adolfo sánchez vázquez
al dolor del destierro condenadosAl dolor del destierro condenados / —la raíz en la tierra que perdimos— / con el dolor humano nos medimos, / que no hay mejor medida, desterrados. / Los metales por
al héroe caídoTu corazón caliente, derribado, / levanta un estandarte en la mañana / por la pendiente del dolor cruzado. / Contra el rumbo del aire, se devana / gran madeja de mu
elegía a una tarde de julio, iiY ahora sí; / ahora que el silencio / ya no puede perdurar sobre el grito; / ahora que la muerte se pone un uniforme, / ávida de recoger su ansiada cosecha, / olvidad
entrada a la esperanzaEl huracán se acerca a nuestra mano / perezosa la luz de mi alegría. / Yo estoy de pie, clavado sobre un llano, / para igualar su muerte con la mía. / Una sed infin
esta voz que nos convocaOigo esta voz que nos convoca / por hondos precipicios de gangrena / mientras nadan los peces homicidas / y la espuma se vuelve cómplice del crimen. / Sólo el vient
miseria de una poesíaPoesía enfermiza sin más huella / que la escoria que dejas en el alma; / sólo entre odios tu dolor se calma / y sólo con la vida es tu querella. / Al declarar la gu
nostalgiaComo río que pierde sus riberas / mi corazón invades. Yo te siento / en cuanto se repliega el pensamiento / hacia sus más recónditas laderas. / Quema tu paso, quema
sentenciaSi el árbol de la sangre se secara / y el corazón, ya seco y sin latido, / fuera polvo total, norte abolido / que nadie en este mundo recordara; / si el alma sin so
tierra de dolor¿En qué región del aire, por qué mares / — oh latitud humana del tormento — / tuvo el crimen tan claro yacimiento / y la muerte más vivos hontanares? / ¿En qué bosq
yo sé esperarSi para hallar la paz en esta guerra / he de enterrarlo todo en el olvido, / y arrancarme de cuajo mi sentido / y extirpar la raíz a que se aferra; / si para ver la