ángeles carbajal
a vecesA veces nada ocurre y todo pasa, / y la vida es / débil música / mojada por la lluvia / -quizá tan sólo desconsuelo-; / ella misma me tiende / no sé si una mano o una trampa; / un papel en el que escribo / un poe
ajuste de cuentasReconozco, alma mía, tu candidez. / Sé que malherida mientes / detrás de una sonrisa / por no devolverle al mundo / su verdad y su miseria. / Pero reconozco también tu pereza, / tu desprecio, tu indiferencia;
algunas tardes de domingo tienen los ojos tristesAlgunas tardes de domingo tienen / los ojos tristes. / Es como si en ellas / se hubiera detenido la vida para siempre. / Lirios azules, pensamientos, / silenciosa enredadera de las madreselvas; / las humildes
debajo corre el aguaBajo los playeros las mismas rocas, / cubiertas de pétalos y ramas; / desde ellas asciendes y me alcanzas, / oscura hiedra de las tardes perdidas. / Debajo corre el agua. / Seguiré adelante / con el jersey at
detrás de la palabra nadaDetrás de la palabra nada / miro la blancura / de esta playa alargándose / como un bello animal dormido / (su piel de arena brilla). / Desde este acantilado / suspendido en la noche / comprendo que no sé nada d
distraída felicidadEs el vaivén cíe la ciudad / amigable escaparate / de una vida que parece lo que es; / suave roce de ricas telas, / delicioso goteo de sutiles aromas, / café, conversaciones, risas, / libros tan buenos que em
dos lugares en el mundoSobre la mesa varias fotografías de Taliesin West, / casa, taller y escuela hecha de lonas, / madera pintada y piedra sin pulir, y / desde su dilatado espacio horizontal / abierta en logia al sol, a la ve
el lugar de la dichaSe vuelve al lugar de la dicha / para saber que fue cierta, / que mienten las pupilas rotas de febrero, / el miedo en el reloj; / el asfalto que brilla en la noche / y se duerme / en una esquina de tu cama.
en el caminoTodo queda en el camino: / los brazos abiertos / y este no ir a parte alguna; / todas las inútiles preguntas, / los pasos sin fin. / Detrás de los cristales de la noche / hay un horizonte eterno / que ha vivido
en la rama de un cerezoQué importa que no me quieras; / en la rama de un cerezo / la primavera se deja / tocar el corazón.
estiloMe cuentan que te vieron, / que llevabas un traje sastre, / un traje estilo en la edad / del remordimiento. / Yo que no tengo esa edad, / pero sí el remordimiento / -de lo que no te he sabido decir, / de lo que
estos frágiles instantesRecuerda: estos frágiles instantes / que caminan hacia el olvido / no son la vida, somos nosotros. / Ella seguirá distante, / no va a pedir disculpas / ni ha de volvernos a ver.
extraño despertarExtraño despertar. / Abro el armario y encuentro / la toalla de aquella lluvia / de verano contigo. / Abro el armario / y encuentro ropa de entonces, / tan tibia al amor de ayer. / Y me parece extraña la vida. /
fuiFui un loco enamorado, / pero un día atendí a razones / y ahora soy / la sombra airada / que recorre mi desconsuelo.
insomnioNoche más allá de la noche, / cuando las palabras / no escriben el poema, / y el poema sin palabras / es el poema infinito.
jardins du luxembourgDe un azul cielo, y leve, y perezoso, / pasean al atardecer, entre el día y la noche / como entre dos delicadezas. / Sonríen mientras leen, y en sus pupilas / hay algo transparente, tan dulce, / tan nunca s
la primera palabra de tu regresoVolveremos a subir’ / los peldaños granates de las tardes. / Pero antes, deja que se vaya / todo lo que te abandonó o abandonaste / y adivina quién / lee tus libros y escoge / para ti palabras / que se pronunci
la soledad no sabeLa soledad no sabe / tomar decisiones por su cuenta, / llegar a un acuerdo, por ejemplo, / con su legítima tristeza. / Cuando todo lo perdido / rebrota en la medianoche, / amurallada y vencida / bajo la persist
la sombra de otros díasPero, ¿alguien ha existido alguna vez / que no se retorciera de dolor por la dicha pasada? / John Keats / Bien lo sé, somos criaturas del aire, / de las corrientes aguas, puras, cristalinas, / de los árbole
la tierra prometidaFue corto el viaje: / un instante, una eternidad, un mundo; / la vida entera. / Alguien me acompañaba / y se alejó después. / En soledad, no pude / soportar aquella dulce / tierra prometida, / y como alma que lle
los ojos más dulces de la tierraDesengañémonos: / aquellos que más nos quieren / no nos convienen nunca. / Acaban siempre / por tener que tomar alguna / decisión muy grave; nos dejan. / Cuando unos días más tarde / nos caemos en medio de la c
maleficioLa arena de otra orilla, / la noche de otro cielo, / una silenciosa madrugada / con el mar al fondo / como un sueño. / Otras manos en mis manos. / Otras calles y no éstas. / Mi vida / es una cita a ciegas / a la qu
mi casaMargaritas, petunias, geranios, / vacas, grillos, cordeles, cestos, / mariquitas de Dios, maíz, telas de araña. / Las golondrinas dibujan / sobre la pared encalada / idénticos e irrepetibles vuelos. / Sombrer
poéticaTal vez tengas razón / y sea una tonta manía / la de intentar convencer a las palabras / para que escriban juntas un poema / que hable de ti, de mí… / si todo lo que somos ya lo saben / estos días azules / y a
qué extraña toda esa genteQué extraña toda esa gente. / Llenan los comercios, las calles, las oficinas, / amables, bien vestidos, sonrientes. / Qué extraña toda esa gente / a la que el corazón sólo obliga / a dejar de fumar y / hacer
razonesPorque ya no sufro / ni sueño / con ella. / Porque tantas veces nunca, / tantas veces nadie, / tantas veces nada… / (y porque / a mi edad ya no soporto / despertarme en mitad / de una mentira) / empiezo a perderle / el
resacaMis resacas, amigos, / nunca fueron de alcohol, / sólo de desesperanza y de tristeza. / ¿Debí tal vez / confiaros mi debilidad / y dejarme llevar, / alegre y feliz, / por lo vivido? / Preferí tener sobre los homb
sólo un recuerdoSalí del hotel, tomé un taxi, / tuve que huir con helada locura / de la ciudad que amaba. / No volverían a detenerse en ella / los pasos de la felicidad, / nunca más en el aire / iba a encontrar su risa, nunc
tarde de julioTu carta se quedó inacabada / en el último renglón de la melancolía. / Llueve. / La habitación, casi a oscuras, / es una burbuja. / Detrás de los cristales / un cielo impetuoso / golpea lo que debiera deshojar;
túHoy de nuevo he buscado / la mesa de un café / para leer, / para escribir este poema, / para no entender / lo que no entiendo, / para imaginarte / como tantas veces, / en la penumbra / de las horas lentas, / entre la
tu casaTu casa aparece en mi sueño. / Un aire pequeño habita sus rincones / y a veces se duerme / y parece que no está. / Yo paseo por ella descalza, / cubierta apenas / por una camisa blanca / de algodón. / Y hacemos a
tú, otra vezQue no hayas existido, / que no existas, / que no hayas de existir jamás, / nada importa; / nunca sabré perderte.
últimos auxiliosAl final caemos solitarios / junto a otros solitarios. / Sobre el puente levadizo de la noche / cruza la luna y parece esconder / su cara de exilio y contrabando; / cruza la luna y se lleva tus ojos, / y de r
un espacio para tíHabrá un día en mi vida / un espacio para ti al que siempre / podrás volver sin que te haga daño; / allí donde yo te haya olvidado / y tú no me recuerdes. / Entretanto, no temas. / Ya sabes que el invierno es
una gota de aguaUna gota de agua sobre un cristal se vuelve a veces / un borroso círculo de polvo. Yo no quiero que esta / lágrima -y por eso me la trago / se convierta en otra cosa.
viejos amigosEn la calle tomada por el frío / y por los compradores de regalos / cruzamos unas palabras que me recuerdan / días de paciencia y desventura. / Una fotografía de entonces / tiene un fondo de árboles incande
vivirVuelve a tu memoria / aquella aldea de humo, su cabello, / y el rumor de la brisa entre las ramas. / Fue un día feliz. / Y recuerdas que ya entonces / supiste que hoy te iba a doler / su eterno esplendor, tu
volverSin saber por qué, has vuelto, / y miras la tarde soleada: la misma enredadera verde, / las flores junto al muro, la verja de hierro carcomido, / el amarillo pálido de la pared gastada. / Has vuelto como