antonin artaud
correspondencia de la momiaEsa carne que ya no se tocará en la vida, / esa lengua que ya no logrará abandonar su corteza, / esa voz que ya no pasará por las rutas del sonido, / esa mano que
descripción de un estado físicoUna sensación de quemadura ácida en los miembros, / músculos retorcidos e incendiados, el sentimiento de ser un vidrio frágil, / un miedo, una retracción ante e
el ombligo de los limbosAllí donde otros exponen su obra yo sólo pretendo mostrar mi espíritu. / Vivir no es otra cosa que arder en preguntas. No concibo la obra al margen de la vida
el yunque de las fuerzasEse flujo, esa náusea, esas tiras: aquí comienza el fuego. El fuego de lenguas. El fuego tejido en flecos de lenguas, en el reflejo de la tierra que se abre
la tara tóxicaEvoco el mordisco de inexistencia y de imperceptibles cohabitaciones. Venid, psiquiatras, os llamo a la cabecera de este hombre abotagado pero que todavía r
los enfermos y los médicosLa enfermedad es un estado, / la salud no es sino otro, / más desagraciado, / quiero decir más cobarde y más mezquino. / No hay enfermo que no se haya agigantado, n
nocheLos mostradores del cinc pasan por las cloacas, / la lluvia vuelve a ascender hasta la luna; / en la avenida una ventana / nos revela una mujer desnuda. / En los od
poeta negroPoeta negro, un seno de doncella / te obsesiona / poeta amargo, la vida bulle / y la ciudad arde, / y el cielo se resuelve en lluvia, / y tu pluma araña el corazón de
primera carta conyugalCada una de tus cartas aumenta la incomprensión y la estrechez de espíritu de las anteriores; juzgas con tu sexo / y no con tu pensamiento como lo hacen todas
segunda carta conyugalNecesito a mi lado una mujer sencilla y equilibrada, y cuya alma agitada y oscura no alimentara continuamente mi desesperación. Los últimos tiempos te veía
tercera carta conyugalDesde hace cinco días he dejado de vivir a causa de ti, a causa de tus estúpidas cartas, por tus cartas no de espíritu sino de sexo, por tus cartas llenas d
texto surrealistaEl mundo físico todavía está allí. Es el parapeto del yo el que mira y sobre el cual ha quedado un pez color ocre rojizo, un pez hecho de aire seco, de una
una de sus últimas declaraciones«Sé que tengo cáncer. Lo que quiero decir antes de morir es que odio a los psiquiatras. En el hospital de Rodez yo vivía bajo el terror de una frase: «El se