almudena guzmán
ahora es el ritmo del inviernoAhora es el ritmo del invierno / quien me clava sus ojos entre las uñas / y el cielo. / Lo demás poco importa. / Solo aquellos pasos absorbiendo mi cuello de niebla / al borde bellísimo de sus sirenas y abi
anocheAnoche, / al abrir los ojos para apartarme de la boca un cabello, / la mirada ue luego alcé / por encima del hombro de mi amante / -inexplicable reflejo- / tuvo que detenerse cuando ya iba a salir al pasill
antesAntes, / nunca hubo el silencio necesario entre abrazo y abrazo / para advertir el parpadeo de esta guillotina / que hoy, / al rozar por sorpresa mi nuca con sus manos de lejía / me ha puesto los ojos amarg
cogí el vestido que tanto le gustaCogí el vestido que tanto le gusta / a mi amigo / cogí el vestido y volaron mariposas / y lo enredé en mi pecho / con tres deseos de hiedra. / (A las velas del barco blanco / que no me olviden, / al pájaro que
de un tiempo a esta parteDe un tiempo / a esta parte / estoy prisionera / en un coche / de gritos y hielo / que circula / por carreteras oscuras / y en vertical / como catedrales, / deslumbrada / por las luces largas / de los que vienen / en sen
deslumbramientos sombríosEsta mañana, el helado y marchito sol de enero hizo estragos / en mis ojos. / Por él, vi con más intensidad a esa gitanilla en manga corta / que pedía junto al metro, / tuve plena consciencia de lo arduo
desnudo en sombraVolverse a enamorar. / Besar una piel que sabe distinto, / no encontrar puntos de referencia / que indiquen el momento justo, / la caricia perfecta, / la mano compañera. / Retornar a un cuerpo nuevo / sin los h
en un bancoEn un banco, / meneando aburrida mis zapatos de bruja, / yo veía al invierno entrar y salir, / flirtear con el aire y sentarse finalmente a mi lado. / (Otro -pensé- que tampoco tiene nada que hacer / esta t
entonces el beso conocía el norte y el surEntonces el beso conocía el norte y el sur, / el este y el oeste de toda cartografía / como si antes de labio en medio de la lluvia / hubiera sido rosa de los vientos / o brújula del corsario de los siete
ernesto, moreno de luz y luna argentinaErnesto, moreno de luz y luna argentina, / cigarrillo entre los dedos, / sonrisa de ni ñ o en los naranjales del alba. / Ernesto, amigo fiel de espejos y cafés, / padre confidencial con aire triste de gor
este hombreEste hombre que ahora cerca mi cuello / con su sabia muralla de labios / quizá abandone de pronto la almena, / quizá desaparezca para siempre. / Porque tiene un tacto en la mirada / que recuerda las plumas
esto va a venirse abajoEsto va a venirse abajo / de un momento a otro / y usted lo sabe. / El amor ya no es un templo griego / sino algo parecido a un desastre de líneas / oblicuas que aprisionan todo intento de lluvia. / Y es gris
esto ya va mejorEsto ya va mejor. / Ya no le tengo miedo. / Y me complace que usted, / como quien no quiere la cosa, / haya fijado el barniz de sus ojos en mis piernas.
exquisita prudenciaExquisita prudencia la de mi boca y la suya / por ese dedo abeja que libó entre murmullos y distensiones / golosas, / las sucesivas floraciones e mi anémona nocturna.
foto antiguaY esa monicaca de chocolate hasta los kikis de rosados lacitos soy yo. / Quién lo diría. / Quién adivinaría en esos ojitos dulces un atisbo, sólo un atisbo de / amargura. / ¡Si ella, la otra yo, la que fu
hoy era la última tardeHoy era la última tarde. / Usted no paraba de hablar / -lo hubiese matado- / y a mí me ardían las uñas cuando nos despedimos / en la parada del autobús. / Ni un solo beso.
justo el díaJusto el día en que llevo gafas y un jersey / horroroso / usted descubre mi arrinconada existencia. / Le hablo con la sorpresa de no sorprenderme al tocar una / ardilla. / Y contengo como puedo este alud de
la ventana me remiteLa ventana me remite a su coche, / el coche al beso, / el beso a la oreja que anda siempre perdiendo pendientes, / la oreja a la boca, / la boca a las medias porque las rompe, / las medias al… / -¿Tienes un b
la voz, como lluviaLa voz, como lluvia de plata para dejarte entrever los delicados / amores / que mantiene desde hace siglos, la luna crecida de abril con el / ámbar ruso. / El talle de primavera que inundara tus brazos co
leo lo que escribí de ti y de míLeo lo que escribí de ti y de mí / en esos días de tanta lluvia, / con Bach y los naranjos / de contertulios ante el fuego / y los catarros, las pupas, / las mutuas manías, / advirtiéndonos de aquella bomba c
llama de lluvia mayaEstalla la poesía de tu piel, Juan, como la miel en un cedro / mojado; te veo y eres la luz, el brote oloroso que abre las / ventanas de un día feliz. / Ya ves, aquí me tienes jugando con los grillos de
lo peor de todo era el atardecerLo peor de todo era el atardecer. / Cuando las aves frías tachonaban el bosque / de rumores y sombras, / tu recuerdo me ceñía las costillas / como un pulpo de fuego… / Daniel: ¿Por qué me has abandonado?
nadaNada. / No pegaba nada con tanta lluvia, / esa chaqueta de angorina rosa y botones de nácar / que él me regaló. / Tampoco encendimos una velita al apóstol, / porque un niño a nuestro lado acababa de darse u
nunca más volvisteNunca más volviste, / Daniel. / Desde entonces ya no hubo patio / ni baúles con especias, / ni la luz posó sus labios / en los membrillos del aparador. / Y en vez de tu cuerpo fue la fiebre, / la humedad, / el tr
presos los dosPresos los dos de aquel imposible decoro / adolescente, / ni yo me sonrojé ni usted tampoco hizo nada por llamarse / al orden / cuando después de las risas y las aceitunas rellenas, / habiéndonos lubricado
qué hago yo aquíQué hago yo aquí medio borracha / escuchando a este cretino / que sólo sabe hablarme de la mili, / mientras me tapa baboso la calle y la vida / con su espalda. / Y encima estoy sin tabaco. / (Menos mal que de
quién es esta sombraQuién es esta sombra / que aterriza limpiamente en mi cuerpo / como un halcón. / Su garra me frena las muñecas y la huida. / Su aliento de niebla va sajando despacio, / los tersos y ahora bermejos visillos
reconozcoReconozco que no somos muy originales, / nuestra historia es la de medio Madrid / y como todos, andamos buscando una clarita / entre la oficina y el estudio / para citarnos donde no nos conozca nadie. / ¿Pa
señorSeñor, / usted no lo sabe / y sin embargo sus arrugas, / tersándome la mañana, / me han obligado a iniciar una huelga de novios / desde que lo conozco. / Y hoy / -mientras los dos nos mirábamos de reojo, cada u
señor, ahora que mi pielSeñor, / ahora que mi piel y la suya / -después de las sábanas- / han formado un nuevo «collage» en el agua, / no es el mejor momento para hablarle, / desde luego, / pero aprovechando que estoy arriba / y usted
señor, la lluvia del domingoSeñor, / la lluvia del domingo / es una inmensa bañera / que me sumerge a cámara lenta / en el telón espumoso de sus rizos del sábado.
señor, las horas desnudasSeñor, / las horas desnudas, / como limones al trasluz, / se exprimen en mi muñeca / de una manera desesperadamente cobarde: / estoy, para variar y por no quedarme en casa, / con alguien que me aburre los bes
señor, si usted sabeSeñor, / si usted sabe / que yo ahora estoy celosa / por lo que me ha dicho, / tenga al menos el detalle de no hacérmelo notar durante / la cena. / (Nunca en mi vida enrollé espaguetis con tanto odio.)
si todo esto cambiaseSi todo esto cambiase, / si me dijera usted, de pronto, que me ama, / yo ni me detendría para hacer la maleta. / Huiría luchando contra el miedo a la costumbre / de su cuerpo
soñandoSoñando, / tibia su lengua para mis pestañas que renacen. / Ilusoria blancura de los dientes al mártir contraluz / de su sangre y sus labios.
soy un racimo de uvasSoy un racimo de uvas / y aguanto como puedo / este oleaje creciente de su boca / aguijoneándome al sol. / Hasta que estallo.
suboSubo. / Bajo escalones. / Pero esta angustia atrancándoseme en la piel como una / cremallera rota, / tampoco cede al sudor. / Y ya todo el sueño es un inmenso garaje de copas vacías / que el agudo de su ausen
ultimátum¡Oh,Juan! ¿por qué sueñas siempre rosas? / Ya no nos caben en la habitación, / esto no puede seguir así: / Cada día te levantas con las sábanas llenas de rosas / y si por casualidad hacemos el amor / no se
una mujer de ron y esmalte negro1 / Una mujer de ron y esmalte negro, / flequillo y vagina cosmopolitas, / me abre sus piernas tras los cristales del mueble. / Es la niebla / 2 / Veladamente, / descorriendo pestillos, / ha llegado hasta mi cuar
usted se ha idoUsted se ha ido. Pero tampoco conviene dramatizar / las cosas. / Cuando salgo a la calle, / aún me quedan muchas tapas risueñas en el tacón, / y mis medias de malla consiguen reducir la cintura / de la tris
usted se inmiscuyeUsted se inmiscuye en mi bufanda / desde una aurea blanquísima que me reverbera los labios. / No me muevo, / no fumo -quizá a su silencio le moleste esa arruga en la / nieve-; / y sólo cuando marcha me doy
usted se me escapaUsted se me escapa en los pasillos como / un discóbolo impregnado de aceite. / Pero todo lo que habla es una mano enguantada / por mis medias. / (Desnuda, froto su voz contra las caderas / de la sábana / para
veladamenteVeladamente, / descorriendo pestillos, / ha llegado hasta mi cuarto / una pantera translúcida con la piel de diamante / que me morderá la nuca cuando menos lo espere. / Es el deseo.
volvemos a comer juntosVolvemos a comer juntos. / Este hombre cada día más guapo y a ti te rebasan las orejas. / Qué importa. / Qué importa el poco tiempo que tienes para enamorarlo, / qué importa la sopa fría / -no puedes permit
y el amigo común de dosErnesto, moreno de luz y luna argentina, / cigarrillo entre los dedos, / sonrisa de niño en los naranjales del alba. / Ernesto, amigo fiel de espejos y cafés, / padre confidencial con aire triste de gorri