PAIS POEMA

Libros de alberto rubio

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alberto rubio

comensal
Arrimado a la esquina de la mesa, / fiel, infinito el son de mi cubierto, / quisiera seguir siendo siempre el mismo Alberto / Rubio resucitado con su presa. / ¡Qué olorosa la carne me embelesa / dorada, tan
el cactus
Apretada la tierra en la greda vasija / ha tiempo que parió al esbelto cactus. / Cada día lo veo de mañana, / le llamo: -Fiel amigo, esbelto infatigable. / Entonces me obedece el cactus verde, / se adelgaza
el camino
Es el mismo camino que condujo mi infancia. / Aquí está el mismo cerco, allí las zarzamoras / llenándose de polvo, allí la piedra agreste, / y un niño fantasmal que eternamente sigue. / Y el cabello camin
galán
Tanto tiempo que esperan esas flores / vagas, alertas desde los rosales, / ser envío de amores / secretos, potenciales / en culpas atrasadas / que no han nacido y viven desahuciadas. / Así no sé de males / míos
hasta bosque
Un bosque de eucaliptos me recuerda, / un olor de eucaliptos me hace aire; / me recuerdo y me olvido hacia mi infancia. / Soy un niño y también soy el estero / que corre por el fondo. / Yo también me hago e
inmóvil
Fatiga despuntar un par de pasos: / basta el impulso como heroico avance. / Deslumbra agotador el solar trance / de perseguir las albas, los ocasos. / ¿Correré siendo sol por campos rasos, / rayos mis piern
la abuela
Se puso tan mañosa al alba fría, / la cerrada de puertas, la absoluta de espaldas, / cosiéndose un pañuelo que nadie conocía. / Se bajó bien los párpados. Con infinita llave / los cerró para siempre. Unos
mesa del alba
La mesa en la mañana me espera con su silla, / mas se sienta la ausencia familiar a la mesa. / La mesa en la mañana hasta mis ojos brilla, / cuando estoy frente a ella con mi sola cabeza. / Es una gota pa
milenario
Me vuelvo esa persona demorosa, / confusa, cuya prisa más la atrasa / cuando sale; no sabe qué le pasa. / ¿Las redes o tejidos? ¡Buena cosa! / Los huertos y jardines, tanta rosa, / fruta, alfalfar, viñedo,
padre
A Armando / Ni el tronco yo, ni tú la esbelta copa, / ni tallo ni renuevo desgajado. / Ven a la mesa. Escarchará la sopa / de seguir enfriándose a mi lado. / Si no probaras nunca más la cena, / furia, helor e
sandial
Por un hondo camino me aproximo a la historia / que en la honda sandía me sangra frescamente. / Es como hacer alegre calado en la memoria / recordar a mi madre sandía hundidamente. / Y me hundo profuso en
señoriales señoras
¡Alto departamento que brilla allá en los cielos! / Los balcones se asoman, silenciosos y solos, / y más adentro de ellos las señoras conversan, / sentadas mutuamente, señoriales y altas. / Un silencio de