arthur rimbaud
a la músicaPlaza de la Estación, en Charleville / A la plaza que un césped dibuja, ralo y pobre, / y donde todo está correcto, flores, árboles, / los burgueses jadeantes, que ahogan los calores, / traen todos los ju
acaso no imaginas…¿Acaso no imaginas por qué de amor me muero? / La flor me dice: ¡Hola! ¡Buenos días!, el ave. / Llegó la primavera, la dulzura del ángel. / ¡No adivinas acaso por qué de embriaguez hiervo! / Dulce ángel d
adiós¡Otoño ya! — Pero por qué echar de menos un sol eterno si nos hemos comprometido al descubrimiento de la claridad divina, — lejos de las personas que mueren con las estaciones. / Otoño. Nuestra barc
antaño, si mal no recuerdo«Antaño, si mal no recuerdo, mi vida era un festín donde se abrían todos los corazones, donde todos los vinos fluían. / Una noche, senté a la Belleza en mis rodillas. —Y la encontré amarga.— Y la in
arriates de amarantos hasta…Arriates de amarantos hasta / el agradable palacio de Júpiter. / – ¡Sé que eres Tú, quien por aquí, / mezclas tu Azul, casi sahariano! / Luego, cual rosas y abetos solares / y lianas que tienen sus juegos c
aventuraI / Con diecisiete años, no puedes ser formal. / -¡Una tarde, te asqueas de jarra y limonada, / de los cafés ruidosos con lustros deslumbrantes! / -Y te vas por los tilos verdes de la alameda. / ¡Qué bien h
cabeza de un faunoEn el follaje, estuche verde que el oro dora, / en el follaje, incierto y cuajado de flores / que florecen magníficas, donde un beso mora, / nervioso, mientras rasga los bordados primores, / un asustado f
canto de guerra parisinoLa Primavera ya llegó: / del fondo de las Fincas verdes, / el vuelo de Tiers y Picard, / desplegado, su esplendor teje. / ¡Culos desnudos, locos! ¡Mayo! / Escuchad, pues, cómo nos siembran / Sèvres, Meudón, B
combate de hércules y del río aqueloAntaño, el Aquelo de aguas henchidas salió de su vasto lecho; / tumultuoso irrumpió por los valles en cuesta envolviendo en sus aguas los rebaños y el adorno de las mieses doradas. / Caen las casas de
delirios i: la virgen neciaEL ESPOSO INFERNAL / Escuchemos la confesión de un compañero del infierno: / «Oh divino Esposo, mi Señor, no rechacéis la confesión de la más triste de vuestras siervas. Estoy perdida. Estoy borracha.
delirios ii: alquimia del verboAhora yo. La historia de una de mis locuras. / Desde hacía largo tiempo, me jactaba de poseer todos los paisajes posibles, y encontraba irrisorias las celebridades de la pintura y de la poesía moder
el aguinaldo de los huérfanosI / El cuarto es una umbría; levemente se oye / el bisbiseo triste y suave de dos niños. / Sus cabezas se inclinan, llenas aún de sueños / bajo al blanco dosel que tiembla, al ser alzado. / En la calle, los
el ángel y el niñoEl nuevo año ha consumido ya la luz del primer día; / luz tan agradable para los niños, tanto tiempo esperada y tan pronto olvidada, / y, envuelto en sueño y risa, el niño adormecido se ha callado… / Es
el aparadorUn gran aparador tallado -el roble oscuro / emana la bondad de los viejos, tan viejo; / está abierto, y su fondo vierte, cual vino añejo, / oscuras oleadas de aromas obsesivas. / Repleto, es una barullo d
el baile de los ahorcadosEn la horca negra bailan, amable manco, / bailan los paladines, / los descarnados danzarines del diablo; / danzan que danzan sin fin / los esqueletos de Saladín. / ¡Monseñor Belzebú tira de la corbata / de su
el barco ebrioSegún iba bajando por ríos impasibles, / me sentí abandonado por los hombres que sirgan: / Pieles Rojas gritones les habían flechado, / tras clavarlos desnudos a postes de colores. / Iba, sin preocuparme
el castigo de tartufoAtizando, cual fuego, un corazón amante / so capa casta y negra, feliz, mano enguantada, / un día que se iba, atroz, manso, amarillo, / babeando su fe por su boca sin dientes, / un día que se iba, «Oremus
el corazón robado¡Mi triste corazón babea a popa, / mi corazón que colma el caporal / y me vierten en él chorros de sopa, / mi triste corazón babea a popa: / con las bromas sangrientas de la tropa / que brama un carcajeo ge
el durmiente del valleEs un claro del bosque donde canta un río, / Cuelgan enloquecidamente de las hierbas harapos / De plata; donde el sol de la orgullosa montaña / Luce: un pequeño valle espumoso de luz. / Un soldado, joven,
el herreroCon el brazo en la maza gigantesca, terrible / de embriaguez y grandeza, frente ancha, boca enorme / abierta, cual clarín de bronce por la risa, / con su hosca mirada, sujetando a ese gordo, / al pobre Lu
el justo se sentaba…El Justo erguía, recto, sus sólidas caderas: / un rayo le doraba los hombros; el sudor / me invadió: «¿Quieres ver bólidos que rutilan / y, puesto en pie, escuchar cómo zumba el fluir / de los lácteos ast
el malMientras que los gargajos rojos de la metralla / silban surcando el cielo azul, día tras día, / y que, escarlata o verdes, cerca del rey que ríe / se hunden batallones que el fuego incendia en masa; / mie
el relámpago¡El trabajo humano es la explosión que ilumina mi abismo de cuando en cuando! / «Nada es vanidad; en marcha hacia la ciencia, ¡y adelante!» grita el Eclesiastés moderno, lo que quiere decir Todo el
el sueño del escolarEra la primavera, y Orbilio languidecía en Roma, enfermo, inmóvil: / entonces, las armas de un profesor sin compasión iniciaron una tregua: / los golpes ya no sonaban en mis oídos / y la tralla ya no cr
en cuclillasTarde, cuando ya siente náuseas en el estómago, / el lego Milotús, con su ojo en la tronera / por donde el sol naciente, calderón deslumbrante, / le lanza una migraña que le nubla la vista, / remueve entr
en el cabaret-verdeA las cinco de la tarde / Llevaba ya ocho días con los botines rotos / por culpa de los guijos; y a Charleroi llegué. / En el Cabaret-Verde, encargué unas tostadas / de manteca y jamón jugoso y cal
fiesta galanteEscapin, Soñador, / se frota su minina / bajo su protector. / La dulce Colombina / experta ya en el amor / ––do, mi, sol, do––, anima / al ojo zapador / que, de pronto, transmina, / embriagado, su ardor.
jesús de nazaretEn aquel tiempo Jesús vivía en Nazaret: / Crecía en virtud el niño y también crecía en años. / Una mañana, cuando vio que los tejados se ponían rubescentes / salió de su cama, mientras todo dormía bajo
la brisaEn su retiro de algodón, / con suave aliento, duerme el aura: / en su nido de seda y lana, / el aura de alegre mentón / Cuando el aura levanta su ala, / en su retiro de algodón / y corre do la flor lo llama / s
la durmiente del valleUn hoyo de verdor, por el que canta un río / enganchando, a lo loco, por la yerba, jirones / de plata; donde el sol de la montaña altiva / brilla: una vaguada que crece en musgo y luz. / Un soldado, sin c
la estrella lloró rosa…La estrella lloró rosa, prendida de tu oído, / el infinito, blanco, roló por tus espaldas, / el mar tornasoló pelirrojo tus tetas / y el hombre sangró negro por tu flanco de diosa.
la mala sangreDe mis antepasados galos, tengo los ojos azul pálido, el cerebro pobre y la torpeza en la lucha. Me parece que mi vestimenta es tan bárbara como la de ellos. Pero yo no me unto de grasa la cabelle
la orgía parisina o parís vuelve a poblarse¡Cobardes, aquí está! ¡La estación os vomita! / El sol ha enjugado con su ardiente pulmón / los paseos que un día ocuparon los Bárbaros. / Ésta es la Ciudad santa, sentada al occidente. / ¡Vamos! se han p
la resplandeciente victoria de sarrebruckEmperador en medio, en una apoteosis / azul y gualda: avanza, tieso sobre el caballo, / deslumbrante, dichoso, pues lo ve todo en rosa, / feroz como el dios Zeus, manso como un papá; / abajo, los Bisoños,
la tunantaEn el comedor pardo, que perfumaba una / mezcla de olor de fruta y de barniz, a gusto, / me hice con un plato de no sé qué guisado / belga, y me arrellané en una enorme silla. / Mientras comía, oí el relo
las despiojadorasCuando la frente infante, con sus rojas tormentas / convoca al blanco enjambre de los sueños difusos, / llegan junto a su cama dos hermanas risueñas / con sus gráciles dedos de uñas argentinas. / Sientan
las hermanas de caridadEl joven cuyos ojos son brillantes, con cuerpo / moreno, que debiera ir desnudo a su edad, / con su frente ceñida de cobre, ante la luna, / adorado por Persas, Genio desconocido, / desbocado, aunque tiene
las manos de jeanne-marieJeanne-Marie tiene las manos fuertes, / manos oscuras que ha curtido el sol, / pálidas manos, como manos muertas. / ––¿De Juana estas manos son? / ¿Han absorbido morenas pomadas / por el mar de la voluptuos
las respuestas de ninaÉl.- Regazo contra regazo, / ¿y si nos fuéramos, / por la luz fresca y radiante, / y el pecho lleno / de un alba azul que nos baña / de vino y sol? / Cuando el bosque sangra, trémulo, / mudo de amor: / verdes got
lilio¡Oh columpios! ¡Oh lilios! ¡Clisobombas de plata! / ¡Que esquivais los trabajos y despreciais las hambres! / ¡El amor detergente de la aurora os delata / y dulzuras de cielo os pringan los estambres!
lo imposible¡Ah! Aquella vida de mi infancia, la gran ruta a través de todos los tiempos, sobrenaturalmente sobrio, más desinteresado que el mejor de los mendigos, orgulloso de no tener ni país ni amigos, qué
los cuervosSeñor, cuando los prados están fríos / y cuando en las aldeas abatidas / el ángelus lentísimo acallado, / sobre el campo desnudo de sus flores / haz que caigan del cielo, tan queridos, / los cuervos delicio
los despavoridosNegros en la nieve y en la bruma, / frente al gran tragaluz que se alumbra / con su culo en corro, / de hinojos, cinco niños con hambre / miran cómo el panadero hace / una hogaza de oro… / Ven girar al brazo
los labios cerradosExiste en Roma, en la Sixtina / cubierta de emblemas cristianos / una vitrina escarlatina / do secan nasos muy ancianos / Nasos de ascetas tebaídicos, / nasos de prestes del Grial / do nacieron nocturnos tísi
los pobres en la iglesiaAparcados en bancos de roble, en los rincones / de la iglesia que entibia su aliento, con los ojos / clavados en el coro dorado, mientras brama / la escolanía cánticos piadosos por sus fauces, / aspirando
los poetas de siete añosY la Madre, cerrando el libro del deber / se marcha, satisfecha y orgullosa; no ha visto / en los ojos azules y en la frente abombada, / el alma de su hijo esclava de sus ascos. / Durante todo el día suda
los sentadosCostrosos, negros, flacos, con los ojos cercados / de verde, dedos romos crispados sobre el fémur, / con la mollera llena de rencores difusos / como las floraciones leprosas de los muros; / han injertado
mañana¿No tuve acaso una vez una juventud amable, heroica, fabulosa, digna de escribirse en hojas de oro? —¡Demasiada suerte! ¿Por culpa de qué crimen, de qué error, me hice merecedor a mi debilidad act
mi bohemia(Fantasía) / Me iba, con los puños en mis bolsillos rotos… / mi chaleco también se volvía ideal, / andando, al cielo raso, ¡Musa, te era tan fiel! / ¡cuántos grandes amores, ay ay ay, me he soñado!
mis pequeñas enamoradasUn hidrolito lagrimal lava / los cielos color de berza / bajo el árbol de tiernos retoños / que vuestros cauchos babea, / blancos, con sus lunas singulares / y sus redondos pialatos: / ¡entrechocad vuestras r
muertos del noventa y dosMuertos del Noventa y dos y del Noventa y tres, / que, pálidos del beso que da la libertad, / tranquilos, destrozasteis con los zuecos el yugo / que pesa sobre el alma y la frente del mundo; / Hombres ext
noche del infiernoMe tragué un magnífico sorbo de veneno.— ¡Bendito sea tres veces el consejo que me dieron!— Las entrañas me queman. La violencia del veneno retuerce mis extremidades, me deforma, me tumba contra e
ofeliaI / En las aguas profundas que acunan las estrellas, / blanca y cándida, Ofelia flota como un gran lirio, / flota tan lentamente, recostada en sus velos… / cuando tocan a muerte en el bosque lejano. / Hace
oración del atardecerComo un ángel sentado en manos de un barbero, / vivo, alzando la jarra de profundos gallones, / combados hipogastrio y cuello, con mi pipa, / bajo un henchido viento de leves veladuras. / Como excrementos
oscuro y fruncido como un clavel morado…Oscuro y fruncido como un clavel morado, / respira, abrigado entre el musgo humildemente, / húmedo aun del amor que fluye lentamente / por sus blancas nalgas hasta su borde orlado. / Filamentos parecidos
primera veladaDesnuda, casi desnuda; / y los árboles cotillas / a la ventana arrimaban, / pícaros, su fronda pícara. / Asentada en mi sillón, / desnuda, juntó las manos. / Y en el suelo, trepidaban, / de gusto, sus pies, tan
rabias de césaresEl Hombre exangüe, por los prados florecidos, / camina, va de negro, con el puro en la boca; / El Hombre exangüe evoca Tullerías en flor, / -y su ojo, muerto, a veces cobra brillos de fuego…. /
sensaciónIré, cuando la tarde cante, azul, en verano, / herido por el trigo, a pisar la pradera; / soñador, sentiré su frescor en mis plantas / y dejaré que el viento me bañe la cabeza. / Sin hablar, sin pensar, i
sol y carne¡Si volviera el tiempo, el tiempo que fue! / Porque el hombre ha terminado, el hombre / representó ya todos sus papeles. / En el gran día, fatigado de romper los ídolos, / resucitará, libre de todos sus d
sueño para el inviernoEn invierno nos iremos, sobre cojines azules, / en un vagoncito rosa. / Tan a gusto, cuando un nido de besos locos se duerme / en cada blando rincón. / Cerrarás los ojos para no mirar por los cristales / la
sueño para el invierno (otra versión)En el invierno iremos en un vagoncito rosa / con almohadones azules. / Estaremos bien. Un nido de besos locos reposa / en cada una de las blandas esquinas. / Cerrarás los ojos para no ver a través del cri
sueño para el invierno 1En el invierno viajaremos en un vagón de tren / con asientos azules. / Seremos felices. Habrá un nido de besos / oculto en los rincones. / Cerrarán sus ojos para no ver los gestos / en las últimas sombras, /
venus anadiomenaComo de un ataúd verde, en hoja de lata, / con pelo engominado, moreno, y con carencias / muy mal disimuladas, de una añosa bañera / emerge, lento y burdo, un rostro de mujer. / El cuello sigue luego, cra
vocalesA negro, E blanco, I rojo, U verde, O azul: vocales / algún día diré vuestro nacer latente: / negro corsé velludo de moscas deslumbrantes, / A, al zumbar en tomo a atroces pestilencias, / calas de umbría;
yugurtaI / Ha nacido en las colinas de Arabia un niño enorme, y el aura leve ha dicho: / «¡Éste es el nieto de Yugurta!…» / Hacía poco tiempo que había desaparecido por los aires aquel que pronto sería para la
¡la hemos vuelto a hallar!¡La hemos vuelto a hallar! / ¿Qué?, la Eternidad. / Es la mar mezclada / con el sol. / Alma mía eterna, / cumple tu promesa / pese a la noche solitaria / y al día en fuego. / Pues tú te desprendes / de los asuntos