álvaro valverde
ciudad de cenizaUna ciudad es todas las ciudades. / Cruzas el mismo andén, las avenidas / iguales y lejanas, tan inhóspitas / como esos edificios que proyectan / su luz vítrea y op
de un viajeroQuise volver de donde no se vuelve. / Si el viaje duró lo que dura una vida, / fue el destino culpable. / Nada hice que hoy me recuerde el pasado. / Una bruma extra
desde fueraVivir es deslizarse, repetiste, / captar nuestra existencia de soslayo / o verla desde lejos, en lo alto, / con la perplejidad del que contempla. / Los que te conoc
escrito al albaHabrá estado esperando que la noche / cumpliera su sentencia contra el tiempo, / el terco maleficio que la habita / y que a solas padece / cada vez que en el sueño
he llegado. me acercoHe llegado. Me acerco / con cautela a la orilla y distingo en las aguas / una suerte de antigua y fugaz transparencia. / Queda al lado un desierto, un lugar retir
la sombra doradaAbro la verja del jardín sin nadie. / Espera mi llegada el viejo limonero / y al verlo me parece / que no hubiera pasado en parte alguna / todo este largo tiempo, / q
la sombra fugitivaEste viento tan cálido que recompone ahora / un verano tardío; la luz anaranjada / del cuarto y la penumbra / de los libros que aguardan / al lector del invierno. / L
mecánica terrestreLo mismo que una imagen / recuerda a alguna análoga / y una sombra a la fresca / humedad de otra estancia / y un olor a una escena / cercana por remota / y esta ciudad
meditación en londresEscucho en la sumisa soledad de la tarde / el rumor de las sombras cuando llega la noche / y en la ventana, oblicua, la luz se ha detenido. / Lo que está al otro
poema de amorDe verdad es ahora / cuando te reconozco. / Sólo a través del sueño / tus contornos son nítidos, / oigo clara tu voz, / recupero tus gestos / y tu lenta presencia / como
sobre un tema románticoCada día visitaba la casa. / Las palabras dispuestas, / la estancia en la penumbra / de las horas más cómplices, / ambos sentados en el corazón de la noche / desvelan
trenes en la nocheImagina dos trenes, / rodando en la alta noche, / que se cruzan de golpe, / camino cada cual de su destino. / En cualquier parte, / en medio de un empalme en ningún s
una antigua certezaLa flama de la siesta socava las paredes / y agota en su fulgor esa mirada / de lo que siendo escapa a la razón. Preguntas / si habrá de sucedernos la edad en que
una oculta razónMiro la hiedra que a mi puerta muestra / la verde lluvia sucesiva y ciega; / traspaso un nuevo umbral, piso sus losas, / me sé en otro recinto que conozco. / Entro,