andrés trapiello
adonde tú por aire claro vasAdonde tú por aire claro vas, / en sombra yo, o en hojarasca breve, / te he seguido. Yo mismo sombra soy / de ti. Y no puedes tú notar que yo / te siga, yo, callado tras de ti, / lumbre contigo o nieve de t
adoro las ciudadesAdoro las ciudades que son viejas / ciudades de provincia / y los puentes de piedra y los de hierro / y los puentes en ruinas, / viejos puentes de piedras solitarios / invadidos de ortigas. / Pero también me
al final de la tardeAl final de la tarde / las últimas estelas se detienen / en la pared de cal, / accidentes, cenizas. / En los ojos entonces los paisajes / suenan como lacados / y hasta parecen lágrimas, / tan suavemente llegan.
e.d. (mírame aún)Mírame aún. Creció musgo en mis labios / y en los inviernos crudos me visita la nieve. / Siéntate, viajero, a mi lado. / Cuando la lluvia arranca plateadas / coronas de la piedra y silenciosa / en el ciprés
el amor de las cosasY me senté por descansar del día / junto al gran ventanal / y estuve allí no sé qué largo rato. / Cansado estaba y triste y sin propósito / viendo correr el agua de la fuente. / Los del jardín eran colores
el árbol de la cienciaDicen, mi amor, que es imposible hacer / versos de amor feliz, de enamorado, / que sólo lo perdido o no alcanzado / se canta en la poesía, el padecer / olvido o el sufrimiento de volver / al recuerdo de tod
el ríoPara mí qué encanto tiene un río / con barcas en la orilla. / Estarse junto al agua y ver correr / voluptuosas nubes en su ancho caudal. / Hacerse un sitio allí, en la maleza / azulada, un hueco donde ver / c
elegíaRecuerdas aquel tiempo en que oler una rosa, / una rosa tan sólo, ni siquiera perfecta, / te arrancaba las lágrimas? Te acercabas despacio / al rosal preferido y, a resguardo del mundo, / como quien lleva
en la sala apagadaHa quedado todo al fin / recogido: vida, sueño. / Hasta la carcoma duerme / con sus monólogos secos. / El reloj en la pared / y en el tic-tac mi miedo / como pisadas que vienen / a marcar más los silencios. / Lo
en las lluviosas tardes de noviembreEn las lluviosas tardes de noviembre / de pesadumbre llenas, / con un libro de románticas rimas / que habla de hojas secas / me siento a ver el fuego / junto a la chimenea. / En esas cortas tardes otoñales, / p
en tus mejores añosCuando te veo ahora en tus mejores años / con toda la belleza de una copa de vino, / brillándote en los ojos el deseo y las noches / estrelladas de agosto, imagino ese invierno / en que, vieja y cansada,
endechaLa falda, un blanco balneario, / desaparece en el recodo / verde, al finaldel paseo. / Enarenado trecho de los bojes / donde tú caes de ese lado de la sombra, / como durmiendo cambias / de sitio, para siempre
es estoEs esto / la temible muerte. / Ha llegado el final / y no tienes la respuesta. / El vaso de cristal, / la flor sobre la mesa / el dolor de partir / sin que tu corazón conozca / una sola razón / de estas tres cosas /
estudio de piano en rondaUn mundo empieza a retornar / por la reja abierta. / Aplazados sonidos, yunques / de platero por el claro / callejón de luna. / Aún imperfectos, la noche / de vosotros se llena, / haciéndose más honda. / Poco a p
la cartaHe encontrado la casa / donde te llevaré a vivir. Es grande, / como las casas viejas. Tiene altos / los techos y en el suelo, / de tarima de enebro, duerme siempre / un rumor de hojas secas / que los pasos av
la casa de la vidaMi corazón es una vieja casa. / Tiene un jardín y en el jardín un pozo / y túneles de yedra y hojarasca. / En esa casa a la que tiran piedras / los niños cuando pasan al volver de la escuela, / después de h
la ventana de keatsApartado de todo, vuelto a mí / en silencio egoísta, en soledad / de campos y de encinas y callejas / que el otoño volvió más taciturnas; / asilado a esta sombra y sin más patria / que una vieja edición de
la vida fácilQué fácil es vagar los días grises, / creer que nuestra vida / rebosa de la vida de otros. / Incluso suponer que nosotros seremos / el alto mundo lleno / que vivirán mañana los que vengan. / A tal extremo inc
las horas muertasVioleta de la tarde, / abejorro amarillo / que zumba en el espejo / de la poza del río. / Las horas verdenegras / las pasan los mosquitos / haciendo y deshaciendo / sobre el agua su ovillo. / Todo parece hecho / po
las tradicionesUn régimen antiguo en sus ojos insomnes / de jardines y alanos aparece. / Cuando su mano alcanza la llave / de la lámpara y la vuelve, apagándola, / sobre el lino de la mesa se derrama, / y en su cuello, un
los triunfosEn toda victoria un dolor / tiene su origen. El estío, / cuando se abre el alto ventanuco, / se desgarra sobre los chopos que clarean. / La traza de aire fresco / que entra entonces, levanta / de la madera un
me asomo todas las tardesMe asomo todas las tardes / a este jardín soleado / a escuchar las soledades / que hablan entre sí callando: / Todo es igual y distinto. / ¿Crepuscular?, ¿machadiano? / Quién sabe dónde está el hilo / de un lab
mecina fondalesEn esta inmensidad / la voz oscura y misteriosa / de las aves nocturnas / tiene un temblor de sombras / y su cantar se funde / con el profundo discurrir del río. / En el silencio verdeoscuro y fresco, / el agua
mil novecientos cincuenta y nueveEnfrente de la plaza de frondosos castaños / hubo un día un hospicio. El caserón tenía / el muro de las cárceles y la melancolía / de los buques fantasmas, misteriosos y extraños. / Yo era muy niño entonc
mirador de la enfermaEn qué lejanos días te me muestras. / Navío, almendra o armador de cielos, / todo eso en un punto conseguías / reunir, si levantabas el semblante. / La luna y su bastón probaban pasos / nuevos, abiertos los
monólogoComo una niña habla para sí / misma, sentada sola al tocador / de su madre, con rouge en las mejillas. / Habla de aquel que la amará y llora / de contento, a pesar del maquillaje / excesivo. Las lágrimas le
museo románticoLa penumbra vacía de esa pequeña sala / guarda las campanadas de un reloj de pared. / Como un juguete antiguo suena su mecanismo, / la cuerda de hojalata entre nácares negros. / Poco a poco la tarde asoma
nadaTe imagino, lector, dentro de muchos años / leyendo estas palabras. En tu mesa / una luz de bujía y una rosa / anunciarán el sueño, un cuerpo, nada. / Es inútil que busques. En la ceniza hay brasas / que po
nocturnoComo el llover doblaba aquel piano / mi soledad y en su cristal caía. / Eran lentas las notas que llegaban / hasta el torpe temblor de la hojarasca. / Sonaba a sombras frías esa tarde, / el laurel y la yedr
para un combatiente del ebroA Soledad / «Un instante de azul es más que un alma» / ¿Qué sabemos nosotros / de los viejos caminos llenos de barro y lodo? / ¿Qué podemos nosotros recordar / de la pasada guerra, / de esos pueblos pequeños
por los caminos del tedioLa vida necesita de ese siglo anterior / que la haga soportable. Aquel momento / en que la luz dorada sobre el bosque / ardía en el quinqué prendido dentro. / Y debió ser hermoso ese pensar / de los viejos
por si un día quedarasPor si un día quedaras / del lado de la noche, / en su fría frontera un no sé qué / esperando del horizonte vasto, / yo recuerdo tu voz / limpia como una almendra / y ese cantar con distraído acento / y todo cu
preferenciasNi las cumbres sublimes ni los ríos / que no han sido ensuciados por los hombres; / ni los palacios ni las blancas ruinas / de los templos antiguos, ni los dioses / de mármol o bronce, iguales todos, / ni l
quién tuviera todavíaQuién tuviera todavía / aquella suave elegancia / de rimar Francia y fragancia / como Lamartine hacía. / Quién tuviera todavía / en el cristal de los ojos / un bergantín viajero / con el amor verdadero / de los c
reencuentro con el otoñoEn esta vieja casa; en los olivos viejos; / en la noche templada con la hierba que baja / pisando el blando musgo con un olor a paja / mojada; en el silencio que se oye a lo lejos, / tan terco su latido c
retrato de mi padreLa foto fue tomada en un estudio / pueblerino y de feria. El decorado / es de escayola y él está de lado, / arrogante y feliz. Fue su preludio. / Luego herido en Teruel. Duras batallas / si dura fue la guer
ripios para un amigo y tres viejos maestrosEs de noche hace rato y ha llovido / en un Madrid dormido y otoñal. / En cada gota del cristal / se refleja mi lámpara y me reflejo yo, / y un rincón de este cuarto y del buró / que fue de Valentín, / y este
sonetoAhora es Noviembre. Un mes tranquilo. Llueve. / Acaso sea para mí la vida / este solo llover y esta dormida / parte del mundo eternamente leve. / Las sombras del camino que se aleja, / la iglesia y el zarza
testamentoHe muerto ya, paisaje que yo he amado / tantas veces aquí, rincón del alma. / Una vez más vengo por verte. A un lado, / encinares y olivos, y la calma / de ver, al otro, olivos y encinares. / Algunos casero
tiempo del aireMiro pasar los barcos / y oigo el ruido / de sus viejos motores / como tu corazón, lejano. / Oscilan las linternas de los mástiles, / son líneas en el agua / las rosas de los vientos. / Nada deseo sino ver la c
una muchacha(Sobre de un tema de Anacreonte) / Pienso que tú, y el sueño me envanece, / una muchacha sólo, / vendrás hacia mi encuentro preguntando por mí. / Juegas con una rama de mirto y da tu pelo, / como rosa, leve
una ventana al mundoPara mi hotel de noche un cielo sube / del estuario lentamente. Arde / un tremedal de estrellas y esta plaza / solitaria se queda y en silencio. / Sin las luces insomnes del tranvía, / sin su fruto amarillo
virgen del caminoEstas noches de invierno hace frío en la casa, / los techos son muy altos y las paredes viejas, / cierran mal los balcones y la ventisca entra / hasta la misma cama donde espero / a que me venza el sueño