País Poema - Autores

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a delia
Si vi tus ojos, Delia, y no abrasaron / mi corazón en amorosa llama; / si en tus labios, que el abril inflama / de ardiente rosa, y no me enajenaron; / si vi el sen
a elisa
En vano, Elisa, describir intento / el dulce afecto que tu nombre inspira; / y aunque Apolo me dé su acorde lira, / lo que pienso diré, no lo que siento. / Puede pi
a filis
En vano, Filis bella, afectas ira, / que es dulce siendo tuya, y más en vano / nos insulta ese labio soberano / do entre claveles la verdad respira. / Un tierno pec
a la amistad
La ilusión dulce de mi edad primera, / del crudo desengaño la amargura, / la sagrada amistad, la virtud pura / canté con voz ya blanda, ya severa. / No de Helicón l
a las musas
Doctas Pimpleas, que las verdes faldas / moráis alegres del feliz Parnaso, / donde Castalia su inspirante onda / vierte suave; / Sed a mi canto fáciles, el día, / que
al amor
Tal vez, amor, bajo el sagrado velo / de la amistad encubres tu furor; / el corazón se entrega sin recelo, / y en él clavas la flecha a tu sabor. / Tirano dios, cuy
del amor
Alcino, quien los ásperos rigores / de una ingrata beldad vencer procura, / ni encantos a la tésela espesura, / ni a la remota Colcos pida flores. / Amar es el hech
la ausencia
Nace la aurora y el hermoso día / brilla de rojas nubes coronado; / en mi pecho, de penas abrumado, / la sonrosada luz es noche umbría. / De las aves la plácida arm
la belleza
¿Dónde cogió el Amor, o de qué vena, / el oro fino de su trenza hermosa? / ¿En qué espinas halló la tierna rosa / del rostro, o en qué prados la azucena? / ¿Dónde l
la duda
¿Si será de amistad, Filis hermosa, / la grata llama que en el pecho siento; / que como propio tu dolor lamento, / y soy feliz, cuando eres venturosa? / ¿O será amo
la envidia
Dulce es a la codicia cuanto alcanza / doblar el oro inútil, que ha escondido; / sin tener otro afán, ni por sentido, / meditar ya el placer, ya la esperanza. / Dul
la esperanza
Dulce esperanza, del prestigio amado / pródiga siempre, que el mortal adora, / ven, disipa piadosa y bienhechora / las penas de mi pecho acongojado. / Vuelve a mi m
la razón inútil
Es tarde ya para que amor me prenda / en su lazo halagüeño y fementido; / que aunque tal vez de la razón me olvido, / el hielo de la edad ¿quién hay que enci
las ruinas de sagunto
Salve, oh alcázar de Edetania firme, / ejemplo al mundo de constancia ibera, / en tus ruinas grandiosa siempre, / noble Sagunto. / No bastó al hado que triunfante e
regalo a una nueva esposa
Esta que aun lleva la encarnada espina, / gloria de su vergel, purpúrea rosa, / y esta blanca azucena y olorosa / bañada de la lluvia matutina. / Un pastorcillo a t