / no eran sus manos l
bueno, ¿y qué?
Aunque tuvieras, poeta, / un castillo en una cumbre, / un salón lleno de lumbre / y un gran sillón de vaqueta; / al llegar la noche quieta, / sobre mi hastío de pie, /
canción de la aljaba
Debajo de la aljaba / no te dejaba, / por si alguna saeta / se disparaba.
canción de luna
En el aro ligero de la luna / canta para mí solo un ruiseñor. / A cada golpe de oro de su pico / brota en el aire una constelación. / Canta el pájaro pardo dulcemen
canillita muerto
Te veo de plantón en esta esquina / desde hace muchos años, diez cabales, / capeando en el invierno temporales, / desgarrado de pelo y de chalina. / Ojo avizor y pa
carlos de soussen
No habíamos hablado dos veces en la vida. / La noche que supimos la muerte de Darío / te encontré en el café de Perú y Avenida, / y esa noche rodó tu llanto con e
carne con cuero
Vaquillona con cuero y un vinillo, / de Mendoza, notable. / —¡A la criolla, amigo! el dueño de la estancia. / —¡A la criolla, Señor! la esposa, en sus percales. / —
casi égloga
Con las primeras luces de la aurora / viene el lechero a la contigua casa. / Se acercan tintineando las esquilas / de un par de vacas con sus ternerillos / y un rui
cena
Tranquilamente la comida observo: / son cuatro hombres y una mujer vieja. / Ellos están caídos sobre el plato, / comen con rapidez y silenciosos. / Con cada cuchara
cocinerita
¡Vengo de la cocina, vengo de la cocina! / Traía en grandes manchas en el traje, la harina. / En las pálidas manos, entre los dedos finos, / olor agudo a especias
como sobre una tapia se adormece una rosa
Como sobre una tapia se adormece una rosa / yo quisiera tu grave cabecita en mi hombro, / espontánea, caída, comprensiva, mimosa, / sin un soplo de miedo, ni una
contemplación del beso
Debe el beso venir desde la hondura / de una cabeza baja y atraída / en la penumbra gris desvanecida / mientras un viento vuele de frescura. / Boca entreabierta, el
cuaderno
Cuaderno, / cuaderno en que la amada / copia mis versos y dibuja flores. / Eres como una rueca torneada / donde se fuera hilando, poco a poco, / toda la buena seda de
cuarto
Contento estoy con este cuarto humilde / de ventana a la calle y puerta al patio. / Acabo de almorzar, en él me encierro / Y en su cama me tiro largo a largo. / El
cuerpo
¿Qué del paisaje de marfil me queda / éstos de soledad, días transidos? / El movedizo juego de tus pechos, / balanceo de rosas, de palomas, / menos aún, dos grandes
dalmira
Tu nombre es terso, claro, deslumbrante, / como la hoja desnuda de una espada. / En el aire se aguza como el aire / y en el agua se estría como el agua. / Para ser
décima
¿Desde cuándo, desde cuándo, / hombre del hierro y la piedra, / no agito un gajo de hiedra / tras la lluvia goteando? / ¿Ni por el medio cruzando / voy de un robledal
décimas. a la vida
Acúsome de haber hecho / por mi vida y por mi arte / poca cosa de mi parte / y que no estoy satisfecho. / Porque si ardía en mi pecho / hoguera de inspiración, / ansia
departamento
Éste es, amigos, mi departamento: / tres piezas, dependencias y pileta. / Tendremos que vivir a la jineta / yo, la mujer y el hijo turbulento. / Casi no se ve el so
duermes
La madre ha logrado / dormir a su hijito. / Una obra maestra / de pequeños suspiros, / de menudas palabras, / de amenazas, de mimos, / de dulces cancioncillas, / de volun
dulce amor de pasillos, dulce amor de rincones
Dulce amor de pasillos, dulce amor de rincones, / cuando ya es una bruma el aliento deshecho. / Sentir sobre mi pecho la amplitud de tu pecho / y como dos deditos
el parque lezama
He ido a ver el parque de Lezama / en el atardecer de un día cualquiera, / y me he encontrado uno diferente / al que por tantos años conociera. / Era aquél un jardí
el poeta
La tempestad podrá en olas deshechas / fingir pluma en el aire de un navío, / dejando entre la sombra y el vacío / erizadas las tablas más derechas. / El fuego podr
el poeta y la calle
Madre, no me digas: / —Hijo, quédate…, / cena con nosotros / y duerme después… / Cuando eras pequeño / daba gusto ver / tu cara redonda, / tu rosada tez… / Yo a Dios le rog
el segador
El segador mete la hoja / de su guadaña entre la hierba / y todo cae ante su filo / con un rumor suave de seda. / El segador es un vaivén, / el sol lo baña, el sol lo
ella dice
—Esta noche no sales, te secuestro, / aquí está tu sillón, aquí tu lámpara, / tu pluma, tu tintero, tus cuartillas, / escribe, o lee, o sueña, o no hagas nada. / Es
en el jardín
Ya que todo está en flor, y más que nada / tú en tu mantilla azul, Marcela mía, / abriré como pueda mi poesía / que es hoy una ventana clausurada. / Tras un instant
en la avenida costanera
Solo, alegre, sano, fuerte, / vestido el cielo de blanco, / sentado estoy en un banco / orgulloso de mi suerte. / Lejos del mal y la muerte / sopeso mi poderío; / y a m
epitafio a dalmira
Caminante: en el mundo me llamaron Dalmira. / Un poeta deshizo en cantarme su lira. / Bajo esta piedra blanca dulcemente sonrío. / Eso sí, caminante: tengo un poc
epitafio a horacio quiroga
He aquí las cenizas, oh Salto, de tu hijo. / De ti salió y es justo y es natural que vuelva. / El corazón de un árbol ya es su eterno cobijo: / el silencio, la so
fotos
Rueda la media luna, feliz, sobre el Congreso, / todo su blanco mármol aparece espectral, / y yo estoy sonrosado y tibio por tu beso. / Nocturno, resplandezco, po
fraternidad
Al ruso Pipkin y al judío Levy, / al lusitano Pintos, a Goñi el español / y al que escribe, hijo audaz de Buenos Aires, / vednos en fraternal conversación. / Máscar
galope
Sobre el cristal de agua de los campos llovidos, / bajo la renovada dulzura de los cielos, / iban nuestros briosos caballos paralelos… / Y eran un punto rojo nues
grados
—Fernández Moreno, Marcela. / —Presente. —Levántate y vuela.
infancia
Tenía aquel huerto / muy altas las tapias / muy llenas de broza / y escajos las bardas, / y todos sabíamos / que detrás estaba / mi abuelo, el Civil, / como lo llamaban, /
inicial de oro
Nací, hermanos, en esta dulce tierra argentina, / pero el primer recuerdo nítido de mi infancia / es éste: una mañana de oro y de neblina, / un camino muy blanco
invitación al hogar
Estoy solo en mi casa, / ya lo sabes, y triste como siempre, / Me canso de leer y de escribir, / y necesito verte. / Ayer pasaste con tus hermanitas / por mi puerta;
la calle
La calle, amigo mío, es vestida sirena / que tiene luz, perfume, ondulación y canto. / Vagando por las calles uno olvida su pena, / yo te lo digo que he vagado ta
la cuna
Hoy no pudimos más, y envueltos / del crepúsculo azul en la penumbra, / nos fuimos por el pueblo lentamente / a comprar una cuna. / Y compramos de intento la más po
la horquilla abandonada
Hecha una fierecilla deliciosa / se arrojó de la cama en un momento. / Vibró un instante la cadera de oro, / rodaron por la espalda los cabellos, / sonaron unos pas
la rita
La Rita tiene que tiene / tal meneo cuando anda, / que arriba mueve los senos / y que abajo las enaguas. / La nariz tiene picuda / y la mejilla picada, / y una melena c
la torre más alta
—«La torre, madre, más alta / es la torre de aquel pueblo, / la torre de aquella iglesia / hunde su cruz en el cielo. / »Dime, madre, ¿hay otra torre / más alta en el
la vaca muerta
Lentamente venía la vaca bermeja, / por el campo verde, todo lleno de agua; / lentamente venía, los ojos muy tristes, / la cabeza baja, / y colgando del morro brill
lamberto
Se llamaba Lamberto, se llamaba Lamberto, / un nombre medieval como un guante de hierro. / Vivía en una casa carcomida del pueblo, / sobre la puerta escudo, sobre
los amantes
Ved en sombras el cuarto, y en el lecho / desnudos, sonrosados, rozagantes, / el nudo vivo de los dos amantes / boca con boca y pecho contra pecho. / Se hace más ap
luján
No quiero no, no quiero serranías, / ni la ola marina y su jactancia, / ni el fondo verde y oro de una estancia… / Quiero pasar, verano, aquí mis días. / Cerca de a
matinal soneto de amor
No ha de apagar su lámpara el poeta, / aunque el fino pincel de la mañana / el desnudo cristal de la ventana / pinte con el azul de su paleta, / sin tejer otra líri
mudable como el tiempo es tu mejilla
Mudable como el tiempo es tu mejilla, / o arde como una tarde del estío / o hiela, o poco menos, si hace frío; / pero ardiente o helada es maravilla. / Deja que ace
nocturno
La luna estaba blanca, / el cielo estaba gris. / Eran dos sombras negras / y era un beso sin fin. / La rueda del molino / dio media vuelta y empezó a gruñir.
paisaje
Ocre y abierto en huellas, el camino / Separa opacamente los sembrados… / Lejos, la margarita de un molino.
palabras
Me borré el doctor / hace mucho tiempo. / Borré la inicial / de mi nombre feo. / No quiero ser nada / ni malo ni bueno. / Un pájaro pardo / perdido en el viento.
palabras a mis alumnos
Nunca debí dejaros dispersar a los vientos, / discípulos queridos que me brindó el azar. / Yo debí cada curso separar unos cuantos, / llevarlos de la mano y atarl
pastor de versos
Caminando hacia el suburbio / con mi rebaño de versos, / para todos invisible, / para mí ruidoso y crespo, / pasó adrede por mi banda / casi afeitándome el cuerpo, / un
penumbra
Nunca podrás ver nada claramente: / todo es zarzal, espinas y maraña. / En vano gastarás toda tu maña / contra el dorado pájaro latente. / Errado el tiro, vuelves b
perfil
A punto está de deshacerse el negro / nudo de tus cabellos sobre el hombro. / Se desharía bajo un largo beso, / con un suspiro demasiado hondo. / Baña la dulce lámp
poco a poco se hace la luz en tu vestido
V / Poco a poco se hace la luz en tu vestido, / la noche de tu traje se disuelve en la aurora. / La primavera próxima te regala su flora, / su ligereza el aire y el
poemas de la almohada
Creo a veces que estás a mi lado tendida, / sobre mi brazo izquierdo la cabeza dormida. / Realidad me parece mi amorosa locura, / me sonrío a mí mismo con inmensa
poeta
Un hombre que camina por el campo / y ve extendido entre dos troncos verdes / un hilillo de araña blanquecino / balanceándose un poco al aire leve. / Y levanta el b
por una hormiguita
Las hojas verdes, las baldosas rojas, / templado el sol y lánguida la brisa, / bajo la parra familiar del patio, / en los maternos brazos sonreías. / Yo pensaba, fe
presencia
Cómo duermes, pequeña, en tu cunita, / cerca del fuego que te abriga y dora. / Te contemplo un minuto, media hora, / y tú sigues dormida, dormidita. / Un carro pasa
presentación
Ésta que viene aquí toda vestida / de un traje blanco y un negro sombrero / tiene la obligación de mi sendero / y las rosas y espinas de mi vida. / Porque una noche
presentación a las estrellas
Alzo en la noche tu rollizo cuerpo, / altos mis brazos sobre mi cabeza. / Rosada fruta es tu desnuda carne, / mis manos se abren como dos bandejas. / Y coronado de
primera nieta
No te he visto, Marcela, en todo el santo día, / pero sé que has estado en una escribanía. / Buen lugar para estar los dos un rato solos / y arrojar al azur todos
ranchos y parvas
¿Quién podría distinguir / en el campo, a la distancia / si aquel pobre montoncito / es un rancho o una parva? / El mismo color de tierra, / la misma forma aplastada,
regreso
Hoy fuimos lentamente / a la laguna, amigas. / Vuestros vestidos claros / festonearon la orilla. / Violeta estaba el agua, / blanca la luna arriba. / Al regresar habláb
resumen
Si el destino te dio mujer virtuosa, / hijos innumerables y lozanos, / piensa, mortal, que tienes en las manos / la parte de la vida más sabrosa. / Trabaja, vuelve
risa
Bajo el árbol redondo de hojas nuevas, / en el rústico banco del idilio, / ella estalló de pronto en carcajadas / como fuente que brota a borbotones. / Y estremecid
romance del reloj de piedra
Orillas del Uruguay / una piedra encontré hoy / aplastada, redondita, / y de encendido color: / pequeña obra maestra / de agua, de viento —y de sol. / Y decidí recogerl
seguidilla
Déjame que te llame / mi chiquitita, / aunque sepa de sobra / que es gran mentira. / El chiquitito / soy yo, señora mía, / y el pobrecillo.
sesenta años
Sol en el jardincillo de noviembre. / Un día de éstos cumplo los sesenta. / Tiende el oído como yo y escucha / el abejeo de las madreselvas.
setenta balcones y ninguna flor
Setenta balcones hay en esta casa, / setenta balcones y ninguna flor. / ¿A sus habitantes, Señor, qué les pasa? / ¿Odian el perfume, odian el color? / La piedra des
soneto
Esto que escribo ahora es el postrero / son de mi pobre lira fatigada, / la mano de escribir está cansada / y el corazón me dice que me muero. / Canto de cisne mori
soneto (ya ves que no te suelto, que me ato)
Ya ves que no te suelto, que me ato / a tu recuerdo rubio y vaporoso, / fugitivo en la calle y silencioso, / yo, que era poderío y arrebato. / Me estiro lo que pued
soneto de tus vísceras
Harto ya de alabar tu piel dorada, / tus externas y muchas perfecciones, / canto al jardín azul de tus pulmones / y a tu tráquea elegante y anillada. / Canto a tu m
tal vez haya soñado con un beso instantáneo
Tal vez haya soñado con un beso instantáneo, / dos estrellas fundidas augustamente en una. / Un temblor en el cuerpo y un mareo en el cráneo / y un ponerse la san
tiranía
Tienes sangre de tiranos / en tus venas, novia mía; / lo sé por la tiranía / dulcísima de tus manos. / Hay instintos inhumanos / en tu fiero corazón, / en tus ojos de t
tormenta
Jamás he visto más revuelto el cielo, / más lóbrego, más bajo, más vibrado / de rápido relámpago azufrado, / víbora sobre torvo terciopelo. / Nunca cargué tamaño de
tormenta (cuando el agua esperábamos ansiosos)
Cuando el agua esperábamos ansiosos, / una nube de polvo cubrió el cielo. / Fue Inútil cerrar puertas y ventanas: / nos invadió los hondos aposentos, / cubrió mader
tráfago
Me he detenido enfrente del Congreso, / y en medio del urbano torbellino, / he soñado en un rústico camino / y me he sentido el corazón opreso. / Una tranquera floj
travelling
El olorcillo a incienso, el rumor de los fieles / te rodea, te embebe, te eleva y te transfigura. / Torbellino de cirios y de místicas mieles / a mí también me ar
tropa
De pronto, en el silencio de la noche, / se alzó un rumor lejano y temeroso / y el camino que corre frente a casa / sonó de viento y se encrespó de ola. / Era una l
últimas
Yo me lancé a la vida, / audaz, desnudo, / apretada una rosa / en cada puño. / Y no he hecho nada, / aquí estoy sentadito / a la ventana. / He sido siempre el hombre / de ú
últimas décimas de la costanera
¡Qué serena va la quilla / por el río de león! / Suavidad y decisión, / parece mano y cuchilla. / Se pinta en tinta amarilla / un pespunte luminoso, / ya recto, ya tort
últimas décimas de la costanera ii
Pedazo de verde banco / que ocupo ahora otra vez… / Pienso en la ola y el pez / y el faro tuerto y blanco. / Yo tuve un día a mi flanco / otro río de calor, / alguna ci
un aplazado
De pronto, como un breve latigazo, / mi nombre, Friedt, estalló en el aula. / Yo me puse de pie, y un poco trémulo / avancé hacia la mesa, entre las bancas. / Era e
una estrella (fue preciso que el sol)
Fue preciso que el sol se ocultara sangriento, / que se fueran las nubes, que se calmara el viento. / que se pusiese el cielo tranquilo como un raso / para que aq
una estrella (sobre la espuma)
Sobre la espuma, / sobre la piedra, / sobre el asfalto, / sobre la hierba, / sobre los cardos, / sobre las tejas, / brilla una estrella, / brilla mi estrella. / Lleva una m
vacas
¿Habrá en el mundo vacas más benignas que éstas? / Se anuncian con un claro cencerro matinal, / y en las ruidosas puertas de hoteles y pensiones, / al pie de las
viaje
Todos duermen en el tren, / todos duermen menos yo. / Por la abierta ventanilla / mirando, mirando voy / el campo negro, que argenta / la luna con su esplendor. / Todos
viejo café tortoni
A pesar de la lluvia yo he salido / a tomar un café. Estoy sentado / bajo el toldo tirante y empapado / de este viejo Tortoni conocido. / ¡Cuántas veces, oh padre,
yo sueño con un sueño de pastores
Yo sueño con un sueño de pastores / en una choza ríspida y perdida, / la majada muy cerca recogida / en un seto de espinos y de flores. / Con un alba de aromas y co