aurora reyes
a veces hago un viajeCiego pie de tiniebla, vacilante, / avanza en el desierto de mi pecho. / Seguramente es el infierno. / Aquí dentro, convulso, / desbordando metales por mis ojos abiertos, / levantando mareas de veneno, / gira
códice del olvidoPenumbra de órbitas azules / trajo mirada de barro, de madera, de humo. / Acá, desde la tierra –piel amada– / descubrí los espejos de opuestas diagonales / en la geometría dualidad del principio. / Verte fu
estancias en el desiertoI / ESTANCIA EN EL PRIMER INFINITO / Ardiente, nueva luz abre mis ojos. / Renace adulta la infantil mirada. / Crecen los ecos de tu poblada ausencia, / presente y encendida en la distancia. / A la espalda del
la máscara desnuda(Danza mexicana en cinco tiempos) / TIEMPO PRIMERO / Apareces de golpe dentro de mí, dorada / por un oro manchado de musgo verdinegro. / Ola petrificada del agua de la vida / creciendo y apretando la sal de
la palabra inmóvilAmor, fuera olvidarte como perder los ojos, / cegar frente a los verdes más claros de la vida, / caer en el invierno con un sueño encerrado / sepultando los brotes de la flor del prodigio. / Desconocer la
madre nuestra la tierraA ti, Coatlicue, Madre omnipresente; / principio y fin de todo ser terrenal. / Cuando dormías, Madre / –elásticas hamacas mecidas por el tiempo–, / halo de niebla apenas / en la blanca serpiente de tu órbit
prólogo y oración a la palabraVengo desde tus labios a mi presencia pura. / Inescrutable viaje subterráneo / al abismo del rostro sin edades. / Recóndito universo palpitante y cerrado, / perdido en el secreto de la tierra desnuda, / con
recóndita espiralAérea faz de roca construida, / suspendida en la noche de la infancia. / Recuerdas idolátricos perfiles / de inarmónica danza. / ¿Eres diáfana sombra o luz caída, / anticipada muerte rescatada, / perímetro de