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arquíloco

algún sayo alardea con mi escudo, arma sin tacha
Algún Sayo alardea con mi escudo, arma sin tacha, / Que tras un matorral abandoné, a pesar mío. / Puse a salvo mi vida. ¿Qué me importa el tal escudo? / ¡Váyase al diantre! Ahora adquiriré otro no peor.
autorretrato
En mi lanza / llevo ensartados panes. / Por mi lanza / escurre vino de Ismaros. / Apoyado en mi lanza, / de pie, en el alto, / sano, sereno, impasible, / como y bebo.
corazón, corazón de irremediables penas agitado
Corazón, corazón de irremediables penas agitado, / ¡álzate! Rechaza a los enemigos oponiéndoles / el pecho, y en las emboscadas traidoras sostente / con firmeza. Y ni, al vencer, demasiado te ufanes, / ni
estas son las palabras que yo le dije
Estas son las palabras que yo le dije; / y a la muchacha entre las flores / exuberantes abracé / y la hice acostarse; con un blando / manto la cubrí, apoyando en mis brazos su cabeza, / temblando de miedo / c
la estación de la fuga
…si bajo poderosa fuerza de un dios / no hay que llamarlo flojera o vileza, / está bien que nos lanzáramos a huir de males devastadores. Huir tiene su temporada. / También una vez Télefo, el descendient
me dan dentera…
Me dan dentera / esos oficialillos barbilindos / que se pavonean por el campamento / con sus escudos labrados, / al aire las cabelleras / perfumadas. / Creen saber ya / todos los secretos / del arte militar. / Yo p
no me gusta el general corpulento o que a zancadas camina
No me gusta el general corpulento o que a zancadas camina / o que presume de rizos o cuida su afeitado. / El mío ha de ser menudo, que en sus canillas se aprecie que es zambo, / plantado firmemente sobr
soy yo, a la vez, servidor del divino enialio
Soy yo, a la vez, servidor del divino Enialio / y conocedor del amable don de las Musas.
y tomando a la doncella
Y tomando a la doncella, / la recosté sobre las flores, y cubriéndola / con un suave manto, sosteniendo su cuello entre mis brazos, / mientras temblaba de miedo como un cervatillo ante el lobo, / acaricié
ya no hay suceso imprevisto, ni abominable
Ya no hay suceso imprevisto, ni abominable, / ni asombroso, toda vez que Zeus, padre de Olímpicos, / el mediodía lo tornó en noche, ocultando la luz / del sol radiante; empapó a los humanos el temor. / De