ángel crespo
con la siniestra manoConcededme, dioses, que escriba / con la siniestra mano, pero no / le concedáis destreza. Que ella sola / se afane en enseñarme, que las líneas / que trace sean, / como las rimas, tortuosas; / que una letra p
cuando te quedas solo, eres espejoCuando te quedas solo, eres espejo / de lo que fuiste: / una mañana / contemplada desde el balcón / entornado; unos pasos / armoniosos que no has seguido / para no derramar tu gozo; / unas cuantas palabras / que
el muroEl peregrino llega junto al muro, / ya sin aliento, apoya en él las manos / y la frente, buscando refrigerio: / más pronto las aparta, que unas manos / y una encendida frente / lo sostienen del otro lado.
el pedregal¿Son alas deshojadas, huesos, tristes / restos de algún naufragio, / trances sin nombre, / tiempo derrumbado / -o no son más que piedras? / Detrás de ellas habrá un paisaje abierto / o soledad tan sólo; / habrá
el tedioEl tedio a veces es como el amor; / mana de las cavernas / del pecho, se dilata, / atraviesa la estancia y los cristales / y se difunde hasta perderse / de vista. / Y, barnizado / con su color distinto, / es más
el tiempo se ha posado como un pájaroEl tiempo se ha posado como un pájaro / peregrino y cansado / a la sombra que doy. Ave de alas / abiertas y caídas / ahora, la cabeza inclina, y abre / el curvo pico, ya ciega a la luz / que ahora no mueve ra
el viento se ha quedado quietoEl viento se ha quedado quieto / cabe las ramas, y me acecha / con ojos encendidos. / ¿Qué me recuerda -o me recuerdas-? No / sabría adivinarlo. / Y caen las hojas / que consume la hoguera.
en esta lluviaOs palpé en esta lluvia, / no en el aire, / sino en la tierra, tras haber caído / -entre la hierba fría / y caliente, como una boca / grande y verde que no devora tiempos: / mis manos ahora huelen / a aceite de
hambres (a la luz 3)Los inmortales toman su sustancia / de tus cavernas infinitas, de / tus abismos que se hunden / como sube la hiedra por el tronco, / por el aire / baja el relámpago, ilumina / y retorna a su flor; / como el día
himno (a la luz 1)Oh la hermosura de la luz, / que habla / sin palabras, y toca / sin llegarse, y nos sabe / aromar sin ser jara ni de rosa / forma o tinta mostrar. Oh la frescura / de la luz, río ancho, / lago profundo, alta / ca
iban mirándome al pasarEn una cueva de un monte lejano / me refugié. Y era de día / y cantaba el agua en el agua / y el aire soñaba en el aire. / Me refugié para no huirme / y no encontrarme. Era de noche / y el monte aquel era de
ignorancia de otoñoPara ignorar, hay que vivir. / Las manos ya se niegan / al testimonio de los días / y las noches paradas. / Maduras / pero todavía no asoman, / amargos, los gajos abiertos / que oculta tu temor. / Aún no ignoras
jardín de turenaLa joven se sentó en la hierba, / se desnudó los pies / y amaneció más allá de la aurora.
los árboles crecen deprisaMientras iban creciendo / estos árboles, yo / daba vueltas al mapa / diario de mis sueños.- / Y cada rama era / el nombre de un país, y cada hoja / una ciudad con torres o mezquitas / y siempre con un alma / en p
los ojos de la corzaViajo desde los ojos de la corza / a su interior. Un mundo de cristales / ternísimos y velos ligerísimos / acoge al primer paso de mis ojos. / Avanzo sin temor; sobrecogido, / no obstante, por lo fácil del
madrigal a afroditaMerced a ti la flor del aire es oro, / oro es la flor del trigo; / y la amapola roja, / rubia flor, pariente del oro. / Enloqueciendo al aire / y a lo escondido de la tierra, / haciendo caer lluvias amarillas
no te asomes a ese jardínNo te asomes a ese jardín / ni quieras descubrir sus rosas. / Mueren tras ese idéntico / perfume, igual color, / y la sed llena el vaso. / No te acerques a ese jardín / si quieres que aún existas / y que tu amo
ofrendasEn cada mano, el mundo deja / aquello que no tiene su medida: / lo que pesa demás, lo que es ardiente / en exceso -pues nadie / que tenga un alma puede / impasible aguardar como la estrella. / No es que no te
paloma de helsinkiPor miedo de que ardiese una paloma / que eclipsaba al sol con sus plumas / volando hacia las llamas / que apagaba el crepúsculo, / ya no pude escribir aquel poema / que temblando empecé / por miedo de que ar
paseata del destronado¿En qué jardín sembrar una rosa / de Francia? ¿A que follajes / confiar una estatua de Ceres la rubia, / un bronce del Verrocchio, una matita de verbena? / ¿Puede ascender sobre estos pastos / un quinteto d
preguntas (a la luz 2)¿Son de esta luz los dioses? / ¿Son ella nada más, o ella templando, / mordiendo reticencias, / destruyendo lo frío de la estrella, / lo negro de las olas, / lo azul del rojo, / la ignorancia de la ternura, / e
romper quiero tu bultoRomper quiero tu bulto / para que al menos vengas / enojada, y la injuria / me haga escuchar tu voz / antes de aniquilarme. / Hecho añicos, deshecho / su volumen, que mide / en mí toda la distancia / y todo tiemp
sin quererSin querer, / sin encontrar una niebla de olvido / que me haga extraviarme en mi presente, / que no recuerdo / porque la luz es excesiva; / sin querer, / sin desaprender esa música / lejana -y conseguir, / en el
sobre la nadaLa nada: ese inmenso cajón, alacena o lago del que Dios ha exiliado a todas las cosas; bosque en el que se escucha el balido de todos los pájaros habidos y por no haber. / Desgraciado de aquel que n
ulaAquella noche te llamabas Ula / y huías ululando por la nieve. / Aquella noche escandinava / en que las alas de la nieve / entraban por debajo de la puerta / y, ateridas, se desplumaban / -yo te veía figurart