aída elena párraga
a qué me voy a aferrarSi no es a la risa que dejaste / colgada en el respaldo de la cama? / Cómo voy a sobrevivir estas distancias, / Si no es amarrada a tu palabra? / Quién me va a inve
amor sintiendoDónde están mis ganas de decir tu cuerpo / De hablar de tus olores… de tus fuegos / Dónde la necesidad de decirte amor: «te quiero» / Te quiero amor tan dentro. / D
autobiografíaEsa mujer que ves ahí / no tiene nada. / Sus manos no saben de anillos / pero anidan mariposas, / no tiene más adorno sobre su pecho / que dos enhiestas esmeraldas, / n
el fuego y sus misteriosYo conocí el secreto del fuego / mucho antes que el primer / bosque se incendiara. / Antes aún de aquella hoguera, / antes de la llama. / Como todos los hallazgos / fue
injusticiasLo injusto no son estas paredes, / tan asquerosamente limpias / de ventanas, / ni la blancura estridente / que las cubre. / No son los pocos barrotes / que adornan las
locura unoCon esta locura de abatidas alas, / que se le contagia hasta a las nubes, / que anda rebotando de imagen en espejos, / que no conoce ancla, / que nunca llega a puer
margarita te quiero contar un cuentoEstoy a punto de caer / en el pozo avellana / de tus ojos… / Me aferro a mis razones, / a las pocas raíces que la vida / me ha ido creciendo en el alma… / Pero me empuj
metamorfosisHay días en los que me despierto / convertida en agua: / Toda húmeda, / sin fondo, / habitada por luces, / tocándolo todo. / Días en los que me siento océano / bailando a
mujeresYo he visto a una mujer nacer del agua / con el vientre cargado de promesas, / con el mundo retozando en sus espaldas. / He visto sus ojos que imaginan / un fruto c
quédatecomo se quedan las estrellas / prendidas en la nada. / Quédate / como se queda el olor / de la hierba / sobre la piel de los que aman. / Quédate / como se queda la luz / de
san telmoTodos los días / prendida de tu sombra / como rayo de sol buscando abrigo, / prendida por tu piel / que me hace hoguera, / prendida de tu olor y tu mirada. / Como río b
soloacompañado por los jades de la hierba / llora el ciruelo / su corazón roto. / Allá, donde nada crece, / donde la raíz es huérfana de todo, / llora el ciruelo / su coraz
terminal de o.El pequeño demonio, / encorvado, / flaco y harapiento, / con los ojos inyectados de thinner / y la mirada perdida / en laberintos únicos, / propios e irrepetibles. / El p
tu espaldaes la tabla de mi único / mandamiento, / la arena en que se hunden / mis manos saladas de deseo, / la tierra que espera / mis arados / y que le llueve a mi semilla. / El