antonio gala
alargaba la mano y te tocabaAlargaba la mano y te tocaba. / Te tocaba: rozaba tu frontera, / el suave sitio donde tú terminas, / sólo míos el aire y mi ternura. / Tú moras en lugares indecible
almuñécarDurante un anochecer en esta playa te amé tanto / que una respiración / para los dos bastaba. / Suspendieron el mar, para mirarnos, / su armonioso escalofrío, / y su
arrebátame, amor, águila esquivaArrebátame, amor, águila esquiva, / mátame a desgarrón y a dentellada, / que tengo ya la queja amordazada / y entre tus garras la intención cautiva. / No finjas más
atardeció sin tiAtardeció sin ti. De los cipreses… / a las torres, sin ti me estremecía. / Qué desgana esperar un nuevo día / sin que me abraces y sin que me beses. / A fuerza de t
aún eres mío, porque no te tuveAún eres mío, porque no te tuve. / Cuánto tardan, sin ti, / las olas en pasar… / Cuando el amor comienza, hay un momento / en que Dios se sorprende / de haber urdido
bagdadTenía tanta necesidad de que me amaras, / que nada más llegar te declaré mi amor. / Te quité luces, puentes y autopistas, / ropas artificiales. / Y te dejé desnuda,
bahía¿Cómo comer sin ti, sin la piadosa / costumbre de tus alas / que refrescan el aire y renuevan la luz? / Sin ti, ni el pan ni el vino, / ni la vida, ni el hambre, ni
bajo los fuegos de fugaces coloresBajo los fuegos de fugaces colores / que iluminan el aire de la noche, / dame tu mano. / Mira abrirse las palmeras doradas, rojas, verdes; / caen los frutos azules
bajo qué ramas, di, bajo qué ramasBajo qué ramas, di, bajo qué ramas / de verde olvido y corazón morado / la roja danza muerde tus talones / y te estrechan amantes amarillos. / Desde qué repentina l
cómo comer sin ti¿Cómo comer sin ti, sin la piadosa / costumbre de tus alas / que refrescan el aire y renuevan la luz? / Sin ti, ni el pan ni el vino, / ni la vida, ni el hambre, ni
cómo retumba amor, cómo resuenaCómo retumba amor, cómo resuena / tu nombre, suelto en flor, por los collados: / su aletear de palomos azorados / ni el orden de la noche lo serena. / Cuánta luna y
condenaA trabajos forzados me condena / mi corazón, del que te di la llave. / No quiero yo tormento que se acabe, / y de acero reclamo mi cadena. / Ni concibe mi mente may
el arma que te di pronto la usasteEl arma que te di pronto la usaste / para herirme a traición y sangre fría. / Hoy te reclamo el arma, otra vez mía, / y el corazón en el que la clavaste. / Si en tu
ellaBebió en tu boca el tiempo enamorado / y la cuajó con besos de paloma. / Casto tu cuello, sobre el oro asoma / tan sólo por el oro acariciado. / Lunado el pelo, el
enemigo íntimoHay tardes en que todo / huele a enebro quemado / y a tierra prometida. / Tardes en que está cerca el mar y se oye / la voz que dice: «Ven». / Pero algo nos retiene t
es hora ya de levantar el vueloEs hora ya de levantar el vuelo, / corazón, dócil ave migratoria. / Se ha terminado tu presente historia, / y otra escribe sus trazos por el cielo. / No hay tiempo
hoy encuentro, temblando ya y vacíaHoy encuentro, temblando ya y vacía, / la casa que los dos desperdiciamos / y el vago sueño del que despertamos / sin habernos dormido todavía. / Acordarse del agua
hoy me pasa el amor de parte a parteHoy me pasa el amor de parte a parte. / Temo encontrarte y no reconocerte. / Temo extender la mano y no tocarte. / Temo girar los ojos y no verte. / Temo gritar tu
la luna nos buscó desde la almenaLa luna nos buscó desde la almena, / cantó la acequia, palpitó el olvido. / Mi corazón, intrépido y cautivo, / tendió las manos, fiel a tu cadena. / Qué sábanas de
maitinesCallad, amantes, y ocupad el labio / con el beso. No pronunciéis palabras vanas / mientras se busca vuestro corazón / en otro pecho, jadeante y pobre / como el vues
me sorprendió el verano traicioneroMe sorprendió el verano traicionero / lejos de ti, lejos de mí muriendo. / Junio, julio y agosto, no os entiendo. / No sé por qué reís mientras me muero. / Vengan n
mediterráneoMi cinturón aprieta tu cintura, / y tu sonrisa, mi corazón. / Sobrevolamos las islas indecibles / y a nuestro paso las nubes se disipan. / ¿Cómo regresar al beso la
mi cinturón aprieta tu cinturaMi cinturón aprieta tu cintura, / y tu sonrisa, mi corazón. / Sobrevolamos las islas indecibles / ya nuestro paso las nubes se disipan. / ¿Cómo regresar al beso y l
mientras yo te besabaMientras yo te besaba / te dormiste en mis brazos. / No lo olvidaré nunca. / Asomaban tus dientes / entre los labios: / fríos, distantes, otros. / Ya te habías ido. / Deb
nadie mojaba el aireNadie mojaba el aire / tanto como mis ojos. / Me decías: «¿Trabajas?» / Me decías: «¿Ya es la hora del té?» / Y yo no te decía: «Te amo»; / no te decía: / «Eres todo lo
no por amorNo por amor, no por tristeza, / no por lo nueva soledad: / porque he olvidado ya tus ojos / hoy tengo ganas de llorar. / Se va la vida deshaciendo / y renaciendo sin
por mi cuello tu mes de abril resbalaPor mi cuello tu mes de abril resbala / y su música templa mi recelo. / De tu mano pasea amigo el cielo / y en mis hombros sus cármenes instala. / Tu alegría desata
por saber tuyo el vaso en que bebíasPor saber tuyo el vaso en que bebías, / una tarde de junio lo rompiste. / Bebió la tierra el agua, limpia y triste, / y ahora tienes la sed que no tenías. / Quizá o
quién pudiera morderte lentamenteQuién pudiera morderte lentamente / como a una fruta amarga en la corteza. / Quién pudiera dormir en tu aspereza / como el día en la sierra del poniente. / Quién pu
quizá el amor es simplemente estoQuizá el amor es simplemente esto: / entregar una mano a otras dos manos, / olfatear una dorada nuca / y sentir que otro cuerpo nos responde en silencio. / El grito
si todo acabó yaSi todo acabó ya, si había sonado / la queda y su reposo indiferente, / ¿qué hogueras se conjuran de repente / para encenderme el pozo del pasado? / ¿Qué es esta jo
si ya no vienesSi ya no vienes, ¿ para qué te aguardo? / Y si te aguardo, di por qué no vienes, / verde y lozana zarza que mantienes / sin consumirte el fuego donde ardo. / Cuánto
soneto de la zubiaTú me abandonarás en primavera, / cuando sangre la dicha en los granados / y el secadero, de ojos asombrados, / presienta la cosecha venidera. / Creerá el olivo de
soneto verdeCuando en octubre amor por la semilla / conspira con abril de la mirada / me subyugó una rosa equivocada: / si verde corazón, tez amarilla. / De una la noche en otr
tengo la boca amargaTengo la boca amarga y no he mordido; / el alma, atroz, y la canción, tronchada. / No sé qué fuerza traigo en la mirada, / ni qué traigo en mi cuello, de vencido.
tu amor, ayer tan firme, es tan ajenoTu amor, ayer tan firme, es tan ajeno, / tan ajenas tu boca y tu cintura, / que me parece poca la amargura / de que hoy mi alrededor contemplo lleno. / El mal que h
viene y se vaViene y se va, caliente de oleaje, / arrastrando su gracia por mi arena. / Viene y se va, dejándome la pena / que, por no venir solo, aquí me traje. / Viene y se va
voy a hacerte felizVoy a hacerte feliz. Sufrirás tanto / que le pondrás mi nombre a la tristeza. / Mal contrastada, en tu balanza empieza / la caricia a valer menos que el llanto. / C
y la luna eras túY la luna eras tú. / Una luna creciente, blanca, fría. / Mirabas hacia el mar y hacia las cosas / que no eran yo. / Y con cuánto silencio te gritaba / -creciente, bla
ya nunca más diré: todo terminaYa nunca más diré: «Todo termina», / sino: «Sonríe, alma, y comencemos.» / En nuevas manos pongo nuevos remos / y nuevas torres se alzan de la ruina. / Otra alegre