PAIS POEMA

Libros de ángel garcía lópez

Autores

ángel garcía lópez

así como el atleta
Mi cuerpo es como un pájaro. Me alzo / sobre una cordillera de gorriones. / Las alas me empujaron en el salto, / se me llenó la carne de motores. / Hoy he vuelto a la vida. Libre, gano / mi oficio milagroso
besarte no es amor
Besarte no es amor, es irte oliendo / igual que huele el macho a su collera; / es saberte paloma mensajera / al gavilán las alas abatiendo. / Besarte no es amor, es ir pidiendo / besana donde hundir mi seme
contigo a las orillas del atlántico
Amor, contigo sólo y con la ola / en risa nueva y prisa apresurada. / Que tu boca me aloca, desbocada, / con bocados de mar y caracola. / Amor, ¿estoy contigo a solas, o la / luna cambia mi sombra desvelada
cuando pasa una joven como tú salta el pecho
Cuando pasa una joven como tú salta el pecho, / se compran las parcelas de este sitio acotado. / No hay un cuerpo en la tarde que te iguale, criatura. / Porque vas explicando lo que queda de verte, / poni
cuando toco tu mano siento el río
Cuando toco tu mano siento el río / de las madres, el agua y sus veneros, / la siembra por hacer y los aperos / de mi labranza muerta en calorfrío. / Cuando toco tu piel, todo el rocío, / la madre tierra, c
de cuando no sabía las letras de tu nombre
Porque tu nombre estaba todavía / sin estrenar los labios, porque era / un acertijo más, una pulsera, / un trino de gorrión que no sabía. / Porque tu nombre estaba como un día / sin pájaros, oasis sin palme
de cuando nos nevaba y te reías
Llueve la nieve y llueve en tu mirada. / La nieve nieva y llueve tan deshora, / que a tus ojos, tan negros, los decora / de una pequeña ruta de nevada. / Está nevando nieve enamorada. / La nieve por tus ojo
dibujo corporal
Cuando me llegas con tu luz y ordeno la gran copa caliente, / tus cabellos, tu novia mano de lebrel. / Y acuesto la carne junto a ti, / dejado el ventanal con sol, todo el silencio en sombra. / Y se deslu
el baile
Porque tu pie no es árbol, sino vuelo, / paloma desmandada, extenso ramo, / la nota más viajera a tu reclamo / solucionó lo grávido del suelo. / Porque tu pie volaba por el cielo / con peso de sonoro miligr
el poeta recuerda un 23 de abril
Si no fueses así, tan miniatura, / tan proyecto de madre o tan semilla, / si fueses ya mujer y no chiquilla, / cimientos de lejana arquitectura… / Si no fueses así, si tu cintura / fuese ya como un pozo, y
en un lago asustado se confía
En un lago asustado se confía / la exacta cuadratura de tu nieve / y, ya un espejo rosa, roza leve / la leve forma de tu geografía. / Por saber tu jersey topografía / asoma en dos colinas lo más breve; / lo m
eres un atlas
Eres un atlas. Van las cordilleras / sobre ti, mi Janine. Aguzanieves / cruzan tus pechos de pavor, de breves / brasas donde se encienden las hogueras. / Te cruza el rubio Sena. Torrenteras / nacen de ti, r
es elocuente cuanto no te diga
Es elocuente cuanto no te diga, pues ninguna / palabra clarifica . / como el silencio. / Decirte adiós es esta copa larga / con un sabor a nunca. Sin embargo, / perdido entre el alcohol, hay en su fondo / un
hueles como el verano
Hueles como el verano. Desde el calor, lentísimas, / se me ofrecen las jaras y, en tus hombros, / lo flexible del mimbre y el lentisco. Tienes, / debajo de tus brazos, un herbazal tranquilo, / olor a prad
la mancha de carmín
Por ser tu boca tanta, tan segura, / y abril tan loco y poco recatado, / yo llegué hasta tu labio desbocado / en busca de tu boca y su aventura. / Y te probé la miel, y su dulzura / dejó mi labio rojo tan m
la selva
Justo donde la casa, el hormigón que gira / levantándose, las piedras / y el ladrillo obediente, estuvo, no hace mucho, / la selva. / En otro tiempo / Nada recuerda ahora / la feria del vivir .Las hierbas alt
las señales, himno para empezar la primavera
Todo es hermoso ahora. Vive el alma / esta noche la paz. Desconocida / eras, y ya eres parte de mí. Vuelves / como si nada, nadie, separase. / Regresas. Siento cánticos contigo, / reconociéndote. Los ojos,
llueve janine
Llueve Janine. La azul cristalería / del agua se estremece en el tejado. / En la calle, el invierno. Aquí, a tu lado, / calienta el sol, la carne se confía. / Fuera, llueve. La triste melodía / de la lluvia
lo malo es que se olvida
Lo malo es que se olvida y un puñado / de tiempo se nos marcha hacia la nada. / Lo peor del olvido es el que en cada / cosa que fue vivimos de prestado. / ¿Alguna vez leeremos del pasado / su página feliz c
música de saxo para dejar entre las flores de bowling green
Recuerdo a Miss Gilmore, preludio de la nieve, / ébano solitario, violeta lastimada, / con un pájaro loco bullendo entre las manos / y en las tersas caderas un surtidor de agua. / Recuerdo sus cabellos, s
niño hermoso, qué tienes en las manos
Niño hermoso, qué tienes en las manos. Que rico / presente, voz silbante / de junco, das. / Mi puma más inocente, arroyo / de arrogancia, divino bien. / A qué callar. Te amo. / Dispones de la llave / del corazó
no es esa boca. otra boca. otros lugares
No es esa boca. Otra boca. Otros lugares / fueran del beso trampolín, batalla. / No es esa buril que besa y que te talla / la carne con vestigios circulares. / Sitio no de la tierra. Militares / defensas, t
no lo podrás creer, pero los días
No lo podrás creer, pero los días / -hondón de soledad, arte cisoria- / se me pasan llorando en la memoria / y contemplando tus fotografías. / No saber nunca que me morirías, / lejana luz, herida transitori
ola feliz
Suena este mar, tu corazón, bajo la piel. / Bello el reloj, se mueve . / Anda del seno tu lugar. / Potro en la nieve, se hace nuca su belfo. / Come de la bandeja blanca de las sienes. / Muere de delgadez. Y
palabras al oído de quien no pudo oírte
Cuando nos veamos / ¿nos conoceremos? / ¿Seré el mismo por fuera, / tú la misma por dentro? / Cuando nos veamos / –si alguna vez nos vemos–, / ¿seremos los que somos / los que fuimos seremos? / Cuando nos veamos,
palabras para colgar de una ventana rota
Este balcón da al mar. / Toco la espuma viajera, inagotable, de la orilla. / Sobre el balcón, volcado en La Castilla, / mis ojos dan al mar. / Lejos, la espuma dibuja un horizonte / que navega mi corazón. / C
pensamiento en septiembre para ti
Tú eres un vino, amor, dulce y espeso / que en cepa viva bebo enamorado. / Tú eres mi vino, mosto soleado / siempre recién pisado, siempre ileso. / Tú eres un vino, amor, que deja peso, / poso en el alma he
perversificaciones
(fragmentos) / 16 / Cuando llegaste al ascensor se puso / color de tu cabello el aire todo. / Todo era rubio como tú y bellísimo. / Tus piernas paseaban en los ojos / de cuantos iban ascendiendo al cielo / y a
por no hacerle la guerra a la costumbre
Por no hacerle la guerra a la costumbre, / allí, en el probador. Allí tus pechos, / tan blancos, tan franceses, tan derechos, / tan altos como el álamo y la cumbre. / Buscando habitaciones en la lumbre, / s
quien puso en ti su mano tuvo ardiendo
Quien puso en ti su mano tuvo ardiendo / la carne y perfumó su corazón. / Desde entonces mi piel se ha acostumbrado / a dormir en una sola habitación. / Después de tanto tiempo de visita / los dedos aprendi
reconstrucción del tango no bailado con nadie
La tarde todavía se escribe con tu nombre, / con una luz de plata sobre un bandoneón. / Se escribe en un cuaderno con hojas amarillas, / grabando cada letra tu nombre en un renglón. / Recuerdo que tenías
tierra de nadie
Con este abrazo, herido de metralla, / he depuesto las armas y los sueños / Traigo la paz, el armisticio, blancas / alondras persiguiéndome los versos. / Mis labios anduvieron las batallas / con un fusil al
trasmundo
Mirarme hoy es ponerse más triste que una calle / a la que el viento hubiese dejado sin visillos. / Es ser como una alcoba sin camas habitables, / como un tejado roto que asustara los nidos. / Me miras y
tú, que tienes tiempo
Tú, que tienes el tiempo sobre la mano y lloras / y piensas de mi vida que un astro es apagado, / me ofreces una carne de sueños y de esporas / y una larga abundancia desde el lecho habitado. / No encuent
y después fue el olvido
Y después fue el olvido. Fue la espiga / mártir del sol, esclava de la avena. / Fue enterrada en el polvo la azucena, / mancillada su casa por la ortiga. / Después fue ya el olvido -No castiga / la muerte m