antonio cabrera
amor fatiEl crepitar / de unas ramas de olivo / que se queman sin prisa tras la poda, / el ímpetu del pájaro en el cielo, / su timidez en el arbusto, el áspero / zarzal y la humareda / me están pidiendo / una confirmaci
esta paz anodinaA menudo me observo / y aprecio en mí tu falta, / un vacío que borra mi relieve, / que pacta con los días esta paz anodina. / Entonces, nada pienso, nada sé. / Te llamo alma, con un cuidado extremo. / y escoj
ideaHe anotado esta idea: El silencio no existe. / La he descubierto en mí mientras miraba / unas fotografías / que alguien tomó en un paisaje nórdico. / Podía ver en ellas la rara condición / de una llanura en
la distanciaYo decía palabras y escuchaba / las que a mí me decían. / Mientras, / inadvertidamente, / se iba alimentando la mañana / con el néctar de luz de los almendros / hasta forjar / una callada majestad: el día. / Yo h
la estación perpetuaEl invierno se fue. ¿Qué habré perdido? / ¿Qué desapareció, con él, de mi conciencia? / (Esta preocupación -seguramente absurda- / por conocer aquello que nos huye, / me obliga a convertir el aire frío / en
la intimidadVine hasta aquí para escuchar la voz, / la voz que según dicen nos habla desde dentro / y endulza la verdad si la verdad / merece una degustación serena, / o la hace más amarga si es amarga, / con sólo pron
lugar de ruiseñoresEstá junto a una fuente. No es secreto. / Un barranco con zarzas, con aliagas, / con rosales silvestres, con adelfas. / Es un espacio donde el tiempo esculpe / un bronce vegetal exacto y limpio. / A ese lug
meditación del cristalTras el cristal que lo protege / hay un gesto afligido. / Los músculos de un torso / –su latir dibujado– / gimen / en la tensa postura / que los mantiene entre la rigidez / y la elegancia quebradiza: / una mano e
narcisos(Narcissus poeticus) / Me indicó alguien / que aquellas flores blancas crecidas entre juncos / eran narcisos. / En pleno mes de enero, florecían / bajo el cielo nublado y la inclemencia. / Así pues, el narcis
páramos altosAltos son estos páramos que cruzo, / país de la intemperie. Las sabinas, / con un pétreo porqué, / han tejido sus ramas geológicas / en conos de esmeralda que el aire ensucia y seca. / La calima me roba el
poesía y verdadA Carlos Marzal / En la naturaleza no hay nada melancólico, / aseguraba Coleridge. / He salido a mirar / entre las nubes mansas / una luz semejante a la luz triste / que escriben los poetas. / El resplandor sol
un segundoTengo las manos frías. / He salido a la calle, / he resuelto el asunto banal correspondiente / y he regresado a casa para ocupar de nuevo / mi sitio en esta mesa. / He descubierto entonces / la frialdad de mi
vestigioUna luz enredada entre objetos y libros / –una luz que es la huella que ha dejado la luz– / ahora me descubre la presencia del tiempo, / su transcurso y su instante. / A mi lado, el vestigio / de la mañana