alfonso calderón
buscaremos a los diosesTú que sabes del tibio acento de las plumas / y del calor infinito escondido en la nieve / trata de penetrar en este vago porvenir de sueños / en prodigio de savia o rosa adolescente. / Recuerda que aún d
cuerpo o sonidoToda a los labios son estrellas / en este antiguo amor, / en este gastado roce silencioso; / y las cabelleras quisieran ser bosques / o corazones implorando rostros / Todavía hay horizonte en el goce de uno
de la resignaciónHubo manos que sumergieron fórmulas / y quisieron volar / como aire o corazón interminable. / Hubo instantes / en que el mar se creyó sangre / y buscó las arterias. / ………… / Por el cielo… / un ángel sonreía.
en busca del designioBuscad / labios perdidos, / lejos del eco imaginario / que despiertan unas plumas. / Buscad / corazones que saluden, / más allá del parpadeo / que nos une a la rosa. / Buscad la luz / más allá de los designios del
eres el anochecerAllí donde comienza el silencio, / estás tú, / toda deseo, toda extensión / como hierba o álamo solo / que recoge el instante puro de unos sueños / en la triste, tan triste presencia de unas manos sin venas
he vistoHe visto atardecer tu rostro / en el desvío de unos labios / y al brillo del jazmín. / He visto como a pesar de tu aparición / sobre los cuerpos, / piensas en el fuego y la sangre confundidos. / He visto / que
huida del cuerpoRecorriendo tus labios busco en cada beso / un sonido a flor o vena consumida, / amoroso afán de un corazón vacío. / En cada brazo que tristemente gime / un pájaro silencioso muere en tus dedos; / anhelando
la muerte está en el olvidoEste cuerpo ya sobra en el olvido / de un aéreo silencio vibrador / donde los años llegan con rumor / de arterias aplacadas sin sonido. / Esta tristeza devuelve el dolor / de unos muslos ausentes y perdidos
moriré en el surHáblame de tus venas / y la espuma amarillenta de las lágrimas. / Háblame del torrente salobre / que los dioses desdeñan. / Escucha la marcha de la muerte / en un silencio hermoso / como la delirante soledad
mujer dormidaEstás sola en la playa, / bienamada, / y tu cuerpo acariciado por los vientos / recuerda la espuma sollozante. / Estás sola, mas en tu soledad / virgíneos te rodean los sueños, / y esa arquitectura tentadora
no hay instantes solosLa noche comprende esa música total / de la boca creciendo en el tiempo. / Por eso, / nunca estamos solos, / corazones ignorados, / porque siempre una estrella nace en círculos / deslizándose en la geometría
noche con alas¿Quién se acerca / a los designios del labio? / ¿Quién desnuda tus manos / en un brillar de venas? / Y al fin de la noche, / ¿qué misterio párpado / Vio ocultarse la última estrella / tras el límite de tus ojos
para no amarNo quiero ya latidos que condenen / justificando tu ausencia revelada, / ni menos pechos doloridos / que presuman la tristeza de tus manos. / No quiero adivinarte las pupilas / de sosiego, como luna para am
plenitud de la tristezaTal la tristeza ciega, / enhiesta como espada sin origen / o muslo victorioso de muchacha. / Alta… grácil. Así te tuve. / Como difuso deseo, / buscando graciosa criatura / tu rostro bienamado en la ceniza. / Ni
preparación para el olvidoQué triste es el sonido / que busca las manos / sin devolver ecos. / Qué poco basta / para entregar un labio / al esquema de un beso. / Y en fin qué solos quedamos / cuando un llanto nos sobra / y es inútil toda
presencia de unas lágrimasQué presentido sol / o luna aparecida / dio con el océano de tus lágrimas. / No sé si eras una mariposa / o el límite de una estrella. / Eras tú misma… / Ave que truncó su melodía en este cielo / esculpido de s
primer consejo a los arcángeles del vientoVosotros / estáis callados / arcángeles del viento. / No sentís el temblor de unos muslos / ni el clamor de las venas; / no os importa / el latido de una estrella / ni el fin de la espuma. / ¿Para qué / iluminar la
ritorneloUna lágrima o un beso. / Un silencio entrecortado en rumores. / Una mano de nieve. / Atardecer. / Cabellera en sombra. / Lento paralelismo de unos labios. / Una hoja que resbala en las pupilas. / Nada más.
soledad en el olvidoSucede a tu silencio la tristeza; / el ciego lamentar de unos labios / en el rostro pertinaz y retenido / de tu cuerpo eclipsado por el tiempo. / Lejano está el resonar de dos alas / que infinitas nos diero
sueño de unas sombrasTú… / en las estrellas. / Yo… / en el agua. / Y así para nosotros / la noche entró a los caminos / como un buey de sombra. / Se aquietaron las voces azules / de los astros lejanos, / y en un temblor de labios / prese
volumen del olvidoComo una lejanía sin respuesta / estás presente en todo: / en los muslos renegridos de unos árboles, / en la tibia ausencia de unas hojas detenidas / en el cansancio sin forma del ser perdido / habitante mo