País Poema - Autores

alberto ángel montoya

a ti
Como la fruta original tú tienes / duplicidad de hieles y panales. / Eres todos los Males y los Bienes, / sin saber de los Bienes y los Males. / Buscando paraísos t
a una amazona
Quiero soñar contigo, rubia y alta amazona / que has cruzado esta tarde mis predios sin saber / que el hombre por quien vuelves e irrumpes en la zona / clausurada
ana
He vuelto al puerto tropical que un día / miró el reposo de mi sed liviana / bajo la sombra de tus brazos. Ana, / tu boca era una fruta al medio día. / Después amor
campo de caza
A la sombra del bosque de tu oscura melena / me acechaban tus ojos como lagos siniestros. / El fuego de tus labios orientó mi camino / porque perdí la ruta cándid
cena
Una historia de ayer traza tu fino / labio en carmín, y es hoy en tus ojeras. / Y hay un collar de olvidos y de esperas / si se yergue tu cuello alabastrino. / Las
cita
Cómo era de hermoso el albo cuello / al quitarte la marta cibelina. / Cómo era la espalda de divina. / Cómo el hombro en su albor era de bello. / Emuló con sus uñas
dos mujeres
Agua amarga de un mar cuya ribera / era el párpado azul. Qué cielo ido / de ese mar a otro mar, entristecido / de lágrimas también y azul ojera. / Yo las amé a las
el alba inútil
A los labios del hombre taciturno, la aurora / trajo un ebrio recuerdo de olvidados cantares. / El alba en las pupilas noctámbulas había / sorprendido la angustia
el beso
Un pebetero erótica fragancia / de ámbar y nardo en el salón deslíe, / al par que en bronce un sátiro sonríe / impregnando de mal toda la estancia. / Verde malva es
el retorno
Fue tan grande y amargo mi despecho, / y fue tu angustia en el adiós tan poca, / que al recordar la herida de tu boca / soñé con otra igual para mi pecho. / Mas hoy
el rito
He hallado un rito antiguo, dolor, para que oficie / tu orgullo su venganza. / Asiática molicie / sobre cojines blandos. Mágico sueño de opio. / Edén imaginario que
ella
Ella está aquí, presente en la distancia / que separa su nombre de mi oído / y está aquí en el espacio estremecido / que hay entre mi recuerdo y su fragancia. / Ell
éramos tres los caballeros
Éramos tres los caballeros. Uno / amaba el juego y la mujer. El otro / amaba la mujer y amaba el vino. / Yo amaba el vino, la mujer y el juego. / Íbamos por garitos
es un dulce presagio
A batallas de amor, campo de plumas… / Luis de Góngora y Argote / Es un dulce presagio de combate / este extenderse entre la bruma intacta / de frío albor que con t
esa mujer
La noche junto a mí. La compañera / del alcohol, los besos y el desvío. / La noche en el espacio y en el frío. / La noche en fin. Y una mujer cualquiera. / Una muje
estuvo ella tan cerca
Estuvo ella tan cerca, su cuerpo junto al mío, / que entreverle los senos era amarla dos veces. / Iba el río cantando porque el agua del río / el cuerpo de la niñ
fémina
Con una ambigüedad de ave y de fiera, / leopardesa y paloma en tu destino, / al selvático ardor juntas un fino / tacto de arrullo en virginal espera. / Mas, ay
joyel
Este diamante de fulgores pleno / que el rico engaste de platino irisa, / oyó tu llanto y escuchó tu risa, / altivo sobre el raso de tu seno. / También oyó mi confe
la iniciada
El destino, voluble caballero embriagado, / se fastidio ayer tarde con tu inútil promesa / y te vendió a la noche. Y la noche tahuresa / te jugó sobre el verde ta
la niña de las naranjas
Muchachita de la aldea, / flor de la villa cercana, / llevas la noche en los ojos / y el sol reluce en tu cara / Yo ayer me encontré contigo / cuando cruzabas la plaz
la voz apenas
Yo me he quedado con la voz / de esa mujer -la voz apenas- / como se quedan los marinos / oyendo el mar desde la tierra. / Y sin embargo yo algún día / pude ceñir la
las copas
Para buscar el alma de los vinos / no me basta mi cáliz cincelado. / Quiero altas copas de cristal tallado / que imiten largos cuerpos femeninos. / Copas en cuyos b
las manos
Yo no sueño con manos gentilicias / blancas como las blancas azucenas. / Albas las sueño, mas las sueño plenas / de pasión y de eróticas primicias. / Manos para los
lelia
Dulce Lelia imposible… Suave Lelia lejana. / La tarde está conmigo lo mismo que una hermana / convaleciente y triste que me tendiera el brazo / para vagar soñando
madrigales
III / La mano que besé ayer / ya libre del fino guante, / leve, transida y fragante, / comenzaba a florecer. / Yo buscaba en su color / algo que nieve no fuera, / mientra
maitines
Tu voz reza la gracia de la hora. / Mi orquídea en el ojal ya está marchita. / Y en tus joyas refulge la exquisita / irisación lejana de la aurora. / El amplio lech
nocturno
Un doncel y una estrella compendian el nocturno. / Sobre la playa el grácil doncel está desnudo. / Tendido el cuerpo y pálido a la luz de la estrella, / se le pen
ofrenda
Qué dualidad de arcángel y vampiro. / Frío de sol y llama sobre el hielo. / Qué luz de amor y para amar, el cielo / concretado en tus ojos de zafiro. / Tendiéronse
pasión tardía
Toma la copa y bebe, que mañana / no habrá vino en tu copa ni en la mía. / Inútilmente prolongué mi fría / indiferencia mentirosa y vana. / Rompe la copa y ríe… Que
perennidad
Señora, estoy aquí en el sitio / de aquel diván y aquel recuerdo. / Es ya ceniza el fuego extinto, / pero al crepúsculo otro leño / se encenderá para el olvido / y ha
preludio
…Cecil, van a talar el bosque. / Un día florecieron tus manos en la ausencia / de la luz que tu mano resumía… / Era octubre, y la doble florescencia / de tus manos
querella
¿Cómo quieres que cese la querella / que hace hoy de ti un sueño preterido, / si a mi voz el rencor sella tu oído, / y el orgullo a tu voz el labio sella? / Alárgam
renunciamiento
No sabes tú, doncella que a mi dolor te ofreces, / que mi alma está cercada de horóscopos fatales? / ¿No sabes que en mi copa sólo quedan las heces / sacrílegas e
romance de la niña inocente
No me la mostréis vestida / que yo la miré desnuda. / Su propia piel la ceñía / veste a su propia hermosura. / Y era de armiño su cuello / que en red de venas se azul
romance del estío
Fui a su puerta de jazmines / para pedirle una brasa, / y ella me dijo que sí, / mientras mis labios miraba. / La moza criolla tenía / rostro de color de playa, / y un
rouge
De un solo beso desteñir provoca / tu boca en corazón recién pintada. / Fruta y flor a la vez; copa colmada / de vino y miel para la sed más loca. / Ella en sus viv
se evaporó su nombre y ha quedado
Se evaporó su nombre y ha quedado / su recuerdo en mi ser desvanecido, / como queda un arbusto alzado en nido, / ya sin trino, en el aire, despojado. / ¿Cómo era su
se extasiaban tus ojos en la espera
Se extasiaban tus ojos en la espera / y una ola de amplia encajería / tu albo cuerpo orgulloso circuía / como circunda el mar una escollera. / Altanero pendón, alta
soneto al amor i
Cuántas veces, amor, por retenerte / puse a tus pies mi juventud rendida. / Y cuántas a pesar de estar herida / te la volví a entregar por no perderte. / Cuántas ve
soneto al amor ii
Este dolor de amor que me fue dado / a cambio del amor que di sin tasa, / para el olvido que al amor traspasa / ya tiene el corazón crucificado. / Esta sangre fluye
soneto al amor iii
Hiere más fuerte, amor, hiere más hondo, / que aún en tu dardo está toda mi vida. / Para que goces con tu propia herida, / ni el alma oculto, ni la llaga escondo.
souvenir
Este amor que ha llegado entre la niebla, / igual que en otro invierno, sigiloso, / todo un ayer con su presencia puebla. / No turbarán el don de su reposo / cruele
tu pie
Nardo y rosa, tu pie guarda una clave / de voluptuosidad que me estremece, / cuando en la alfombra silenciosa y suave, / bajo tu bata, al caminar, florece. / Si en
tu zapato
Pesa tan poco tu zapato leve, / que finge ser, cuando tu pie reposa, / más que un zapato, un pétalo de rosa / hecho para pisar copos de nieve. / Si ágil orquesta su
variación para el tema de sus manos
Yo las miré juntándose en un acto / de pío amor, por el amor transidas. / Sutil comparación de nuestras vidas: / la dicha igual y el corazón exacto. / Qué vanidad d
variación para un recuerdo
I / El tiempo ya, Cecilia, sobre mi alma / y en mi cumbre de sombra, es como un viento. / Y en el viento una hoja va dorada. / Es tu melena de oro en aquel largo / am
viento en la alcoba
La misma alcoba de ese amor, es ésta. / Una flor seca y una copa rota. / Soledad del orgullo y voz ignota / del viento intruso, es todo lo que resta. / ¿Y dónde, oh
volvió algún día mi pasión errante
Volvió algún día mi pasión errante / a tu ardua playa que llamé yo mía. / Marino sólo en su melancolía, / viré hacia ti la ruta y el instante. / Volví a ganarte, oh
vuelo al corazón
Vuelo del corazón que se ha abatido / de tan alto volar sobre tu seno. / Vuelo del corazón que en campo ajeno / cayó ayer al azar de lo perdido. / Unos ojos de ciel