alfredo espino
aires poblanosYo no sé qué gracias sugestionadoras / tienen estos pueblos de casitas blancas, / llenos de arboledas, llenos de barrancas / y muchachas frescas y madrugadoras. / Quietos pueblecitos, donde la campana / de
al entreabrirse la flor de coyolSiento una vaga ternura infantil / cuando al frescor de las húmedas huertas / sus indecibles plegarias inciertas / lloran las dulces cigarras de abril. / Trémulos llantos que el aura sutil / lleva en sus al
allá…Lucita, ¡qué pena / me da ver, envueltos en tímidos lampos / de luna, tus campos, / tu tierra morena; / la loma que se alza / con los capulines por que suspirabas, / y aquellos caminos por donde pasabas / bañad
árbol de fuegoSon tan vivos los rubores / de tus flores, raro amigo, / que yo a tus flores les digo: / «Corazones hechos flores». / Y a pensar a veces llego: / Si este árbol labios se hiciera… / ¡ah, cuánto beso naciera / de
ascensión¡Dos alas!… ¿Quién tuviera dos alas para el vuelo? / Esta tarde, en la cumbre, casi las he tenido. / Desde aquí veo el mar, tan azul, tan dormido, / que si no fuera un mar, ¡Bien sería otro cielo!… / Cumb
balsa de floresAquel caserío tenía un modo / de ser, especial: / el aire más fresco, más limpio, y todo, / ¡todo era un paisaje pintado en cristal! / Por lo suave y dulce, por lo plañidera, / la voz de las aves casi era u
cañal en florEran mares los cañales / que yo contemplaba un día / (mi barca de fantasía / bogaba sobre esos mares). / El cañal no se enguirnalda / como los mares, de espumas; / sus flores más bien son plumas / sobre espadas
cantemos lo nuestro¡Qué encanto el de la vida, silos natales vientos / en sus ligeras alas traen ecos perdidos / de músicas de arroyos y música de nidos, / como mansos preludios de blandos instrumentos! / ¡Qué encanto el de
después de la lluviaPor las floridas barrancas / Pasó anoche el aguacero / Y amaneció el limonero / Llorando estrellitas blancas. / Andan perdidos cencerros / Entre frescos yerbazales, / Y pasan las invernales / Neblinas, borrando
el nidoEs porque un pajarito de la montaña ha hecho, / en el hueco de un árbol, su nido matinal, / que el árbol amanece con música en el pecho, / como que si tuviera corazón musical. / Si el dulce pajarito por e
el retornoSoporosa es la tarde. Junto al estrecho aprisco / sestean los ganados. La vaca, zahareña, / muge tranquilamente, mientras sopla la peña, / la agridulce nariz del buen ternero arisco… / Colúmbrase, entre z
el saltoEscena regional; urente sol de estío; / una grácil parásita cuelga su escalinata / de alas de mariposa, pájaros de escarlata, /
esta era un alaSiempre remuneraba mi visita / con el oro de un cuento encantador; / la candidez vivía en la ancianita / como el agua del cielo en una flor… / Adoraba los niños y lo azul; / siempre andaba vestida de candor
huertos nativosBajo toldos de rubios naranjales / serpentea el camino polvoriento / todo lleno de aromas y de viento, / lleno de músicas primaverales. / A las primeras luces matinales / pasa el ganado con su paso lento… / y
la muchachita pálidaAquella muchachita pálida que vivía / pidiendo una limosna, de mesón en mesón, / en el umbral la hallaron al despuntar el día, / con las manitas yertas y mudo el corazón. / Nadie sabe quien era ni de dond
la tarde en el puebloEsta tarde de enero no tiene la pureza / de aquella tarde muerta que ya echaste al olvido; / sobre la misma hierba, cansada, se ha tendido, / y enferma de recuerdos, la hermanita tristeza… / Sin embargo e
la tórtola¡Cucú, cucú! ¿Estás gimiendo, / tórtola del arrozal? / ¡Mirá que me estás haciendo / con tu cantar, mucho mal! / ¡Cucú, cucú! EL caserío / se va llenando de calma, / ¡y un naranjo y una palma / se están besando
las manos de mi madreManos las de mi madre, tan acariciadoras, / tan de seda, tan de ella, blancas y bienhechoras. / ¡Sólo ellas son las santas, sólo ellas son las que aman, / las que todo prodigan y nada me reclaman! / ¡Las
los ojos de la criollaUnas veces es clara, y otras veces trigueña / cual la tierra quemada por el fuego del sol… / La criolla que en los labios lleva un tenue arrebol / y en los ojos oscuros lleva un alma que sueña… / Cuando l
los ojos de los bueyes¡Los he visto tan tristes, que me cuesta pensar / cómo siendo tan tristes, nunca puedan llorar!… / Y siempre son así: ya sea que la tarde / los bese con sus besos de suaves arreboles, / o que la noche cla
los pericos pasanLa tarde despierta de su sueño, / cuando la alígera nube despunta cantando… / Una nube de alas… una alegre nube que baja, que sube… / Son ellos. Se alejan entre llano y cielo. / Son las esmeraldas de un c
los potrosYa se acercan los potros; raudamente precisa / el grupo sus contornos de estética salvaje; / entre el pálido rosa del lánguido paisaje / corren desenfrenados, a la par de la brisa. / Los potros ya se acer
luna en el ranchoVagar, soñando versos, en silentes caminos, / con la dorada lluvia del sol sobre tu frente; / y en un tronco sentados, mirarme largamente / en las dormidas aguas de tus ojos hialinos… / “Y qué linda”, dij
plombaginaClaroscuro, ¡canta el río! / ¿Cómo viene tan jugando? / ¡Y las hojas con rocío / son ojos verdes llorando! / ¡Qué de músicas celestes / se escuchan en estos lares; / murmurios de platanares / y de palomas agres
quezaltepecLa noche fue dantesca… En medio del mutismo / rompió de pronto el retumbar de un trueno… / Tropel de potros que rompiera el freno / y se lanzara, indómito, al abismo… / Un pálido fulgor de cataclismo, / al
ropa blancaEn el umbral del rancho está María; / las sombras de sus ojos son rivales / de esas sombras que dan los cafetales / cuando se empieza a adormecer el día… / Es muchacha que sueña y desvaría, / si se le habla
un día -¡primero dios!…Un día -¡primero Dios!- / has de quererme un poquito. / Yo levantaré el ranchito / en que vivamos los dos. / ¿Que más pedir? Con tu amor, / mi rancho, un árbol, un perro, / y enfrente el cielo y el cerro / y el
un rancho y un luceroUn día -¡primero Dios!- / has de quererme un poquito. / Yo levantaré el ranchito / en que vivamos los dos. / ¿Que más pedir? Con tu amor, / mi rancho, un árbol, un perro, / y enfrente el cielo y el cerro / y el