álvaro rodríguez torres
el rostro de anaTu rostro, aire que comienza / y mirada que no termina sólo en la mente / o la profundidad del corazón. / Nada parecer amenguar tu rostro que vive, / ni los días que pasan / ni el tiempo que muere lejos del
en el mundo interpretado iCuerpo cierto y sombra equivocada, / la luz es también la soledad del ojo / y lo contemplado. / Mas ¿hasta cuándo? / Hasta que la lluvia descienda a la nube / y la luna abandone su órbita legendaria.
la disidencia y la imagenDel aire hacia fuera; / en todo caso lejos del tiempo y el azogue / engendra la imagen sobre el vidrio. / Ni antes ni destino: / ¿A qué lugar, a qué cielo de los mundos / habrá huido la luna mortal?
para alguien que aún no regresa en el tiempo iTu amistad como un amor no menos lúcido, / una marea que desobedeciera a la luna; / días de aguas altas hasta cubrir las rocas, / y luego -enfática- la resaca. / Pero la sangre sabe, / ninguna levedad impug