ada negri
águila realTe vi ayer, erizado iridiscente, inmóvil / detrás de los barrotes de una vasta jaula. / No estabas mirando a la gente pequeña que te miraba. / Firme sobre las gar
el desconocidoEl desconocido que pasa / y te encuentra todavía digna / de una fugitiva palabra de deseo, / acaso porque en la sombra de la noche tan dulce de mayo / todavía brill
no ha llegado la noche todavíaNo ha llegado la noche todavía / y ya es de noche en esta habitación / donde ayer cabía el mundo entero / y hoy sobramos los dos y solo cabe / la noche, que ya tard
no me preguntes por qué vine…No me preguntes por qué vine. / Déjame sentarme aquí, cerca de tu cama. / Estás cansado, ¿verdad?… Te duele el pecho. / ¡Oh!, no te escondas en las mantas, mudo… /
no te he perdido. te has quedado…No te he perdido. Te has quedado / en el fondo de mi ser. Eres tú, pero otra eres: / sin fronda ni flor, sin la risa brillante / que tenías en el tiempo que no vu
nupcialCuando llegaste una noche hasta su lecho, / y en la oscuridad le murmuraste despacio, / ya inclinado sobre ella: no te veo, te siento, / y la apresaste con garras
sobre los campos y sobre las calles…Sobre los campos y sobre las calles, / silenciosa y leve / contorneándose, la nieve / cae. / En mil formas inmóviles / sobre los techos y sobre los caminos / sobre post
y tú, que caminas y no me miras…Y tú, que caminas y no me miras, / con rapidez enfundas en el traje negro, / envolviendo tu cuello en la boa de marta, / que asciende como una serpiente flexible