agustín labrada aguilera
alucinantes murosEntre mi padre y yo está la guerra, / aunque a veces las balas sean este silencio, / un silencio que hiere / y levanta arrecifes con dragones, / mentiras herrumbros
antes veía los astrosDetrás de nuestros vidrios todos acertamos / la doble faz de las épocas. / Pienso en el destierro dentro del mismo anillo, / la reconciliación que siempre nos vis
así justificamos el terrorUno se bebe el cielo cuando atardecen las ciudades, se desliga del mito y tensa otra figuración de la anarquía, que nos fragmenta al delinear la identidad e
círculo y utopíaDe falda en falda se trenza nuestra huida, / porque la libertad / se alisa con el miedo, / y muy contados hombres / podrían sostenerla entre sus cardos. / De la madre
con el viento y la suerteSe extiende mi voz, / alfanje hacia su noche, / hiere las máscaras, / se anilla entre los libros / y alumbra como tigre. / Libertad mía / de diálogo sin rostros, / ¿me es
di nombre a un astroDi nombre a un astro / y oscureció mi pez como ese lirio, / negro para su estirpe, / frágil ante los soles, / borrado en el desierto por la luna. / Morirá una cig&uum
el fin de la avenida está en el sableEl fin de la avenida está en el sable de Calixto García, que a caballo se aquieta con la espuma. Yo lo contemplo acostado en el muro, que escinde la ciudad
el poema de normaHe cruzado esta isla como fiesta de pobre / y creo en sus prodigios, / pero toda la angustia cae dormida a mis ojos / y no llego a decir más que la noche. / Cruzo o
el rastro de los ángeles¿Quién tiene el as de oro?, / ¿quién la ruta precisa / donde darán las buenas noches / sin que la barra el humo? / Todo fluye hacia un fin y crea la nueva ausencia.
espadas insaciablesFlotan sobre Itaca / toda mi oscuridad / y mi fulgor: / espadas insaciables / que me vencen y cantan. / Tras sus gaviotas, / la madrugada exilia / mi corazón, / y alcanzarl
inventarme en el vacíoEn la balanza, / otros ojos definirán mi luz y mi tiniebla. / Mi propia nobleza fue la espada enemiga / y navegué muy solo, / sin poder elegir el arpa o el Infierno
isla mujeresAquí el mar violenta sus azules contra los arrecifes y se siente un dolor de lejanías. Los náufragos que vienen de mi tierra conocen esa soledad, una vuelta
la negra melodíaNo volveré / hasta mi calle azul, / mi antigua novia, / la negra melodía / que recompone el alma. / Nunca podré / rehacer una sonata / que en su incendio / rescate aquella
la paz entigrecidaMiro en el charco la tarde en que me entierran / y reverdece / la paz entigrecida en torno a mi cadáver, / donde no se despuebla ni una nube, / ni se escucha un sol
me abraza entre sus cuervos la lloviznaHay este jueves en mi sangre un retorno / al almendro en cuyas hojas / aún fondean sin mí las carabelas, / la Virgen sobre el agua, / reverdecidos campos como un mu
monólogo de gonzalo guerreroYa no advierto la espuma si al besar mi canoa / bifurca mis destinos en el agua, / ni el agua que ha tensado la leyenda, / desde esta incertidumbre hasta esos nar
nadie alcanzó jamás esta mañanaNadie alcanzó jamás esta mañana / sin desgarrarse en ocres despedidas, / cada fortuna esconde sus heridas / y el silente pavor de una campana. / Uno concibe a Dios
no existe más oasis que tu cuerpoMientras dura el relámpago, / ardemos lluviosos en su aroma / que ilumina tu cama / hasta volverla un bote, / donde está la pasión tras el diluvio. / Mientras dura el
no vine de la guerraNo vine de la guerra, / nadie lloró por mí al conjurar los actos / del aciago linaje con que se van los héroes. / No me hice a los océanos / ni volví con un farol a
palomas electrónicasEs mi pantalla un puerto, / adonde arriban con frutas los mensajes. / Ellos traen rumores de amigos / que nos dicen sus nudos por la estepa. / La estepa tras un sue
para una foto sepiaDesgarra un vals / las farolas del muelle / donde imagino: / mi madre en la pradera, / tras la línea del éxodo. / Bailando el vals, / sonríen a color / cinco italianas / pa
pecados y serpientesNinguna foto eterniza / los minutos más dulces y prohibidos / que prohibidas mujeres / tatuaron en mi cuerpo / y me abrigan contra las tempestades, / cuando el verdor
primer poema del viajeErrar en los códigos / que atravesaste soñando como ángel, / no justifica tu piedad por los años baldíos. / ¿Cuántas veces al pie de la frontera / se hizo tu piel e
qué brújula del diabloCuando se llega por fin a lo soñado, / abatido bajo el polvo de esos mundos, / tiende a abismarse nuestra sed / si no hay misterio. / Volvemos peregrinos de nosotro
segundo poema del viajeRecordarás el viaje en un tiempo difícil, / donde la tempestad / no fue del todo fiel a sus poderes. / A la hora del caos, / alguna coordenada / dictó los privilegios
si se acercara el finJunto al cementerio toca una banda municipal, / las efigies de sus músicos / labran una oración bajo la arena / y en sus notas se fugan los domingos. / Si lloviese,
tercer poema del viajeEn casa esperaron las noticias del viaje. / Mis cartas eran un falso testimonio / cuando dejé escaparse el aguacero, / sin retener sus gotas en los párpados. / Entr
viendo caer el tiempoA José Martí / 1 / Viendo caer el tiempo, / la alameda devuelve tus pasos como fin de la imagen, / ahora que la ceniza se dispersa en el río / y sólo tus palabras lo
yo vivía en el centro de un lagoYo vivía en el centro de un lago. / En un extremo lloraban los vencidos, / en la otra margen se iba fundando el alba. / Mentían los presagios. / La vida, de secreto