ángel de saavedra
a lucianelaCuando, al compás del bandolín sonoro / y del crótalo ronco, Lucianela, / bailando la gallarda tarantela, / ostenta de sus gracias el tesoro; / y, conservando el natural decoro, / gira y su falda con recato
al faro de maltaEnvuelve al mundo extenso triste noche; / ronco huracán y borrascosas nubes / confunden, y tinieblas impalpables, / el cielo, el mar, la tierra: / y tú invisible, te alzas, en tu frente / ostentando de fueg
con once heridas mortalesCon once heridas mortales, / hecha pedazos la espada, / el caballero sin aliento / y perdida la batalla, / manchado de sangre y polvo, / en noche oscura y nublada, / en Ontígola vencido / y deshecha mi esperanz
cual suele en la floresta deliciosaCual suele en la floresta deliciosa / tras la cándida rosa y azucena, / y entre la verde grana y la verbena / esconderse la sierpe ponzoñosa; / así en los labios de mi ninfa hermosa, / y en los encantos de
la antigualla de sevillaAl Excmo. Sr. D. Mauel Cepero. / Romance primero / EL CANDIL / Más ha de quinientos años, / en una torcida calle, / que, de Sevilla en el centro, / da paso a otras principales, / cerca de la media noche, / cuando
la niña descoloríaPálida está de amores / mi dulce niña: / ¡nunca vuelven las rosas / a sus mejillas! / Nunca de amapolas / o adelfas ceñida / mostró Citerea / su frente divina. / Téjenle guirnaldas / de jazmín a sus ninfas, / y tiern
letrillaDecidme, zagales, / ¿qué fuerza tendrán / los ojos de Lesbia, / que así me hacen mal? / Desde que los vide / ni sé descansar; / perdí mi reposo, / no puedo parar. / Sin duda que fuego / oculto tendrán, / pues, cuando