PAIS POEMA

Libros de amado nervo

Autores

amado nervo

a kempis
Ha muchos años que busco el yermo, / ha muchos años que vivo triste, / ha muchos años que estoy enfermo, / ¡y es por el libro que tú escribiste! / ¡Oh Kempis, antes de leerte amaba / la luz, las vegas, el m
a la católica majestad de paul verlaine
Padre viejo y triste, rey de las divinas canciones: / son en mi camino focos de una luz enigmática / tus pupilas mustias, vagas de pensar y abstracciones, / y el límpido y noble marfil de tu testa socrá
a leonor
Tu cabellera es negra como el ala / del misterio; tan negra como un lóbrego / jamás, como un adiós, como un «¡quién sabe!» / Pero hay algo más negro aún: ¡tus ojos! / Tus ojos son dos magos pensativos, / do
a némesis
Tu brazo en el pesar me precipita, / me robas cuanto el alma me recrea, / y casi nada tengo: flor que orea / tu aliento de simún, se me marchita. / Pero crece mi fe junto a mi cuita, / y digo como el Justo
a una francesa
El mal, que en sus recursos es proficuo, / jamás en vil parodia tuvo empachos: / Mefistófeles es un cristo oblicuo / que lleva retorcidos los mostachos. / Y tú, que eres unciosa como un ruego / y sin mácula
alba en sonrojos…
Alba en sonrojos / tu faz parece: / ¡no abras los ojos, / porque anochece! / Cierra -si enojos / la luz te ofrece- / los labios rojos, / ¡porque amanece! / Sombra en derroches, / luz: ¡sois bien mías! / Ojos oscuros:
alquimia
Bien sé que para verte / he menester la alquimia de la muerte / que me transmute en alma, y delirante / de amor y de ansiedad, a cada instante / que llega, lo requiero / diciéndole: “Ah, si fueses tú el pos
amiga, mi larario está vacío
Amiga, mi larario esta vacío: / desde que el fuego del hogar no arde, / nuestros dioses huyeron ante el frío; / hoy preside en sus tronos el hastío / las nupcias del silencio y de la tarde. / El tiempo dest
aquel olor
¿En qué cuento te leí? / ¿En qué sueño te soñé? / ¿En qué planeta te vi / antes de mirarte aquí? / ¡Ah! ¡No lo sé…, no lo sé! / Pero brotó nuestro amor / con un antiguo fervor, / y hubo, al tendernos la mano, / c
autobiografía
¿Versos autobiográficos ? Ahí están mis canciones, / allí están mis poemas: yo, como las naciones / venturosas, y a ejemplo de la mujer honrada, / no tengo historia: nunca me ha sucedido nada, / ¡oh, nobl
azrael
Azrael, abre tu ala negra, y honda, / cobíjeme su palio sin medida, / y que a su abrigo bienechor se esconda / la incurable tristeza de mi vida. / Azrael, ángel bíblico, ángel fuerte, / ángel de redención,
azrael, abre tu ala negra, y honda…
Azrael, abre tu ala negra, y honda, / cobíjeme su palio sin medida, / y que a su abrigo bienhechor se esconda / la incurable tristeza de mi vida. / Azrael, ángel bíblico, ángel fuerte, / ángel de redención,
bendita
Bendita seas, por que me hiciste / amar la muerte, que antes temía. / Desde que de mi lado te fuiste, / amo la muerte cuando estoy triste; / si estoy alegre, más todavía. / En otro tiempo, su hoz glacial / me
bon soir
«¡Donc bon soir, mon mignon et a demain!» / ( Palabras que Ana me dejó escritas una noche / en que tuvimos que separarnos. ) / ¡Buenas noches, mi amor, y hasta mañana! / Hasta mañana, sí, cuando amanezca,
cada rosa gentil ayer nacida…
Cada rosa gentil ayer nacida, / cada aurora que apunta entre sonrojos, / dejan mi alma en el éxtasis sumida… / ¡Nunca se cansan de mirar mis ojos / el perpetuo milagro de la vida! / Años ha que contemplo la
cantos escolares. los niños.
Como renuevos cuyos aliños / un cierzo helado destruye en flor / así cayeron los héroes niños / ante las balas del invasor. / Fugaz como un sueño, el plazo / fue, de su infancia ideal; / mas los durmió en su
cantos escolares. los sentidos
Niño, vamos a cantar / una bonita canción; / yo te voy a preguntar, / tu me vas a responder: / Los ojos, ¿para qué son? / Los ojos son para ver. / ¿Y el tacto? Para tocar. / ¿Y el oído? Para oír. / ¿y el gusto? P
cobardía
Pasó con su madre. ¡Qué rara belleza! / ¡Qué rubios cabellos de trigo garzul! / ¡Qué ritmo en el paso! ¡Qué innata realeza / de porte! ¡Qué formas bajo el fino tul… / Pasó con su madre. Volvió la cabeza: /
como duerme la chispa en el guijarro…
Como duerme la chispa en el guijarro / y la estatua en el barro, / en ti duerme la divinidad. / Tan sólo en un dolor constante y fuerte / al choque, brota de la piedra inerte / el relámpago de la deidad. / No
damiana se casa
Con mis amargos pensares / y con mis desdichas todas, / haré tu ramo de bodas, / que no será de azahares. / Mis ojos, que las angustias / y el continuado velar / encienden, serán dos mustias / antorchas para tu
de la amada inmóvil…
De la amada inmóvil / Dios mío, yo te ofrezco mi dolor: / ¡Es todo lo que puedo ofrecerte! / Tú me diste un amor, un solo amor, / ¡un gran amor! / Me lo robó la muerte / …y no me queda más que mi dolor. / Acépt
deidad
Como duerme la chispa en el guijarro / y la estatua en el barro, / en ti duerme la divinidad. / Tan sólo en un dolor constante y fuerte / al choque, brota de la piedra inerte / el relámpago de la deidad. / No
después
Te odio con el odio de la ilusión marchita: / ¡Retírate! He bebido tu cáliz, y por eso / mis labios ya no saben dónde poner su beso; / mi carne, atormentada de goces, muere ahíta. / Safo, Crisis, Aspasia,
dormir
¡Yo lo que tengo, amigo, es un profundo / deseo de dormir!… ¿Sabes?: el sueño / es un estado de divinidad. / El que duerme es un dios… Yo lo que tengo, / amigo, es gran deseo de dormir. / El sueño es en la
el amor nuevo
Todo amor nuevo que aparece / nos ilumina la existencia, / nos la perfuma y enflorece. / En la más densa oscuridad / toda mujer es refulgencia / y todo amor es claridad. / Para curar la pertinaz / pena, en las
el barquito de papel
Con la mitad de un periódico / hice un barco de papel, / en la fiente de mi casa / le hice navegar muy bien. / Mi hermana con su abanico / sopla, y sopla sobre él. / ¡Buen viaje, muy buen viaje, / barquichuelo
el celaje
¿Adónde fuiste, Amor; adónde fuiste? / Se extinguió del poniente el manso fuego, / y tú que me decías: «hasta luego, / volveré por la noche»… ¡no volviste! / ¿En qué zarzas tu pie divino heriste? / ¿Qué mur
el día que me quieras
El día que me quieras tendrá más luz que junio; / la noche que me quieras será de plenilunio, / con notas de Beethoven vibrando en cada rayo / sus inefables cosas, / y habrá juntas más rosas / que en todo e
el día que me quieras tendrá más luz que junio
El día que me quieras tendrá más luz que junio; / la noche que me quieras será de plenilunio, / con notas de Beethoven vibrando en cada rayo / sus inefables cosas, / y habrá juntas más rosas / que en todo e
el fantasma y yo
Mi alma es una princesa en su torre metida, / con cinco ventanitas para mirar la vida. / Es una triste diosa que el cuerpo aprisionó. / y tu alma, que desde antes de morirte volaba, / es un ala magnífica,
el primer beso
Yo ya me despedía…. y palpitante / cerca mi labio de tus labios rojos, / «Hasta mañana», susurraste; / yo te miré a los ojos un instante / y tú cerraste sin pensar los ojos / y te di el primer beso: alcé la
el retorno
«Vivir sin tus caricias es mucho desamparo; / vivir sin tus palabras es mucha soledad; / vivir sin tu amoroso mirar, ingenuo y claro, / es mucha oscuridad…» / Vuelvo pálida novia, que solías / mi retorno es
el torbellino
«Espíritu que naufraga / en medio de un torbellino, / porque manda mi destino / que lo que no quiero haga; / »frente al empuje brutal / de mi terrible pasión, / le pregunto a mi razón / dónde están el bien y el
en el camino
I / Resuelve tornar al padre / No temas, Cristo rey, si descarriado / tras locos ideales he partido: / ni en mis días de lágrimas te olvido, / ni en mis horas de dicha te he olvidado. / En la llaga crüel
en panne
Atiborrado de filosofía, / por culpa del afán que me devora, / yo, que ya me sabía / dos gramos del vivir, nada sé ahora. / De tanto preguntar / el camino a los sabios que pasaban, / me quedé sin llegar, / mien
en paz
Muy cerca de mi ocaso, yo te bendigo, vida, / porque nunca me diste ni esperanza fallida, / ni trabajos injustos, ni pena inmerecida; / porque veo al final de mi rudo camino / que yo fui el arquitecto de
envío
La canción que me pediste, / la compuse y aquí está; / cántala bajito y triste: / ella duerme (para siempre); la canción la arrullará. / Cántala bajito y triste, / cántala…
espacio y tiempo
Espacio y tiempo, barrotes / de la jaula / en que el ánima, princesa / encantada, / está hilando, hilando cerca / de las ventanas / de los ojos (las únicas / aberturas por donde / suele asomarse, lánguida). / Espac
expectación
Siento que algo solemne va a llegar a mi vida. / ¿Es acaso la muerte? ¿Por ventura el amor? / Palidece mi rostro, mi alma está conmovida, / y sacude mis miembros un sagrado temblor. / Siento que algo subl
éxtasis
Cada rosa gentil ayer nacida, / cada aurora que apunta entre sonrojos, / dejan mi alma en el éxtasis sumida… / ¡Nunca se cansan de mirar mis ojos / el perpetuo milagro de la vida! / Años ha que contemplo la
flamean coruscantes las chaquetillas…
Flamean coruscantes las chaquetillas, / la luz sobre las ropas tiembla y resbala, / y fingen pirotecnias las banderillas / y auroras las bermejas capas de gala. / El sol arde en los gajos de las sombrilla
flor de mayo como un rayo…
Flor de Mayo como un rayo / de la tarde se moría… / Yo te quise, Flor de Mayo, / tú lo sabes; ¡pero Dios no lo quería! / Las olas vienen, las olas van, / cantando vienen, cantando irán. / Flor de Mayo ni se v
gratia plena
Todo en ella encantaba, todo en ella atraía / su mirada, su gesto, su sonrisa, su andar… / El ingenio de Francia de su boca fluía. / Era llena de gracia, como el Avemaría. / ¡Quien la vio, no la pudo ya j
ha mucho tiempo que te soñaba
Ha mucho tiempo que te soñaba / así, vestida de blanco tul, / y al alma mía que te buscaba, / Ana, ¿qué miras? le preguntaba / como en el cuento de Barba azul. / Ha mucho tiempo que presentía / tus ojos negro
ha muchos años que busco el yermo…
Ha muchos años que busco el yermo, / ha muchos años que vivo triste, / ha muchos años que estoy enfermo, / ¡y es por el libro que tú escribiste! / ¡Oh Kempis, antes de leerte amaba / la luz, las vegas, el m
homenaje
Ha muerto Rubén Darío, / ¡el de las piedras preciosas! / Hermano, ¡cuántas noches tu espíritu y el mío, / unidos para el vuelo, cual dos alas ansiosas, / sondar quisieron ávidas el Enigma sombrío, / más all
identidad
El que sabe que es uno con Dios, logra el Nirvana: / un Nirvana en que toda tiniebla se ilumina; / vertiginoso ensanche de la conciencia humana, / que es sólo proyección de la Idea Divina / en el Tiempo… /
ignoro qué corriente de ascetismo…
Ignoro qué corriente de ascetismo, / qué relación, qué afinidad impura / enlazó tu tristura y mi tristura / y adunó tu idealismo y mi idealismo. / Más sé por intuición que un astro mismo / ha presidido nues
incoherencias
Yo tuve un ideal, ¿en dónde se halla? / Albergué una virtud, ¿por qué se ha ido? / Fui templario, ¿do está mi recia malla? / ¿En qué campo sangriento de batalla / me dejaron así, triste y vencido? / ¡Oh, Pr
inmortalidad
No, no fue tan efímera la historia / de nuestro amor: entre los folios tersos / del libro virginal de tu memoria, / como pétalo azul está la gloria / doliente, noble y casta de mis versos. / No puedes olvid
jaculatoria a la nieve
¡Qué milagrosa es la Naturaleza! / Pues, ¿no da luz la nieve? Inmaculada / y misteriosa, trémula y callada, / paréceme que mudamente reza / al caer… ¡Oh nevada!: / tu ingrávida y glacial eucaristía / hoy del
jesús
Jesús no vino del mundo de «los cielos». / Vino del propio fondo de las almas; / de donde anida el yo: de las regiones / internas del Espíritu. / ¿Por qué buscarle encima de las nubes? / Las nubes no son el
jesús no vino del mundo de «los cielos»…
Jesús no vino del mundo de «los cielos». / Vino del propio fondo de las almas; / de donde anida el yo: de las regiones / internas del Espíritu. / ¿Por qué buscarle encima de las nubes? / Las nubes no son el
kalpa
En todas las eternidades / que a nuestro mundo precedieron, / ¿cómo negar que ya existieron / planetas con humanidades; / y hubo Homeros que describieron / las primeras heroicidades, / y hubo Shakespeares que
la ardilla
La ardilla corre. / La ardilla vuela. / La ardilla salta / como locuela. / -Mamá, la ardilla / ¿no va a la escuela? / -Ven ardillita, / tengo una jaula / que es muy bonita. / -No, yo prefiero, / mi tronco de árbol / y
la canción de flor de mayo
Flor de Mayo, como un rayo / de la tarde, se moría… / Yo te quise, Flor de Mayo, / tú lo sabes; ¡pero Dios no lo quería! / Las olas vienen, las olas van, / cantando vienen, cantando irán. / Flor de Mayo ni se
la hermana agua
A quien va a leer / Un hilo de agua que cae de una llave imperfecta; un hilo de agua, manso y diáfano, que gorjea toda la noche / y todas las noches cerca de mi alcoba; que canta a mi soledad y en ell
la mujer que en mi lozana…
La mujer que en mi lozana / juventud pudo haber sido / -si Dios hubiera querido- / mía, / en el paisaje interior / de un paraíso de amor / y poesía; / la que prócer o aldeana / «mi aldeana» o «mi princesa» / se hub
la puerta
Por esa puerta huyó, diciendo: «¡Nunca!» / Por esa puerta ha de volver un día… / Al cerrar esa puerta, dejó trunca / la hebra de oro de la esperanza mía. / Por esa puerta ha de volver un día. / Cada vez que
la sombra del ala
Tú que piensas que no creo / cuando argüimos los dos, / no imaginas mi deseo, / mi sed, mi hambre de Dios; / ni has escuchado mi grito / desesperante, que puebla / la entraña de la tiniebla / invocando al
lo más natural
Me dejaste -como ibas de pasada- / lo más inmaterial que es tu mirada. / Yo te dejé -como iba tan de prisa- / lo más inmaterial, que es mi sonrisa. / Pero entre tu mirada y mi risueño / rostro quedó flotand
los cinco
-Este es el niño chiquito / y bonito; al lado de él / se encuentra el señor de anillos; / luego, el mayor de los tres. / Este es el que todo prueba / y, sobre todo, la miel. / -¿Y éste, más gordo que todos? / -
lubricidades tristes
1 / Andrógino / Por ti, por ti, clamaba cuando surgiste, / infernal arquetipo, del hondo Erebo, / con tus neutros encantos, tu faz de efebo, / tus senos pectorales, y a mí viniste. / Sombra y luz, yema y pole
madrigal
Por tus ojos verdes yo me perdería, / sirena de aquellas que Ulises, sagaz, / amaba y temía. / Por tus ojos verdes yo me perdería. / Por tus ojos verdes en lo que, fugaz, / brillar suele, a veces, la melanc
más yo que yo mismo
¡Oh, vida mía, vida mía!, / agonicé con tu agonía / y con tu muerte me morí. / ¡De tal manera te quería, / que estar sin ti es estar sin mí! / Faro de mi devoción, / perenne cual mi aflicción / es tu memoria be
me besaba mucho
Me besaba mucho, como si temiera / irse muy temprano… Su cariño era / inquieto, nervioso. Yo no comprendía / tan febril premura. Mi intención grosera / nunca vio muy lejos / ¡Ella presentía! / Ella presentía
metafisiqueos
¡De qué sirve al triste la filosofía! / Kant o Schopenhauer o Nietzche o Bergson… / ¡Metafisiqueos! / En tanto, Ana mía, / te me has muerto, y yo no sé todavía / dónde ha de buscarte mi pobre razón. / ¡Metafi
mi secreto
¿Mi secreto? ¡Es tan triste! Estoy perdido / de amores por un ser desaparecido, / por un alma liberta, / que diez años fue mía, y que se ha ido… / ¿Mi secreto? Te lo diré al oído: / ¡Estoy enamorado de una
muy cerca de mi ocaso, yo te bendigo, vida…
Muy cerca de mi ocaso, yo te bendigo, Vida, / porque nunca me diste ni esperanza fallida, / ni trabajos injustos, ni pena inmerecida; / porque veo al final de mi rudo camino / que yo fui el arquitecto de
no lo sé
Crepitan ya las velas en la ría; / Tú, ¿por qué no te embarcas, alma mía? / —Porque Dios no lo quiere todavía. / —Mira: piadosamente las estrellas / Nos envían sus trémulas centellas… / —¡Bien quisiera vest
no sé quién es
¿Quién es? -No sé: a veces cruza / por mi senda, como el hada / del ensueño: siempre sola… / siempre muda… siempre pálida… / ¿Su nombre? No lo conozco. / ¿De dónde viene? ¿Do marcha? / ¡Lo ignoro! Nos encontr
nochebuena
Pastores y pastoras, / abierto está el edén. / ¿No oís voces sonoras? / Jesús nació en Belén. / La luz del cielo baja, / el Cristo nació ya, / y en un nido de paja / cual pajarillo está. / El niño está friolento.
ofertorio
Dios mío, yo te ofrezco mi dolor: / ¡Es todo lo que puedo ya ofrecerte! / Tú me diste un amor, un solo amor, / ¡un gran amor! / Me lo robó la muerte / …y no me queda más que mi dolor. / Acéptalo, Señor: / ¡Es t
ofrecimiento
Señor, Tú regaste los campos de flores / que llenan el aire de aroma y frescor, / cubriste los cielos de inmensos fulgores / y diste a los mares su eterno rumor. / Doquier resplandece tu amor sin segundo;
padre viejo y triste, rey de las divinas canciones…
Padre viejo y triste, rey de las divinas canciones: / son en mi camino focos de una luz enigmática / tus pupilas mustias, vagas de pensar y abstracciones, / y el límpido y noble marfil de tu testa socrá
pasas por el abismo de mis tristezas
Pasas por el abismo de mis tristezas / como un rayo de luna sobre los mares, / ungiendo lo infinito de mis pesares / con el nardo y la mirra de tus ternezas. / Ya tramonta mi vida; la tuya empiezas; / mas,
pasó con su madre. ¡qué rara belleza!…
Pasó con su madre. ¡Qué rara belleza! / ¡Qué rubios cabellos de trigo garzul! / ¡Qué ritmo en el paso! ¡Qué innata realeza / de porte! ¡Qué formas bajo el fino tul…! / Pasó con su madre. Volvió la cabeza:
perlas negras v
¿Ves el sol, apagando su luz pura / en las ondas del piélago ambarino? / Así hundió sus fulgores mi ventura / para no renacer en mi camino. / Mira la luna: desgarrando el velo / de las tinieblas, a brillar
perlas negras vi
Rindióme al fin el batallar continuo / de la vida social; en la contienda, / envidiaba la dicha del beduino / que mora en libertad bajo su tienda. / Hui del mundo a mi dolor extraño, / llevaba el corazón tr
perlas negras viii
Al oír tu dulce acento / me subyuga la emoción, / y en un mudo arrobamiento / se arrodilla el pensamiento / y palpita el corazón… / Al oír tu dulce acento. / Canta, virgen, yo lo imploro; / que tu voz angelical
perlas negras xii
Sol espledente de primavera, / a cuyo beso, fresca y lozana, / la flor se yergue, la mariposa / viola el capullo, la yema estalla; / sol espledente de primavera: / ¡yo te aborrezco! porque desgarras / las bru
perlas negras xlii
Yo también, cual los héroes medievales / que viven con la vida de la fama, / luché por tres divinos ideales: / ¡por mi Dios, por mi Patria y por mi Dama! / Hoy que Dios ante mí su faz esconde, / que la Patr
perlas negras xxix
Sí, yo amaba lo azul con ardimiento: / las montañas excelsas, los sutiles / crespones de zafir del firmamento, / el piélago sin fin, cuyo lamento / arrulló mis ensueños juveniles. / Callaba mi laúd cuando d
perlas negras xxxiii
Amiga, mi larario está vacío: / desde qu’el fuego del hogar no arde, / nuestros dioses huyeron ante el frío; / hoy preside en sus tronos el hastío / las nupcias del silencio y de la tarde. / El tiempo destr
pero te amo
Yo no sé nada de la vida, / Yo no sé nada del destino, / Yo no sé nada de la muerte; / ¡Pero te amo! / Según la buena lógica, tú eres luz extinguida; / Mi devoción es loca, mi culto, desatino, / Y hay una ins
por esa puerta
Por esa puerta huyó diciendo :«¡nunca!» / Por esa puerta ha de volver un día … / Al cerrar esa puerta dejo trunca / la hebra de oro de la esperanza mía. / Por esa puerta ha de volver un día. / Cada vez que
por ti, por ti, clamaba cuando surgiste…
Por ti, por ti, clamaba cuando surgiste, / infernal arquetipo, del hondo Erebo, / con tus neutros encantos, tu faz de efebo, / tus senos pectorales, y a mí viniste. / Sombra y luz, yema y polen a un tiemp
porque contemplo aún albas radiosas…
Porque contemplo aún albas radiosas / y hay rosas, muchas rosas, muchas rosas / en que tiembla el lucero de Belén, / y hay rosas, muchas rosas, muchas rosas / gracias, ¡está bien! / Porque en las tardes, co
quién es esa sirena de la voz tan doliente…
¿Quién es esa sirena de la voz tan doliente, / de las carnes tan blancas, de la trenza tan bruna? / -Es un rayo de luna que se baña en la fuente, / es un rayo de luna… / ¿Quién gritando mi nombre la morad
renunciación
¡Oh, Siddharta Gautama!, tú tenías razón: / las angustias nos vienen del deseo; el edén / consiste en no anhelar, en la renunciación / completa, irrevocable, de toda posesión; / quien no desea nada, donde
requiem
¡Oh, Señor! Dios de los ejércitos, / eterno Padre, eterno Rey, / por este mundo que creaste / con la virtud de tu poder; / porque dijiste: la luz sea, / y a tu palabra la luz fue; / porque coexistes con el Ve
ródeuse
Si te toman pensativa los desastres de las hojas / que revuelan crepitando por el amplio bulevar; / si los cierzos te insinúan no sé qué vagas congojas / y nostalgias imprecisas y deseos de llorar; / si e
seis meses
¡Seis meses ya de muerta! Y en vano he pretendido / un beso, una palabra, un hálito, un sonido… / y, a pesar de mi fe, cada día evidencio / que detrás de la tumba ya no hay más que silencio… / Si yo me hu
si tú me dices '¡ven!'
Si tú me dices «¡ven!», lo dejo todo… / No volveré siquiera la mirada / para mirar a la mujer amada… / Pero dímelo fuerte, de tal modo / que tu voz, como toque de llamada, / vibre hasta el más íntimo recodo
si tú me dices: “¡ven!”, lo dejo todo
Si tú me dices: “¡Ven!”, lo dejo todo… / No volveré siquiera la mirada / para mirar a la mujer amada… / Pero dímelo fuerte, de tal modo / que tu voz, como toque de llamada, / vibre hasta en el más íntimo re
si una espina me hiere
¡Si una espina me hiere, me aparto de la espina, / …pero no la aborrezco! Cuando la mezquindad / envidiosa en mí clava los dardos de su inquina, / esquívase en silencio mi planta, y se encamina, / hacia m
tal vez ya no le importa mi gemido…
Tal vez ya no le importa mi gemido / en el indiferente edén callado / en que el espíritu desencarnado / vive como dormido… / Tal vez ni sabe ya cómo he llorado / ni cómo he padecido. / En profundo quietismo, /
tan rubia es la niña que
Tan rubia es la niña que / que cuando hay sol, no se la ve. / Parece que se difunde / en el rayo matinal, / que con la luz se confunde / su silueta de cristal, / tinta en rosas, y parece / que en la claridad de
tanto amor
Hay tanto amor en mi alma que no queda / ni el rincón más estrecho para el odio. / ¿Dónde quieres que ponga los rencores / que tus vilezas engendrar podrían? / Impasible no soy: todo lo siento, / lo sufro t
todo en ella encantaba, todo en ella atraía…
Todo en ella encantaba, todo en ella atraía: / su mirada, su gesto, su sonrisa, su andar… / El ingenio de Francia de su boca fluía. / Era “llena de gracia”, como el Avemaría; / ¡quien la vio, no la pudo y
transmigración
A veces, en sueños, mi espíritu finge / escenas de vidas lejanas: / yo fui / un sátrapa egipcio de rostro de esfinge, / de mitra dorada, y en Menfis viví. / Ya muerto, mi alma siguió el vuelo errático, / ciñe
una flor en el camino
La muerta resucita cuando a tu amor me asomo, / la encuentro en tus miradas inmensas y tranquilas, / y en toda tú… Sois ambas tan parecidas como / tu rostro, que dos veces se copia en mis pupilas. / Es ci
uno con él
Eres uno con Dios, porque le amas. / ¡Tu pequeñez qué importa y tu miseria, / eres uno con Dios, porque le amas! / Le buscaste en los libros, / le buscaste en los templos, / le buscaste en los astros, / y un
ven acércate más! el campo umbrío
¡Ven acércate más! El campo umbrío, / el cielo torvo y el ambiente frío, / predisponen el alma a la tristeza. / Ven, apoya en mi hombro tu cabeza; / así, juntos, muy juntos, dueño mío. / Hablemos de tu amor
venite, adoremus
Adoremos las carnes de marfiles, / doremos los rostros de perfiles / arcaicos: aristócrata presea; / las frentes de oro pálido bañadas, / las manos de falanges prolongadas, / donde la sangre prócer azulea. /
ver en todas las cosas…
Ver en todas las cosas / del Espíritu incógnito las huellas; / contemplar / sin cesar, / en las diáfanas noche misteriosas, / la santa desnudez de las estrellas… / Esperar! / Esperar! / ¿Qué? ¡Quién sabe! Tal vez
via, veritas et vita
Ver en todas las cosas / de un espíritu incógnito las huellas; / contemplar / sin cesar / en las diáfanas noche misteriosas, / la santa desnudez de las estrellas… / ¡Esperar! / ¡Esperar! / ¿Qué? ¡Quién sabe! Tal
viejo estribillo
¿Quién es esa sirena de la voz tan doliente, / de las carnes tan blancas, de la trenza tan bruna? / ?Es un rayo de luna que se baña en la fuente, / es un rayo de luna… / ¿Quién gritando mi nombre la morad
vivir sin tus caricias es mucho desamparo…
“Vivir sin tus caricias es mucho desamparo; / vivir sin tus palabras es mucha soledad; / vivir sin tu amoroso mirar, ingenuo y claro, / es mucha oscuridad…” / Vuelvo pálida novia, que solías / mi retorno es
y el buda de basalto sonreía
Aquella tarde, en la alameda, loca / de amor, la dulce idolatrada mía / me ofreció la eglantina de su boca. / Y el Buda de basalto sonreía… / Otro vino después, y sus hechizos / me robó; dile cita, y en la
ya no hay un dolor humano que no sea mi dolor…
»Ya no hay un dolor humano que no sea mi dolor; / ya ningunos ojos lloran, ya ningún alma se angustia / sin que yo me angustie y llore; / ya mi corazón es lámpara fiel de todas las vigilias, / ¡oh Cristo!
yo amaba lo azul con ardimiento
Yo amaba lo azul con ardimiento: / las montañas excelsas, los sutiles / crespones de zafir del firmamento, / el piélago sin fin, cuyo lamento / arrulló mis ensueños juveniles. / Callaba mi laúd cuando despl
yo no soy demasiado sabio
Yo no soy demasiado sabio para negarte, / Señor; encuentro lógica tu existencia divina; / me basta con abrir los ojos para hallarte; / la creación entera me convida a adorarte, / y te adoro en la rosa y t
yo vengo de un brumoso país lejano
Yo vengo de un brumoso país lejano, / regido por un viejo monarca triste… / Mi numen sólo busca lo que es arcano, / mi numen sólo adora lo que no existe. / Tú lloras por un sueño que está lejano, / tú aguar
yo ya me despedía… y palpitante…
Yo ya me despedía… y palpitante / cerca mi labio de tus labios rojos, / «Hasta mañana», susurraste; / yo te miré a los ojos un instante / y tú cerraste sin pensar los ojos / y te di el primer beso: alcé la
¡buenas noches, mi amor, y hasta mañana!…
¡Buenas noches, mi amor, y hasta mañana! / Hasta mañana, sí, cuando amanezca, / y yo, después de cuarenta años / de incoherente soñar, abra y estriegue / los ojos del espíritu, / como quien ha dormido mucho
¡está bien!
Porque contemplo aún albas radiosas / y hay rosas, muchas rosas, muchas rosas / en que tiembla el lucero de Belén, / y hay rosas, muchas rosas, muchas rosas / gracias, ¡está bien! / Porque en las tardes, co
¡hasta sus perfumes duran más que ella!…
¡Hasta sus perfumes duran más que ella! / Ved aquí los frascos, que apenas usó, / y que reconstruyen para mí la huella / sutíl que en la casa dejó… / Herméticamente encerrada, / la esencia en sus pomos no s
¡oh cristo!
«Ya no hay un dolor humano que no sea mi dolor; / ya ningunos ojos lloran, ya ningún alma se angustia / sin que yo me angustie y llore; / ya mi corazón es lámpara fiel de todas las vigilias, / ¡oh Cristo!
¡quién sabe por qué!
Perdí tu presencia, / pero la hallaré; / pues oculta ciencia / dice a mi conciencia / que en otra existencia / te recobraré. / Tú fuiste en mi senda / la única prenda / que nunca busqué; / llegaste a mi tienda / con
¡si una espina me hiere, me aparto de la espina!
¡Si una espina me hiere, me aparto de la espina, / …pero no la aborrezco! Cuando la mezquindad / envidiosa en mí clava los dardos de su inquina, / esquivase en silencio mi planta, y se encamina, / hacia m
¿adónde fuiste, amor, adónde fuiste?…
¿Adónde fuiste, Amor, adónde fuiste? / Se extinguió en el poniente el manso fuego, / y tú, que me decías: “hasta luego, / volveré por la noche”… ¡no volviste! / ¿En qué zarzas tu pie divino heriste? / ¿Qué
¿quién es damiana?
La mujer que en mi lozana / juventud pudo haber sido / -si Dios hubiera querido- / mía, / en el paisaje interior / de un paraíso de amor / y poesía; / la que prócer o aldeana / «mi aldeana» o «mi princesa» / se hub
¿versos autobiográficos? ahí están mis canciones…
¿Versos autobiográficos? Ahí están mis canciones, / allí están mis poemas: yo, como las naciones / venturosas, y a ejemplo de la mujer honrada, / no tengo historia: nunca me ha sucedido nada, / ¡oh, noble