álvaro miranda buranelli
ariade pronto, en medio de la representación, cantó / nadie lo había invitado, no era una pieza aburrida / pero empezó a salirle sola la voz y tuvo que pararse / y cantó, aunque no sabía cantar, y los siseo
caída libre¿cuántas galerías, corredores, salas de espera / aguardando que los Poderosos me hablaran / con muecas de tristeza y señas falsas / torciendo mi vida?. Yo quería decirles: / señor, no es mi vida una vara
camino polvorientoal principio es un pequeño pueblo cercano a una montaña / y hay una vida activa en él, los pobladores, que son pocos, / viven sus vidas, no demasiado felices ni animadas / pero todo es como el río: fluy
mi ángelel ángel vino a mí de pronto, me protegió / tenía el rostro de mi madre: «hijo, has vuelto / a vivir». Tenía algún tiempo más, supuse, / he de enmendar mis criterios, los actos deben / ser cambiados. Pero
ningún gatoConduciendo el automóvil por la carretera, en medio de la / noche / la luz de los focos abriendo la noche, rasgando las tinieblas / como una navaja, sobre el asfalto negro / las señales indicadoras a los
sesgosi vamos hacia algo / de pronto, una movida equivocada / nos desvía y no llegamos / quizás una señal mal interpretada / por cuestión de lenguaje o confusión / y hasta por miopía / escuchamos la palabra que de