PAIS POEMA

Libros de alejandro tapia y rivera

Autores

alejandro tapia y rivera

a elena
Colúmpiase en el valle una azucena / tan pura y tan galana / como de abril la cándida mañana. / El zumbador que la enamora tierno / de su pudor y su beldad celoso, / no se atreve a libar en su corola / el néc
a goyita
Goyita de mi alma, / de ti distante, / el dolor atormenta / mi pecho amante. / ¡Ah! ¡quién pudiera / recibir en tus brazos / la muerte fiera! / Que para mí más grata / ella sería, / que lo es de ti ausente / la vida
a una dama de noche
¡Oh! ¿dime qué pesar tu seno encubre, / qué triste desencanto / en esa tu faz bella, / dejó de un amarguísimo quebranto / la dolorosa huella? / ¿Porqué te hastías / en medio de la fiesta rumorosa, / en que brin
a unos ojos
¿Me preguntas, pintor, que cómo quiero / que pintes el mirar y la hermosura / de aquellos ojos do el Edén fulgura, / de aquellos ojos por que vivo y muero? / Copia el fulgor de matinal lucero, / de gacela a
al niño alfredo de h. y r.
Cabe el materno tálamo / se mece blanda cuna, / los dos amantes cónyuges / invocan la fortuna / con celestial cariño / para el dormido niño: / él sueña con los ángeles / que acaba de dejar. / Del niño el blando é
ante la puerta dorada…
Ante la puerta dorada / de Doña Inés, gran señora / que pasa risueña vida / entre primores y joyas, / un andrajoso mendigo / con faz de hambriento llorosa, / llamó pidiendo por Dios / una mísera limosna. / Asomos
el ángel del amor
Dios hizo el mundo; con su voz divina / del caos lo sacó, / y admirando su obra peregrina / se dice que la amó. / Su grandioso querer cumplido estaba / magnífico, inmortal; / pero amante, colmar aun le faltab
el sol de la ventura…
I / El sol de la ventura / no ha dado aún a mis ojos / tu imagen; mis antojos / perciben tu hermosura, / perciben en la altura / de un ángel el destello, / de un hada el rostro bello… / Para llamar feliz mi trist
el último borincano
De la anhelada victoria / perdida ya la esperanza, / podrá tan solo la muerte / aliviar nuestra desgracia. / Al fuego de los cristianos / es la resistencia vana, / y todo cede ante el filo / de sus cortantes es
guamaní
¡Conoces la alta cumbre / que allá en el suelo / de mi Borinquen bella / saluda al cielo; / verde montaña, / que corona altanera / campos de caña. / En su cima se elevan / las palmas reales, / y en sus faldas se me
himno-salve a la virgen de la providencia
CORO / Dios te saluda, oh María: / trajiste a la tierra amor / y el hombre en su desamparo / «Providencia» te llamó. / Llena estás de eterna gracia, / flor preciosa / y amorosa / que el eterno cultivó; / y cuando a
huye la dorada puerta…
Huye la dorada puerta / de una existencia que ignoras, / que en este Edén que ya adoras, / no entre lirios se despierta. / Si en tu cándido delirio / te place nuestra existencia, / nunca sepa tu inocencia / que
la hoja del yagrumo
Yo vi los negros ojos / de una trigueña, / cuando iba hacia los montes, / a cortar leña: / ¡ojos de fuego! / Sentí que me dejaban / de amores ciego. / Seguí triste y turbado / por mi camino, / dejando a mis espalda
los ojos de …
¿Me preguntas, pintor, que como quiero / que pintes el mirar y la hermosura / de aquellos ojos do el Edén fulgura, / de aquellos ojos por que vivo y muero? / Copia el fulgor de matinal lucero, / de gacela a
oh sol de mi niñez, madre querida…
Oh sol de mi niñez, madre querida, / que te ocultas en nubes de pesares, / los ecos de mi alma entristecida / lleve hacia ti la brisa de los mares. / No muevo el arpa a meloDioso canto / por seguir el fanta
razón que imperas en mí…
Razón que imperas en mí / ¿porqué habré de mentir yo, / diciendo impasible no, / cuando el alma dice sí? / Al mirar tus bellos ojos / siento nacer la alegría, / porque truecan, vida mía, / en encanto, los enojo
solitaria y temerosa…
Elena / Solitaria y temerosa / pobre nave desvalida, / vago en el mar de la vida / en combate desigual. / ¿Porqué, oh cielo, me robaste / el dulce materno amparo? / ¿Qué seré sin su amor caro / ante el recio vend
triste la hermosa borinquen gemía…
Triste la hermosa Borinquen gemía / arrastrando la mísera pobreza, / ella que el don de perenal riqueza / en sus campos feraces contenía. / El cielo que amoroso la quería / no pudo consentir en su terneza / q
tus ojos me miraron…
Tus ojos me miraron / y en bello oriente, / un astro me mostraron / resplandeciente. / Pagó tu labio bello / mi amor sumiso, / y el astro fue destello / del paraíso. / Mas en vano encendiste / mi grato anhelo, / y a
un ángel al pindo bajó cierto día…
Un ángel al Pindo bajó cierto día, / por él una musa de amor suspiró; / naciste, oh hermosa, de aquella armonía. / Su frente inspirada, su voz de ambrosía, / la Musa te dio. / Te dio como madre, su forma he
¡oh! ¡cuán triste se queja el alma mía!…
¡Oh! ¡cuán triste se queja el alma mía! / Si la mañana hermosa / con su rosado velo, / con plácida armonía / me saluda al subir al alto cielo, / por mi amante deliro / y saluda a la aurora mi suspiro. / Si la t
¿do yace aquel pastor, cara belisa…
ROSANIO / ¿Do yace aquel pastor, cara Belisa / que a los sones de agreste caramillo / cantó con tono que pasmó a la brisa / tu gracia y hermosura? / ¿Aquel que celebró tierno y sencillo / la campesina paz, cu
¿hacia dónde tu vuelo…
¿Hacia dónde tu vuelo / diriges, ave triste? / ¿Quizá, ay de ti, perdiste / la prenda de tu amor? / ¿O acaso el árbol bello / donde guardaste el nido, / el hacha ha destruido / o el fuego abrasador? / Tu canto qu
¿por qué al trepar la colina?…
¿Por qué al trepar la colina / que de ti fiera me aparta, / ¡oh grata mansión! mis ojos / se llenan de tristes lágrimas? / ¿Será que, ay de mí, no vuelva / hacia ti, mansión amada? / Quién lo sabe, que la mue