País Poema - Autores

ana rossetti

a quien no obstante tan deliciosos placeres debo
Y esa tan transparente neblina que su lengua / extendió sobre mí. labor concupiscente, / minuciosa e inútil, pues el bello prosélito / ¿me atreveré a decirlo? es
a un joven con abanico
Y qué encantadora es tu inexperiencia. / Tu mano torpe, fiel perseguidora / de una quemante gracia que adivinas / en el vaivén penoso del alegre antebrazo. / Alguie
chico wrangler
Dulce corazón mío de súbito asaltado. / Todo por adorar más de lo permisible. / Todo porque un cigarro se asienta en una boca / y en sus jugosas sedas se humedece
cibeles ante la ofrenda anual de tulipanes
Desprendida su funda, el capullo, / tulipán sonrosado, apretado turbante, / enfureció mi sangre con brusca primavera. / Inoculado el sensual delirio, / lubrica mi s
cierta secta feminista se da consejos prematrimoniales
Y besémonos, bellas vírgenes, besémonos. / Démonos prisa desvalijándonos / destruyendo el botín de nuestros cuerpos. / Al enemigo percibo respirar tras el muro, / l
confidencia
Lo sé, lo sé, pero mi rostro finge / oír una noticia inesperada; / Lo sé, lo sé, porque tus ojos brillan / otra vez al llegar cada mañana. / Pensabas, me dices, con
creí que te habías muerto
Creí que te habías muerto, corazón mío, / en Junio. / Creí que, definitivamente, te habías muerto: / sí, lo creí. / Que, después de haber esparcido el revoloteo púr
cuando mi hermana
Y cuando al jardín, contigo, descendíamos, / evitábamos en lo posible los manzanos. / Incluso ante el olor del heliotropo enrojecíamos; / sabido es que esa flor a
cuarto
Apoyar la frente enfebrecida en la nublada celosía del confesionario. Enumerar los inasibles recorridos de la serpiente. Buscar un nombre para hacer cada cr
custodio mío
Salamandra es deseo / bebiendo en los topacios de un estanque, / en cielos de Giotto, / en las bóvedas húmedas de translúcida yedra. / Morera y vid se agotan en tu
demonio lengua de plata
Arcángel desterrado y refugiado en mi anhelo; / cada vez que la albahaca se movía / a mi vientre tu mano apuñalaba / y en el raudo abanico de luces y luciérnagas /
diotima a su muy aplicado discípulo
El más encantador instante de la tarde / tras el anaranjado visillo primorosa. / Y en la mesita el té / y un ramillete, desmayadas rosas, / y en la otomana de rayad
el gladiolo blanco de mi primera comunión se vuelve púrpura
Nunca más, oh no, nunca más / me prenderá la primavera con sus claras argucias. / Desconfío del tumescente / gladiolo blanco, satinadas pastas / de misales antiguos
el jardín de tus delicias
Flores, pedazos de tu cuerpo; / me reclamo su savia. / Aprieto entre mis labios / la lacerante verga del gladiolo. / Cosería limones a tu torso, / sus durísimas punta
exaltación de la preciosa sangre
Desvelado el espejo -dosel del costurero / saqueado- tantos dones magníficos / excesiva duplica. / Y, no obstante, sólo tiene su cómplice / e incitante señal la mad
festividad del dulcísimo nombre
Yo te elegía nombres en mi devocionario. / No tuve otro maestro. / Sus páginas inmersas en tan terrible amor / acuciaban mi sed. Se abrían, dulcemente, / insólitos
hubo un tiempo
Hubo un tiempo en el que el amor era un / intruso temido y anhelado. / Un roce furtivo, premeditado, reelaborado durante / insoportables desvelos. / Una confesión p
inconfesiones de gilles de rais
Es tan adorable introducirme / en su lecho, y que mi mano viajera / descanse, entre sus piernas, descuidada, / y al desenvainar la columna tersa / -su cimera encarn
introito natura ordenatus ad imperandum
Si al apagar las luces te invadía el terror / de que mientras durmieras la belleza / podría acometerte. / Si infatigablemente inaugurabas nombres / y a todo sortile
invitatorio
No hay cortejo comparable para ti, / alma melancólica, a esta multitud / de ecos silenciados, galería monótona / que la quietud repite y obstinada refleja / sus tra
isolda
Si alguien sabe de un filtro que excuse mi extravío, / que explique el desvarío de mi sangre, / le suplico: / Antes de que se muera el jazmín de mi vientre / y se c
la buhardilla de thomas
Y tan pronto amanece, / cada vez más intensa, la roja cabellera / mana sobre su rostro. / (Encantadora curva / la del cuello que emerge del entreabierto escote). / La
la virtuosa julieta recamiére divisa al poeta
Y yo, que en pequeñas partículas / dormitaba en el fondo de mis ojos / al momento afloré. / Y creo que él me vio. / Antes de volver a sedimentarse en lo profundo me
llámame
Yo aguardo la señal para reconocerte. / Cada noche, mientras tiembla el invierno / y abatida la lluvia se derrama / y el frío elige calles y restalla cordeles, / in
los ojos de la noche
Terminando el rosario a nuestros dormitorios / subiremos donde el ángel maligno, / que quiere atormentarnos, nos espera. / La espalda en la pared, cuidando que la
mi jardín de los suplicios
En el jardín secreto, bajo el árbol, / despacio, muy despacio, desataste mis trenzas / y luego, impetuoso, porque yo sentí frío / y terca me negaba, arrancaste mi
momento i
Y la música ardiendo, estallando, / araña es de cristal, o una bengala; / el limón sobre un vaso teñido de violeta, / vigilante; y el blanco pantalón, / que en medi
momento ii
Y la larga experiencia -femineidad rapaz / del ojo- ha descifrado en cierta boca triste / o impaciente ademán, o en traslúcida cera / de una carne vencida, al tas
momento iii
Y ese instante: la puerta traspasada / que se cierra apresando, / y el peligro contiguo y el abrazo inminente / pues la luz ha prendido por sorpresa la estancia / y
momento iv
Y después, las arrugadas sábanas / por entre las baldosas serpentean; / los cajones volcados, vacíos los estantes / y roto el estilete tras obstinado estupro. / Mas
nightingale
Noche, palabra mía henchida de sucesos / La aflicción, el vacío, la muerte, la tiniebla / avivan en tus sílabas sus temores y ansias. / Extenuado nombre, fatigada
nocturno
MOMENTO I / Y la música ardiendo, estallando, / araña es de cristal, o una bengala; / el limón sobre un vaso teñido de violeta, / vigilante; y el blanco pantalón, / q
notas para un blues
DO / lor por estar contigo en cada cosa. Por no dejar de estar contigo en cada cosa. Por estar irremediablemente contigo / en mí. / RE / cordar que mis monedas no m
nueve
No juegas ya conmigo, tan orgulloso estás / que más allá de ti no necesitas nada. / Tú observas incesante, sin embargo / te olvidas de que yo te soy tan parecida /
ocho
A los pies de la cama, oí el ruido / y a mi grito aterrado se encendieron las luces / y el alforzado traje de abombado organdí / que desde ayer pendía de la lámpa
poesía
Igual que una vestal pisoteada, / permanece escondida y silenciosa. / Pero a veces, renace inmaculada, / y de nuevo, como una antigua diosa, / por sus secretos fiel
por qué mi carne no te quiere verbo
Por qué mi carne no te quiere verbo, / por qué no te conjuga, por qué no te reparte, / por qué desde las tapias no saltan buganvillas / con tus significados / y en
primero
Oh, Dios mío. Oh, Dios mío. Oh, Dios mío, tened misericordia de mí, pues / el enemigo ha conseguido entrar en la ciudadela; cautamente, ha derribado / hasta el
que puedo morir una muerte de lujos
Era esta vez el fuego. / Esta vez cresta azul, creciente e inflamada, / dilatado ropaje erizado de picas, / suave lengua. / Todo es pronto arrugado papel. / Arrugado
quinto
Y decirle: Acúsome, reverendo padre. Acúsome del descuido que os reveló / mi rostro, de la negligencia de mi velo en ocultar mi codicia. Acúsome del / lazo que
sálvame
Mis ojos, por tu cuerpo reclamados, / de su hermosura avisan, amplio torso devastan / y en la estrecha cadera contiénense aturdidos. / Sin indulgencia alguna mues
segundo
Si con Noviembre un penetrante nardo ahogara los temblores de mis sábanas. Si lágrimas de lluvia diluyeran / sucesos anteriores, y de mis ojos cayeran como ho
sexto
Pero acúsome también de ser tribuna de orgullo. Acúsome de toda la / vanagloria que me asiste al comprobar que vos, capaz de convocar con una divina fórmula l
si recordaras amor mío
Si recordaras, amor mío, qué es lo que te aguarda / tras las seguras paredes de la espera. / Si recordaras cómo ¡y qué cruelmente! el deseo atendido / oculta su p
si recordaras amor mío qué es lo que te aguarda
Si recordaras, amor mío, qué es lo que te aguarda tras las / seguras paredes de la espera. / Si recordaras cómo ¡y qué cruelmente! el deseo atendido / oculta su p
siempre nocturno
Cada noche implacable, cada noche, / la ginebra cimbrea visiones y deseos, / y un lamento de intolerable ansia / -dice llamarse música- exhausta se sucede. / Y el n
strangers in the night
Cuando en la noche surge tu ventana, / el oro, taladrando los visillos, / introduce en mi alcoba tu presencia. / Me levanto e intento sorprenderte, / asistir al mom
tercero
En sus dedos la ostia lunar amanece, se alza desde el vaso sagrado, brilla / sobre el carmesí de la casulla. Y cómo ir, cómo prosternarme, cómo abrir la herid
triunfo de artemis sobre volupta
Edad inimitable, a tu espejo interrogo / en cuál de mis innumerables / alacenas está la máscara de diosa / que de oscuro los mármoles cubría. / Vuestro fervor, tan
where is my man
Nunca te tengo tanto como cuando te busco / sabiendo de antemano que no puedo encontrarte. / Sólo entonces consiento estar enamorada. / Sólo entonces me pierdo en
yesterday
Es tan adorable introducirme / en su lecho, y que mi mano viajera / descanse, entre sus piernas, descuidada, / y al desenvainar la columna tersa / su cimera encarna