PAIS POEMA

Libros de alfonso orantes

Autores

alfonso orantes

barrunto de mi muerte
A Paco Figueroa / Errante, sin moverme, en mi desierto / le hallé sin encontrarle. Su presencia / es el propio trasunto de la ausencia / envuelta en las verdades de lo incierto. / Pasa quedando. Cierra y de
ducha
anófeles romántico / aquella noche trompetillaba el mismo cántico; / a la vulgar blancura del burgués plenilunio / consonante dió junio / el poeta aburrido / del monótono ruido / y del mismo indumento de novi
gema astral
Mujer y ángel que en lo femenino / De lo corpóreo que hay en tu existencia, / Anticipa a mi opaca inteligencia / Cómo está conformado un ser divino. / Fruto de la poesía, flor y trino, / Pureza niña, de lo
hallazgo
Ella se puso ante mis ojos. / Fué uno de esos días / que iba cantando en mi la vida / una canción de adolescencia. / Ambos temblábamos como niños / ciegos por un deslumbramiento. / En nuestras bocas las sonri
kodak sentimental
Cuando sonríe / toda la gracia está en su boca / y la alegría / como una fiesta entre sus ojos. / Hay en su voz / Estallar de gorjeos infantiles / Entre inflexiones de ternura maternal. / Su risa, / Ejercicios de
pequeño monstruo
Pequeño monstruo. Del placer la gruta / Íntima. Ventanal del Cielo. Foso / Revelador de infierno milagroso. / Isla, molusco, monte, flor y fruta. / Perdido ya el Edén, mínima ruta / Para su hallazgo. Surco
reversión
Integrar cuanto hayamos destrozado; / hallarnos entre todo lo perdido. / Volver a ser el niño que hemos sido / y recordar cuanto hemos ya olvidado. / Devolver lo que habiendo atesorado / hemos arrebatado o
ruego
Iluminaste mi existencia / llenando el arca vacía de mi corazón. / Me abrieron tus ojos las puertas de lo eterno / y el secreto de la vida me lo dijo tu boca. / No vayas a dejarme abandonado / en medio de l
solojos
De pronto, al mirarla a la cara / era ojos, solojos. / Sus dos ojos eran globos cristalinos / que al fundirse en uno / se hacían una sola esfera de cristal. / Que sol ni que luna, / ni que estrellas. / Ella era
soneto (a claudia lars)
Ahora que padeces por la espina / que tenías clavada entre la rosa / de tu vida de niña prodigiosa / y sabes la verdad que se avecina. / Ahora que tu espíritu se afina / para cambiarte en forma milagrosa, / n